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El sacerdote cubano Fernando Gálvez se pregunta ‘¿cómo es posible vivir de manera anodina frente al entramado político?’

Imagen de la labor social de la Iglesia Católica en Cuba. FERNANDO GÁLVEZ/FACEBOOK

El sacerdote cubano Fernando Gálvez defendió el derecho de la Iglesia Católica de Cuba a meterse en política y denunciar «situaciones incompatibles» con el reino de Dios.

«Los cubanos que vivimos en la Isla, y los de la Diáspora, somos conscientes de la grave crisis por la que estamos pasando como nación. En los últimos meses, una serie de acontecimientos políticos, económicos y sociales nos han estremecido a muchos. Como ciudadano cubano, como creyente y como sacerdote, en pleno uso de mi conciencia he sentido, al igual que algunos de mis hermanos en el sacerdocio, el deber ineludible de iluminar a nuestro pueblo hablando claramente de nuestra realidad», escribió Gálvez en una extensa publicación en Facebook.

Según el párroco, residente en Camagüey, «el objetivo ha sido la búsqueda de una necesaria salida, aplicando la Palabra de Dios y la Doctrina Social de la Iglesia».

En palabras de Gálvez, «aunque era algo esperado», desde hace varios días le están llegando comentarios «cada vez más insidiosos», sobre su persona, y sobre la Iglesia en general.

«La desesperación por desacreditarme ante el pueblo los ha llevado a torpezas tan evidentes que, lo que debió ser un secreto, ya es un clamor que intimida a los más débiles y estimula a los más libres y despiertos», dijo. 

«¿Y por qué el cura se tiene que meter en política? Ese no es su papel. Como si el sacerdote solo tuviera que hablar de rezos, y exponer a Dios y la vida de la gracia de una manera morfinómana en términos insulsos o dulzones. Se descubre una extendida ignorancia sobre la fe, la Iglesia, el sacerdote y su misión de cara a la vida concreta de la gente», señaló.

El párroco en San José de Lugareño se ha unido a otros sacerdotes, como Kenny Fernández DelgadoAlberto Reyes Pías y el diácono salesiano Maykel Gómez Hernández, que recientemente han pedido más derechos y libertad en Cuba. Se ha sumado además al mensaje de la carta abierta «He visto la aflicción de mi pueblo», redactada por un grupo de religiosos, entre ellos el padre Rolando Montes de Oca.

«Mi profundo respeto a la verdad me llevó a la política, y puedo decir sin duda alguna, pero con toda humildad, que la persona que dice que la religión no tiene nada que ver con la política, no sabe lo que significa la religión», añadió Gálvez.

«La fe cristiana no es un pensamiento que nace y termina en el mundo de las ideas. No es una abstracción. La fe es el fruto del encuentro con Dios, un encuentro que se da en el camino y que dura toda la vida. De esta relación íntima brota un compromiso con el Reino de Dios. La fe, cuando llega a su madurez, ilumina a los creyentes que asumen en sus vidas la responsabilidad de cooperar con el bien de todos que es, en definitiva, el deseo del Padre», sostuvo.

«¿Cómo es posible vivir de manera anodina frente al entramado político? El cristiano se ha de identificar por su implicación en la búsqueda del bien y la verdad; por su participación en la vida política, económica, social, moral; y por su reacción ante las situaciones humanas cuando se hacen incompatibles con el Reino de vida que Cristo proclamó», consideró el religioso.

Para Gálvez, «ante todas estas situaciones, la voz de la Iglesia, en el Magisterio y en cada católico, se ha de alzar fuerte y clara«.

«Es conveniente aclarar que estos contenidos, si bien forman parte de nuestra fe, son principios inscritos en la naturaleza humana. De ahí que nuestra búsqueda de un mayor consenso no debe ofender ni excluir a nadie por su pertenencia a algún partido político en concreto, o confesión religiosa alguna. Nuestro cometido de arrojar luz en lo político y social, sin atisbos de proselitismos, busca construir un futuro de bases seguras para toda la humanidad», dijo.

«Todos nuestros actos tienen consecuencias como las que ya estamos viendo. No hay que creer que se está actuando mal por ello. Consecuencias mucho más graves tuvieron las palabras y acciones del Señor propinadas por la clase dirigente de Israel», afirmó.

«La clase política, y los que comparten intereses afines a sus posturas, primero intentarán ocultar o desnaturalizar esta dimensión de la fe. Después, convertirán en su blanco a todo aquel que pretenda dar el rostro y arrojar verdad en la opinión pública», advirtió.

«Sin embargo, será siempre un deber de la Iglesia, de los obispos, de los sacerdotes, de los catequistas y misioneros, iluminar la mente de los hombres con los valores del Reino. ¿Cómo podríamos decir que defendemos los intereses de Dios si dejamos en manos de inescrupulosos la vida de las personas? ¿Hacia qué futuro de tinieblas caminamos? Con una actitud pasiva, insulsa o discreta en demasía solo nos estamos construyendo una sociedad inhóspita, alejada del sueño de Dios», señaló.

«¿Queremos una Cuba así, alejada del bien de sus hijos? Estoy seguro de que no. Y es precisamente allí donde jugamos un papel determinante», dijo más adelante.

«La visión cristiana de la persona y el mundo es el objeto de organizaciones de derechos humanos y un impulso para vivir los altos niveles de democracia que hoy podemos ver en algunas regiones del mundo», agregó. 

Para el sacerdote, «sería muy necio que un Estado democrático en apuros y abocado a desafíos políticos, económicos, éticos, humanitarios y culturales, se niegue a la voluntad de unión de todas sus fuerzas vivas, independientemente de religiones y posturas políticas».

«Si esto no se da en Cuba ahora mismo, entonces es cuestionable la democracia que se pregona. Hay que recordar que el compromiso en la vida política solo se busca o se acepta por vocación», opinó.

«El peso de la responsabilidad, y sus conciencias, debe llevar a los políticos y a todos, a buscar salidas reales, con humildad, con paciencia, entrega e inteligencia. En este camino es necesario involucrar a todos sus ciudadanos, auténticos depositarios del poder, en la búsqueda de un proyecto de nación que ofrezca bienestar, paz y prosperidad a las presentes y futuras generaciones», consideró.

«La Iglesia entonces, en la persona de cada uno de nosotros, tiene mucho que ofrecer, mucho que decir, mucho que anunciar y denunciar, mucho que construir en favor de todos los hombres», concluyó.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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