La increíble historia de cómo una cubana solicitante de asilo llegó con su familia a Arizona

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Pasó un año en un peligroso viaje desde Cuba hasta la frontera sur de Arizona

Estado de Arizona (Foto: Periódico Cubano)

En un país extranjero lejos de la familia, los migrantes buscan refugio en lo único familiar, una iglesia. En este caso, Monte Vista Baptist Church. Por ahora, este es el hogar de solicitantes de asilo como esta madre de tres hijos que no quiso ser identificada.

Su familia pasó un año en un peligroso viaje desde Cuba hasta la frontera sur de Arizona. Un viaje tan peligroso que, de hecho, casi pierde a un niño al intentar cruzar un río en Honduras.

“Estaba en un caballo frente a mí cruzando el río cuando mi hijo se cayó del caballo y comenzó a ahogarse. Ese fue el momento más peligroso de la historia”, dijo la solicitante de asilo cubano, a través de un traductor.

El chico sobrevivió. Y después de meses de lucha, la familia finalmente logró cruzar la frontera de Arizona y se entregó a las autoridades federales.

“Quiero que mis hijos crezcan con una mejor educación. Quiero que sean alguien productivo en la vida. Eso nunca lo lograrían en mi país”, lamentó la migrante.

Stanford Prescott, portavoz del Comité Internacional de Rescate, señaló que han atendido a 3.700 solicitantes de asilo en su centro de refugiados de Phoenix hasta ahora en 2021. Y alrededor de 2.500 de ellos vinieron solo en marzo.

“Actualmente, muchas de las personas que estamos viendo son de América Latina”, especificó Prescott.

El portavoz continuo explicando: “todos los que llegan se someten a una prueba de COVID-19, y la mayoría están allí temporalmente hasta que obtienen un boleto para otra parte del país. “Y luego se reúnen con su familia”.

Pero no es tan fácil para algunos solicitantes de asilo. La solicitante de asilo cubana con la que hablamos está obsesionada por las condiciones deplorables que describió dentro de los centros de detención federales. Un sitio donde todavía se encuentra su hermano retenido, 16 días después.

Tampoco tenían un lugar donde quedarse hasta que conocieron a un buen samaritano llamado John (Juan en español), quien les da un techo sobre sus cabezas.

“No voy a enfrentarme al mundo, pero si cambio la vida de una persona o una familia, el mundo cambia”, argumentó John.

Si bien su futuro está lleno de incertidumbre, la esperanza es que los sacrificios hasta ahora valgan la pena. “Como decimos en Cuba, este es el sueño americano”, dijo la refugiada cubana.

TOMADO DE PERIODICOCUBANO

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