‘La Coubre’: ¿un accidente convertido en atentado por Fidel Castro?

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El ‘Che’ Guevara fue interrogador, los tripulantes sobrevivientes fueron presionados en los interrogatorios y un primer juez fue apartado del caso. El autor ha investigado en los archivos de la Marina Mercante francesa.

Una imagen de la propaganda oficial sobre la explosión del vapor ‘La Coubre’. ESCAMBRAY

El 4 de marzo de 1960 explotó en el puerto de La Habana el buque francés «La Coubre». Dos explosiones, una en el barco y otra en los muelles, causaron la muerte de cerca de 75 trabajadores portuarios, mientras entre 150 y 200 personas resultaron heridas. Las explosiones fueron catalogadas como un sabotaje estadounidense y en el entierro de las víctimas Fidel Castro acuñó la consigna: «Patria o Muerte».

Las investigaciones que he podido llevar a cabo recientemente en los archivos de la French Lines del puerto de Le Havre que constituyen, de hecho, la memoria de la marina mercante francesa, permiten pensar que la hipótesis de un accidente es muy probable.

No fue esto lo que proclamó Fidel Castro al día siguiente de la tragedia, corroborado por el segundo juez cubano encargado de la encuesta (un primer juez, no lo suficientemente dócil para las autoridades, había sido apartado de ella), quien declaraba, en julio de 1960, que la explosión de «La Coubre» había sido provocada por un complot. Esa afirmación le atribuía naturalmente la responsabilidad a la CIA y al Gobierno de Dwight Eisenhower.

La Administración norteamericana rechazó enseguida con vigor esa acusación, convocando a un responsable diplomático cubano al Departamento de Estado, dirigido en aquella época por Christian Herter, considerando que la conclusión de Castro era «infundada» e «irresponsable». Esa tesis de Fidel Castro, sin embargo, ha sido desarrollada hace poco por el periodista colombiano Hernando Calvo Ospina, uno de los más fervientes defensores en Francia del régimen castrista, en un artículo publicado en noviembre de 2020 por la revista Le Monde Diplomatique, que llevaba curiosamente como antetítulo «Fidel Castro, detective».

No tan curiosamente como se podría suponer, en realidad. Fue en efecto Fidel Castro, quien llegó rápidamente al lugar de los hechos junto con Raúl Castro y Ernesto «Che» Guevara, quién se encargó personalmente de interrogar a algunos de los sobrevivientes de los marineros del barco y los estibadores.

La primera explosión se produjo a las 15:10, según el horario de a bordo. La segunda, media hora más tarde. El barco había atracado a las 9:30, después de una travesía que incluía Le Havre, Amberes, Hamburgo, y que debía llevarlo luego a las costas de México, de Florida y de Haití. El cargamento de «La Coubre», del que era el segundo transporte de armas a Cuba después de un cargamento anterior transportado el año anterior, incluía 31 toneladas de armamento, repartidas en 967 cajas de pequeñas municiones y 525 cajas de granadas, así como diferentes vehículos y… quesos. Todas esas mercancías estaban distribuidas en distintas bodegas, cuyos contenidos no debían ser sometidos a las mismas condiciones de conservación. Una temperatura demasiado alta, provocada por una apertura imprudente de las puertas, podía ser peligrosa para la seguridad del cargamento de armas.

Los defensores de la teoría del atentado sugieren que un dispositivo de accionar a distancia podía haber sido colocado en las cajas de granadas en… Amberes, para explotar en La Habana, después de una travesía de dos semanas, con además dos días de retraso por el mal tiempo sufrido en el Atlántico. ¡Cuánta precisión para un mecanismo teleguiado desde Europa! En ese caso, la explosión habría podido producirse igualmente en Miami, en Veracruz o en Port-au-Prince. Otra posibilidad avanzada es el lanzamiento desde los aires de una granada encima del barco; pero ningún avión enemigo había sido detectado por los radares revolucionarios cubanos

A su llegada a París, el comandante Thoreux, delegado por la compañía marítima para llevar a cabo la investigación, al subrayar «el clima muy especial de La Habana» (no se refería al clima del trópico sino al de la revolución), declaraba: «Las autoridades cubanas quieren demostrar absolutamente que hubo un sabotaje provocado por el Gobierno norteamericano».  Por ello, el comandante de «La Coubre», que logró sobrevivir a la explosión, estaba vigilado en el hospital por «dos guardias armados de metralletas». Los demás miembros de la tripulación, que no hablaban español, eran interrogados sin parar e inducidos a expresarse en ese sentido, a lo que se negaron.

El comandante Thoreux proseguía: «Todas las encuestas están orientadas para aportar la prueba de un sabotaje norteamericano; todos los periódicos se desatan contra el Gobierno norteamericano; en las calles hay colectas de dinero para la compra de armas por el Gobierno cubano».

A la vez, apuntaba hacia una de las posibles causas, dejando abierta la eventualidad de «otras múltiples hipótesis»: «que un soldado cubano en armas, entre los innumerables que subieron a bordo, haya cometido una imprudencia».

Por su parte, los expertos británicos de las compañías de seguros escribían: «Varios artículos de prensa han sido publicados sobre la posibilidad de un sabotaje, y nos esforzaremos por seguir y averiguar todo lo que esté relacionado con tal sabotaje, aunque esos artículos de prensa están a menudo inspirados por conjeturas más que por hechos».

Como aquel artículo del escritor, exiliado en Londres a partir de 1965, Guillermo Cabrera Infante, entonces redactor del diario oficial castrista Revolución y director de su suplemento cultural Lunes de Revolución, titulado «Un día de ira», en el que escribía: «que de alguna manera fuera también una queja por la muerte de aquellos hombres pobres, humildes, anónimos, un saludo al heroísmo, al valor probado frente a la muerte del pueblo y una denuncia contra la mano criminal —cualquiera que fuera, dondequiera que esté, como se llame— que había desatado el horror, la náusea, el infierno» («Un día de ira», en Todo está escrito con espejos, Alfaguara, 1999).

La acusación contra la «mano criminal» era la única pista a seguir por la prensa a las órdenes del Gobierno. Sin embargo, para los expertos británicos, a pesar de cierta prudencia diplomática, no se trataba sino de pura propaganda.

Esta propaganda se ha ido desarrollando durante más de seis décadas. ¿Cuántas instituciones oficiales o escuelas han sido denominadas «Mártires de La Coubre», cuando decenas de pobres víctimas cubanas encontraron la muerte o fueron heridas por las explosiones debidas a la incompetencia de un Gobierno que quería adquirir a toda velocidad una enorme cantidad de armas para defenderse contra el «imperialismo» y contra su propia población, sin tomar las precauciones debidas para descargar municiones y granadas, esas armas de muerte?


El autor agradece a Florent Crayssac, bibliotecario y archivista de la French Lines, el haberle comunicado distintos informes relativos a la explosión de «La Coubre».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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