La falta de pan agudiza todavía más el hambre en Santiago de Cuba.

‘No hay provincia más triunfalista que Santiago de Cuba. Ya quitaron el pan. Lo próximo será el azúcar.’

Una panadería en Santiago de Cuba. SIERRA MAESTRA

A Maylin Atiénzar, responsable de dos menores y una jubilada hipertensa, se le terminaron las opciones para balancear las urgencias nutricionales de su hogar cuando las autoridades de Santiago de Cuba anunciaron «severas afectaciones a la venta del pan liberado».

«Con la bolita de 80 gramos aseguraba el desayuno. Con los mandados y el módulo tiraba por los mediodías. Las comidas las resolvía con sopa y lo que aparecía. Ahora bien, al desaparecer el pan liberado me quitaron el calzo para alejar el hambre de mi familia«, dijo esta madre soltera entre la frustración y el desespero que genera la medida.

Como ella, Luz Eneida también se niega a comprar los panes que producen a partir de boniato, yuca, calabaza, harina de maíz y otros extensores, porque «es ácido, huele a cucaracha y los vendedores lo pregonan a diez pesos», un costo inaccesible para sus ingresos.

Yuliet es otra de las que «está atada y contra las cuerdas» para poner sobre la mesa las seis comidas al día que necesita su madre, una diabética de 80 años, que además de enfrentarse al déficit de medicinas, «solo recibió tenca como parte de la dieta que pudo garantizarle en Estado en el mes de mayo».

El pan era el salvavidas de los santiagueros para balancear sus despensas en medio del desabastecimiento y los precios abusivos.

A raíz de la reduccion de la producción de pan en un 30%, el estrés se cebó en los hogares del territorio. A los centros gastronómicos solo le entregan el 50% de lo planificado y el sector empresarial se excluyó de la distribución, con la excepción «del que reciben el Gobierno y el Partido para sus comedores», explicó Rodolfo, obrero de la panadería que los abastece.

Angelina estalló cuando le dieron pan de harina de maíz en el centro de aislamiento donde esperaba el resultado del PCR para saber si era positiva al Covid-19. «Esto no es una formulación, sino un amasijo con peste», dijo a los médicos, apenados por la cantidad de quejas de los enfermos.

«Un poquito más y venden casabe, pero del malo. Las galletas de boniato parecen piedras y las bolas de calabaza no hay quien se las trague», apostilló Aldo, vecino de Quintero. Al tiempo que Rodulfo Vaillant, presidente de la Unión de Artistas y Escritores (UNEAC) de la provincia, preguntó en el sitio web de la cadena del pan: «¿Por qué el pan es horrible?«

Para Hilda, quien solo cuenta con su pensión y no tiene salud para hacer colas kilométricas, «el pan es lo único que la salva y se ve obligada a pagar hasta 15 pesos por uno de 200 gramos, que divide en cuatro y consume, a veces hasta con moho, en igual cantidad de días».

«No hay provincia más triunfalista que Santiago de Cuba. Ya quitaron el pan. Lo próximo será el azúcar», ironizó Laura.

Yulieski, un vendedor ambulante, declaró que para garantizar el pan y las galletas «paga en las panaderías de la Plaza de Marte y la próxima al Hotel Santiago, entre 300 y 500 pesos, lo que obviamente encarece la oferta».

«¿Cómo vamos a sobrevivir y mantener a nuestras familias los que vivimos de un salario?», cuestionó Alicia. Al tiempo que Pellicier respondió: «Peor estamos los cuentapropistas, que enfrentarnos la miseria sin dinero y desempleados».

Aimara, una de las jóvenes que va y regresa con hambre de su trabajo, aseguró que el tema del pan «es un termómetro de la incapacidad del Estado para resolver el desasosiego de las familias de menos ingresos, que están abatidas».

Justificaciones e incongruencias del Estado

En un recorrido por el municipio más poblado del país, DIARIO DE CUBA corroboró que alrededor del 80% de las pizzerías y los emprendedores que se dedican a la confección de dulces finos y cakes han quebrado, aunque muchos propietarios no han entregado la patente esperanzados en un «milagro».  

A la lista de los interruptos del sistema empresarial se suman los del sector privado. Muchas de las cafeterías que ofertaban desayunos ahora venden cigarros de contrabando.

Los pocos negocios que se mantienen abiertos enfrentan dificultades para adquirir los insumos, el asedio de los inspectores y la indolencia de las aseguradoras, que los excluyen de sus beneficios o les imponen cuotas que apenas les dejan utilidades.
 
Además de admitir que «el escenario económico» por el que atraviesa la Isla limita la cuota diaria de harina de trigo asignada a Santiago de Cuba, la intendencia culpó al «bloqueo» de obstaculizar la alimentación del pueblo.

Sin embargo, los consumidores responsabilizan a las autoridades de no prever, ni priorizar la compra de trigo. Según la mayoría consultada, el Gobierno asume que el pueblo resiste la ineptitud de su gestión administrativa.

Recientemente la prensa local reconoció que no es la primera vez que en la provincia los panaderos tienen que «reinventarse». La emisora oficial CMKW Radio Mambí recordó que la utilización de plátano, boniato, calabaza y maíz es la opción para suplir una parte de la harina de trigo hasta el mes de julio.

Mario Labrada, director provincial de la Cadena del Pan, ponderó los experimentos y calificó sus resultados de satisfactorios, aunque a través de las redes sociales el pueblo rechaza la generalización obligada del producto.

María de los Angeles del Rey, directora de la Oficina Nacional de Inspección Estatal, reconoció que «el pan no tiene el mismo sabor y textura». En algunas provincias (no precisó cuáles eran) «ha mostrado ser un poco ácido».

A pesar de las críticas, los funcionarios ratifican que la nueva fórmula «proporciona a los alimentos un valor agregado nutricional y contribuye a la soberanía alimentaria».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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