La única opción era ‘un salto al vacío’: un médico cubano cuenta cómo huyó de la Seguridad del Estado en Namibia

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‘Dejas atrás absolutamente todo’, cuenta a DIARIO DE CUBA el psiquiatra Emilio Arteaga Pérez, quien actualmente pide asilo en España.

El psiquiatra cubano Emilio Arteaga Pérez. DDC TV

El médico cubano Emilio Arteaga Pérez estuvo en tres países como parte de los acuerdos de salud del Gobierno de la Isla con Bolivia, Angola y Namibia. Sin embargo, la vida de este psiquiatra cambió en 2020 cuando fue citado por el responsable de la misión en Namibia por sus publicaciones críticas en las redes sociales sobre la difícil situación en Cuba.

Arteaga reside ahora en España, donde está a la espera de la resolución de asilo, tras abandonar «la misión médica» en Namibia. En ese país africano estuvo cinco meses escondido en un garaje para evitar a los agentes de la Seguridad del Estado. «Es un proceso doloroso, es duro, dejas atrás absolutamente todo», confiesa a DIARIO DE CUBA.

El psiquiatra habla en esta entrevista sobre el abandono de «la misión médica», su participación en el documental Una vida mejor está en otra parte, de Rolando Colla, quien siguió su vida por más de ocho años, y sobre el Gremio Médico Cubano Libre.

Para el Gobierno de Cuba eres un «desertor». ¿Cómo te defines?

Soy un médico libre, un ser humano libre. Nosotros los médicos que nos hemos ido de misiones y hemos abandonado somos denominados así, «desertores», de forma despectiva. Es como si te estuviesen diciendo traidor, y la única forma que tenemos para responderles es que no somos desertores, somos libres.

Emilio, ¿cuéntanos cuándo decides abandonar la misión médica y cómo fue todo el proceso?

El detonante fue el día 26 de septiembre de 2020. Yo era psiquiatra de la misión cubana en un país africano, Namibia. Ese día me convocan a una reunión con el jefe máximo de la misión. Todo como una cosa ultrasecreta: que apagara el teléfono, que lo pusiera en la mesa, que no quedara evidencia de esa conversación…

Es ahí donde me entero que había llegado información de algunas publicaciones mías en las redes sociales. No eran nada del otro mundo, eran crítica social, alguna que otra sátira política, algún que otro meme compartido, estados míos de opinión sobre la situación social de Cuba. Pero ellos consideraban que eran muy ofensivos, que atacaban a la Revolución. Tenían capturas de pantalla de semanas, incluso de par de meses atrás. Alguien se dedicó a enviar esas publicaciones mías a la jefatura de la misión y es por eso que fui convocado.

Cuando dices «alguien», ¿dices la Seguridad del Estado?

Supongo que es la Seguridad del Estado o alguien de mi grupo que tenía en los contactos de Facebook (…) porque en aquel momento mis redes eran cerradas, solo para mis contactos. Ni siquiera tenía la opción de compartir mis publicaciones. Lo llamativo es que ocurre la misma semana que al doctor Alexander Pupo Casas, en Cuba. Y el proceso con él ya es de conocimiento público, el doctor está ahora sin ejercer, lo expulsaron de su residencia de Neurocirugía.

Aquel encuentro fue bien incómodo, se extendió durante unas dos o tres horas. Confirmé que era mi perfil, el mismo Emilio que veían en redes es el mismo que soy yo. Pero insistían mucho en que repitiera como una especie de coletilla «si mis criterios en redes le hacían el juego al enemigo» y que «si un médico revolucionario que estuviera de misión internacionalista podía escribir las cosas que escribía yo». Rápidamente me di cuenta de qué iba todo.

Yo decía todo el tiempo que suscribía todas esas publicaciones y que podía debatirlas con ellos. Había una muy tonta de un meme de (Ricardo) Alarcón diciendo que «si todos los cubanos usaran Whatsapp querrían hablar de política». Era como una especie de analogía con el incidente de Alarcón en 2007, cuando dijo que si todo el mundo viajaba, chocaban los aviones.

Lo grave para ellos fue que yo compartí ese meme de la página de Eliécer Ávila. Ellos decían que eso era muy grave. «Tú sabes de quién compartiste ese meme. ¿Tú no conoces que es uno de los enemigos fundamentales de la Revolución cubana y tú compartiendo eso?». Les dije que compartí el meme porque me pareció simpático.

Me querían pasar por una maquinilla por compartir un meme y otras cosas que no eran tan graves: «en qué país del mundo decomisan un racimo de plátano como si fuera cocaína y encima se llevan preso al que siembra el platanal», ese tipo de cosas.

Lo que enciende mi alarma es cuando pregunto «¿a qué es a lo que debo atenerme?» La respuesta fue: «doctor, ya eso está a otro nivel. Eso no depende de mí». Ahí entendí que mi caso venía directamente de La Habana, pero además, como estoy en contacto con el doctor Alexander Pupo, sabía que le estaba pasando eso en Cuba, y me dije «¿qué me va a esperar a mí aquí?». Lo que pasa es que no había vuelos, no había por la pandemia manera de mandarme urgente para Cuba. Solamente me dijeron «mantente trabajando en la casa»; que estuviera, como decimos los cubanos, «quieto en base».

En cuestión de 24 a 48 horas tomé la decisión, elaboré un plan de escape y me fui de la casa donde estaba asignado a vivir con otros doctores. Decidí irme de madrugada, con la ayuda de alguien que conocía allá. Literalmente escapé de la casa como si fuera un fugitivo. No tuve otra opción que tomar esa decisión, porque sabía que no me podía defender una vez que me cuestionaron si era o no «un médico revolucionario».

Por cierto, es un proceso doloroso, es duro, dejas atrás absolutamente todo: tu historia, tu profesión, tu vida personal, tus cosas en Cuba, tu pareja, tu familia, en fin. Y además tienes la incertidumbre al dar un salto al vacío en el cual no sabes qué te va a esperar de ahí para allá. Tenía una certeza, y era que lo único que me convenía, la única opción, era saltar esa portería por donde me fui de esa casa, porque no había nada bueno para mí reservado.

Y después estuviste cinco meses en Namibia…

Estaba en un territorio hostil, porque todas las brigadas médicas cubanas tienen una dotación de agentes de la Seguridad del Estado y personas del Ministerio del Interior (MININT) que no son médicos, sino que son policías que te están chequeando. Yo sabía que mientras yo siguiera en la capital de Namibia, Windhoek, estaba expuesto a ser perseguido, dañado, no sé, hay tantas formas de ellos vengarse de ti cuando te enfrentas o cuando los abandonas…

Aquello significó que estuviese en un sitio que no voy a revelar. Pasaron cinco meses. Yo estuve literalmente, como decimos los cubanos, «enterrado» en un sitio, una especie de garaje. Ahí se me habilitó algo, estuve protegido, sin salir a la calle, ni a la esquina, nada. Salía de noche un poco al patio, al jardín de allí que tenía una tapia que me protegía de la calle. Esa sensación de peligro realmente no se la deseo a nadie, y ahí empecé a pensar qué hacer.

Y finalmente llegaste a España.

Finalmente llegué a España por un itinerario que hice comprando, a través de una compañía aérea, un boleto con destino a La Habana. Fue muy gracioso, porque el día que tuve que presentarme al Consulado español en Namibia fui casi disfrazado. Me dieron un visado de tránsito de cinco días para territorio europeo, porque la escala era en Madrid.

En Namibia ni pensar en posibilidades de refugio, ni de protección, ni nada, porque son países afines y tienen un convenio intergubernamental con cláusulas del contrato que dicen que todo doctor cubano que se quede en Namibia no puede trabajar, ni residir. Tampoco en Johannesburgo, Sudáfrica, y en El Cairo (Egipto) ni pensarlo.

Llegué a Madrid con mi perspectiva de continuar mi itinerario y, ya estando aquí, confirmo con familiares míos en Cuba que a mi centro laboral fueron personas a reportar mi «deserción». Iban a averiguar cómo quitarme mi casa en Cuba. Pensé que lo único que me quedaba era pedir protección en este país. Afortunadamente hice mi solicitud, no te garantizan que te lo den o no, es un proceso que tiene que definir España.

Antes estuviste en otras brigadas médicas, pese a estar siempre abiertamente contra el sistema en Cuba. ¿Cómo viviste aquellos años en Bolivia y Angola?

Fue una experiencia bonita en lo personal, me nutrió mucho. Pero la gran paradoja es las condiciones en las que se hace ese tipo de cosa, sometido a un nivel de control absoluto por esos elementos de inteligencia que imponen muchas restricciones: no puedes salir de la ciudad donde estás; hay que decir a dónde vas; con quién andas; no puedes salir a determinada hora de la casa. Me considero bien extrovertido y hay que estar cuidándose porque si dijiste, que si no dijiste, si dijiste con tal intención. Es incómodo vivir de esa manera. Además, con el temor de las consecuencias.

No estás totalmente libre, con toda la libertad que puede tener un ser humano. Estás ahí por trabajo, pero sometido a presiones de todo tipo, y eso es desgastante.

En el documental Una vida mejor está en otra parte, de Rolando Colla, cuentas que en Cuba te sentías preso, que era como una cárcel.

Es que siempre ha sido una cárcel en el orden geográfico. Recuerda, como decía Virgilio Piñera, «la maldita circunstancia del agua por todas partes». Es una cárcel porque la estructura de poder que tenemos nos ha mantenido durante muchísimo tiempo con una sensación de encierro que aún con tantos años continúa.

En aquel momento en el que participé en el documental yo era mucho más nuevo. Tenía 33 años. Creo que nadie se ha dejado de sentir preso y ahora mismo, como está la situación dentro del país, con todas las torpezas que está cometiendo esa dirección y que van en detrimento de la felicidad del cubano de a pie, está esa percepción de ausencia total de libertades individuales y de encierro.

¿Cómo fue esa experiencia de contar tu vida durante ocho años?

Empezamos en 2003. Fue un periodo largo donde tres personas, una enfermera de Suiza, un señor de Bosnia y por la parte cubana yo, contaban su vida. Cada año hacíamos alguna que otra entrevista, alguna toma, un poco perfilando la vida de los tres personajes, que éramos personas reales. Fue una experiencia enriquecedora que me permitió verme en un espejo.

Cuando vas a llevar a un material audiovisual la vida de un cubano común siempre van a salir a flote una serie de elementos. ¿Qué cubano no va a comer un plato de arroz y frijoles a las 8:00PM? Eso no fue intencional, es verdad que estaba pasando así. Fue la época de cuando ese muchacho, Hassan Pérez, que era una cosa como una metralleta, hablando así delirante absoluto. ¿Cuántos no han tenido esa escena en su vida? Sentarse a la hora de comer algo con su televisión puesta casi de manera rutinaria, automática y viendo aquello. Es surrealista.

Ese filme, por supuesto, en Cuba nunca pasó la censura con toda la partida de pretextos e inventos que ellos encuentran a la hora de censurar algún material audiovisual, que a veces ni se sostienen.

Ahora estás en el Gremio Médico Cubano Libre. ¿Qué busca este proyecto?

Hay una cosa en común en el Gremio Médico Cubano Libre y es nuestro amor por la Medicina, por la profesión, por una Cuba nueva, limpia, con ética, por una Cuba donde se haga una Medicina que se respete, que se cuide, que se defienda, y por las libertades individuales de ese profesional de la salud que están coartadas de muchas maneras.

Por internet nos fuimos uniendo para debatir, hasta que arreció toda esta oleada represiva de los últimos meses, que ha sido cada vez más intensa. Nos cuestionamos, por ejemplo, ¿qué se está haciendo desde el ejercicio de la Medicina para atacar a los disidentes? Se abrió una página oficial, donde dimos la cara, a diferencia de otros grupos que usan perfiles falsos, como se les dice, las ciberclarias, que son rostros ausentes. Nosotros damos la cara.

Básicamente, es el rescate de la ética, el respeto a la libertad, el ejercicio de una Medicina bien hecha, la docencia, la actualización, el intercambio científico, médico y por supuesto el amor por la libertad de Cuba.

¿Crees que algún día puedas regresar a Cuba y ejercer allá tu profesión?

La esperanza que tenemos todos los cubanos que queremos una Cuba de progreso y de libertad es esa. Cuba es de todos los cubanos que están allí, y de todos los que no estamos. Es nuestra, no de un grupito que sea afín, supeditado y que se adscriba a la categoría de cubano. Mi sueño sería volver a una Cuba distinta, una Cuba donde no peligren nuestras libertades individuales. A veces he soñado que estoy allí viendo a mis pacientes.

Independientemente de que ese Estado feudal, abusador y arcaico tiene esas características que nos tienen al borde literalmente de la locura, el amor por Cuba no se nos quita. Nosotros no estamos en contra de Cuba, ni odiamos a Cuba. Nosotros queremos que se acabe el Estado feudal, abusador y arcaico. O sea, recuperar a Cuba. A Cuba se la robaron, se la robaron ellos.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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