La Habana podría involucrarse peligrosamente en la estrategia de Irán contra EEUU

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El acuerdo para ensayos clínicos de una vacuna en Cuba se suma a la batalla del régimen iraní contra las sanciones estadounidenses.

Cancilleres de Cuba e Irán. AFP

El pasado 1 de enero una pequeña nota pasó de largo en el panorama mediático cubano: Cuba y el Instituto Pasteur de Irán llegaron a un acuerdo para la producción de una vacuna iraní contra el Covid-19. Mientras en la nación árabe la noticia fue dada por el portavoz de la Organización para Alimentos y Medicinas de ese país, y luego celebrada con entusiasmo por varios medios oficiales, incluyendo la televisión estatal, casi todos los medios oficiales de Cuba prefirieron mirar hacia otro lado. Solo una emisora de radio local, Radio Bayamo, informó sobre el tema.

El régimen cubano ha mantenido un disimulado silencio sobre la realización en La Habana de ensayos clínicos de la vacuna iraní en personas. La segunda fase de experimentación en humanos, según la pequeña nota de Radio Bayamo, también se realizará en la Isla. Solo si los resultados son positivos pasarán a realizarse en Teherán.

En Irán, el desarrollo de la medicina y la biotecnología es parte de la política del Gobierno, que no escatima en recursos para financiar proyectos de estas materias a través de la fundación de la Ejecución de la Orden del imán Jomeini, gran conglomerado estatal supervisado por el propio presidente. La nación árabe ha invertido tanto en los dos últimos años en estas cuestiones, que actualmente es líder en Oriente Medio en investigaciones biotecnológicas, así como una de las cinco potencias científicas de toda Asia.
 
Es evidente que, además de tomar a Cuba como conejillo de indias, Irán aprovecha estos vínculo con la Isla para presionar a EEUU con su presencia en la región y afianzarse como prospecto de líder de lo que George W. Bush llamó en su momento “el eje del mal”.

El régimen cubano, que ve en una apertura política con Joe Biden una escapatoria a su crisis económica, no parece tan cómodo con la presencia iraní como para divulgarla demasiado. Pero otra vez Cuba podría asumir el rol de satélite que orbita alrededor de las conveniencias de una potencia mundial declarada enemiga de EEUU.

Estrategia: presionar por todos lados

Si un país ha acaparado buena cantidad de titulares en la prensa internacional en lo que va de 2021 ha sido la República islámica de Irán. La nación árabe, que figura en las listas de países sancionados por EEUU por “patrocinar el terrorismo”, salió como perdedora en los tensos momentos políticos que vivió en 2020. En 2021, sin embargo, Irán parece dispuesto al contraataque.

Varios medios internacionales coinciden en que la escalada de provocaciones por parte del Gobierno iraní responde a la llegada de Biden a la Casa Blanca. El futuro presidente demócrata, hasta la fecha, se ha mostrado abierto a posturas multirateralistas que permitan recuperar las zonas de influencias en política exterior que afectó la desacertada Administración Trump. En ese contexto, se prevé que Irán presione en busca de negociar una salida a las fuertes sanciones económicas que EEUU y la Unión Europea (UE) le imponen desde hace años.

La primera de estas presiones políticas llegó el pasado 4 de enero, con la noticia de que Irán burló el acuerdo nuclear de 2015 al iniciar el enriquecimiento al 20% de su uranio. Para más pruebas de que el acto representa un desafío directo a Occidente, la noticia no fue destapada por ningún medio ni centro de inteligencia, sino dada por el propio régimen mediante sus portavoces.

La medida no fue aleatoria, sino consultada y aprobada por el Parlamento iraní con el explícito objetivo de presionar a la UE a aliviar las sanciones económicas y a Joe Biden, quien ha declarado su intención de volver a entrar en el acuerdo nuclear, luego de que Trump lo abandonara en 2018 con el objetivo de tener más libertades para ahogar al régimen de Teherán.

Hasán Rohaní, líder religioso y presidente de Irán, a pesar de admitir el enriquecimiento de uranio, sigue sosteniendo que los trabajos con elementos radioactivos en su país no persiguen la fabricación de armas nucleares. Los servicios de inteligencia de Occidente, al parecer, no lo tienen tan claro.

El mismo 4 de enero, otro suceso puso a Irán en la portada de varios medios europeos, estadounidenses y asiáticos, cuando secuestró un buque petrolero surcoreano con lanchas rápidas de los Guardianes de la Revolución, grupo armado de elite iraní. La noticia puso en alerta al Ministerio de Defensa de Seúl, que al pedir una explicación solo escuchó de parte de Teherán que los motivos de la detención del barco estaban relacionados con “leyes de protección al medio ambiente marino”.

Aunque la detención de buques extranjeros en el Golfo Arábigo-Pérsico es una práctica común de Irán, al punto de involucrar en una ocasión a la armada naval británica, el encontronazo diplomático con Corea del Sur tiene razones que van más allá de una supuesta protección al medio ambiente.

Corea del Sur, al estar estrechamente vinculada a las potencias occidentales, mantiene congelados desde hace años un conjunto de activos financieros iraníes en su territorio como parte de las sanciones impuestas al país árabe. La cifra de dichos activos, especulan varios expertos, asciende a 7.000 millones de dólares. De tal forma, el secuestro del petrolero surcoreano puede traducirse en un llamado de atención de parte del régimen de Teherán sobre su voluntad a deshacer este año al menos buena parte de las restricciones financieras y comerciales que sufre.

Por otra parte, Irán ha logrado crear una especie de alarma constante en EEUU. Los servicios de inteligencia estadounidenses ya tenían bastante con la posibilidad de que los iraníes fabriquen armas nucleares, y ahora deben estar alertas ante la prometida venganza por el asesinato del líder militar Qasem Soleimani en enero de 2020 por drones enviados por Trump. La venganza anunciada por Teherán pende de EEUU como una espada de Damocles y no han sido pocos los momentos en que las alarmas han saltado por presuntas represalias.
 
Una de esas situaciones se dio a inicios de este año, cuando en un vuelo de pasajeros y otras instituciones aeronáuticas se escuchó una transmisión de radio ocultada que prometía un atentado terrorista en EEUU en respuesta a la muerte de Soleimani. No pudo demostrarse que la amenaza viniera directamente de Irán, no obstante, la secretaría de Seguridad Nacional estadounidense se mantiene al tanto.

Irán, Venezuela y Cuba

Irán no es el único país sancionado por EEUU ni el único con una mala reputación entre las democracias occidentales. Sin embargo, es una de las naciones que, pese a estas características, puede ser considerada como potencia en varios aspectos, de los que sobresalen las ciencias.

Aislada en una región políticamente convulsa y hegemonizada por Israel, el régimen de Teherán ha buscado crear sus propias zonas de influencia allí donde residen otros “Estados parias”, como llamó una vez el secretario de Estado adjunto interino de EEUU, Michael Kozak, a países como Cuba y Venezuela.

A lo largo del 2020, por ejemplo, Irán hizo de Venezuela un “socio comercial” poco rentable económicamente, aunque mucho en cuestiones geopolíticas. El régimen de Maduro, que llevó a la industria petrolera venezolana a un colapso sin precedentes, se vio salvado de pronto por la nación árabe, que le envió toda una flota de buques cargados de crudo. La flota, por demás, quedó a disposición de Maduro para que la usara como medio de exportación. Lo curioso de esta ayuda es que sucedió en un momento en el que ni Rusia ni China se atreven a burlar las sanciones navales de EEUU contra Venezuela.

Hasta la fecha, la influencia de Irán sobre Venezuela no ha hecho más que aumentar, convirtiéndose en socio privilegiado del país sudamericano en materia de energía, salud y hasta alimentos. Mientras buena parte de los mercados venezolanos cerraron en 2020 debido a la crisis económica, Irán se hizo de los terrenos expropiados a una empresa franco-colombiana en Venezuela y abrió el que promete ser el primero de muchos supermercados iraníes en Caracas.

Las estrechas relaciones con Venezuela no son más que una provocación a EEUU, otro acto de presión por parte de Teherán, que al régimen de Maduro ha servido de salvavidas en medio de un naufragio. Sin embargo, quizás la movida de influencias de Irán en la región de América Latina más atrevida sea la realizada ahora con Cuba.

Es de esperar que la nación árabe continúe con esta política a lo largo de 2021 y que se convierta en la potencia alrededor de la cual giren el resto de los satélites parias del mundo. De continuar con esta alianza, el régimen cubano se adentra en una zona de gran peligro: Irán es una astuta potencia que ejerce sus chantajes nada más y nada menos que con armas nucleares.

Tomado De DIARIODECUBA

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