La odisea de conseguir medicinas en Villa Clara “al precio que sea”

Ana Julia Jiménez, vecina del reparto Libertad, vendió su televisor marca Panda hace apenas quince días con vistas a emprender una búsqueda en redes por pastillas de Azitromicina. Desconocía los precios reales de los medicamentos en el mercado negro, pero le habían asegurado que cada blíster de producción nacional podía llegar a costar 3.000 pesos cubanos (CUP).

Finalmente, encontró una oferta en un grupo de Telegram para canjear pastillas por un combo de comida, consistente de un cartón de huevos, un pomo de aceite y un paquete de muslos de pollo.

Villa Clara constituye uno de los territorios cubanos más afectados por la escasez de medicamentos de los últimos meses, y ya han sido muchas las familias que han decidido deshacerse de objetos de valor para pagar medicinas o balones de oxígeno “por la izquierda”, este último producto llegando a costar hasta 20.000 CUP hace un mes.

Prendas de oro y equipos electrodomésticos han sido vendidos o cambiados en aras de comprar Rocefín, Meropenem o la propia Azitromicina.

“Cada vez que alguien avisa que sacaron un medicamento en falta en alguna farmacia, cuando vas, ya hay un pueblo de gente afuera esperando con cuatro o cinco recetas en la mano”, comentó la santaclareña Marlen Martínez, quien esperaba en la fila de la farmacia.

En la actualidad, hay un déficit de 25 medicamentos de un total de 85 de los controlados, según medios locales. Se encuentran en falta los tan cotizados antibióticos, así como los medicamentos necesarios para paliar de diversas infecciones como los antipiréticos, los analgésicos, antiinflamatorios y psicofármacos.

“Siempre pasa así, los activistas con demasiadas recetas y tarjetones, además, siempre los priorizan, ya cuando pasan tres se agotaron todos los medicamentos. Ese mecanismo que, en su momento resultó, ya no le veo lógica porque en la cola sigues viendo a ancianos desde la madrugada”, comentó en Facebook la internauta Yadira Fuentes respecto a que las medicinas que circulan en el mercado informal salen de las propias farmacias, pues el Gobierno pretendió evitar las aglomeraciones, el acaparamiento y las ventas ilícitas de pastillas encargando a personas de realizar la compra cuando entran a la venta y llevarlas hasta las viviendas.

La situación es tal que las sanciones otorgadas a 2 ciudadanas matanceras por los delitos de falsificación de documentos privados y desvío y reventa ilegal de medicamentos, respectivamente, fueron cruelmente divulgadas por la prensa oficialista a finales del mes agosto. La primera recibió un año de privación de libertad de sanción, y la segunda recibió 6 años de cárcel.

Una trabajadora del Hospital Provincial de Villa Clara quedó sancionada con 10 meses de prisión por el delito de hurto, según dicta el artículo 322 del Código Penal.

Sin embargo, ciudadanos cubanos en redes sociales defienden el derecho a vender medicamentos importados, los que han llegado a la isla gracias a la flexibilización realizada por el Gobierno cubano como concesión tras las históricas protestas populares del 11J. Aún cuando estos artículos entraron al país con la condición de no tener “fines comerciales”, muchas personas deciden venderlos cuando ya no los necesitan.

La venta ilícita de medicamentos ha continuado pese a las múltiples advertencias de los medios estatales, y los compradores siempre acompañan su anuncio con la frase “Al precio que sea” debido a la urgencia con la que necesitan cada producto.

TOMADO DE CUBACUTE

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