La cara oculta de Humberto López

Este es el periodista cubano más odiado del momento: Humberto López

Detrás de ese rostro bonachón que mete finte de erudito en la televisión cubana y que se ha convertido de la noche a la mañana en the most hated man in the cuban tv , está la triste historia no de un tigre, sino de un joven normal, tan normal que ni siquiera pudo terminar el 12 grado cuando le tocaba y que debió terminar luego, de corre corre, en una Facultad Obrero Campesina, por la noche.

Esa, dicen, fue la primera violación y mentira que metió Humbertico en su natal Colón. En Radio Llanura. Él y su padre, de igual nombre, y periodista de sólido prestigio en el territorio, mintieron para que Humbertico entrara a lucharse su futuro en la radio municipal.

Cuentan que entró, gracias a la partida de Lázaro Lorenzo para Cienfuegos y a la gestión de la novia de él, que habló para que Humbertico dejara de dar vueltas como un trompo loco por Cárdenas, Jagüey y por Matanzas en búsqueda de un micrófono para ponerse en la boca.

No lo hizo mal el muchacho. Entró de sustituto de Lázaro Lorenzo en Frecuencia 1420, y al rato le dieron otro programa; y luego otro más. Dicen que escribía sus propios programas y pronto comenzó a sentir sobre sus hombros el peso del ego y a considerarse mejor que Utra, un viejo caballo de batalla en Radio Llanura de Colón.

Fue entonces cuando llegó la orientación de que los locutores tenían que ser al menos bachiller graduados y comenzaron a pedir títulos, y Humbertico tuvo que asumir su mentira. Dijo que no había terminado el 12, cierto, pero dijo que había sido porque sus múltiples labores en la FEEM le habían provocado una especie de colapso nervioso y por eso, se había ido de la escuela. Por ser hijo de quien es hijo le dieron un chance, y le permitieron que entrara en la Facultad Obrera Campesina, y completó en unos meses el curso.

Cuando llegó la “universalización” y tuvieron que irse todos los demás locutores y él a estudiar a ese invento de Universidad, Humbertico se metió a estudiar Derecho. Gracias a la mediocridad de esas “universidades municipales”, Humbertico se convirtió en abogado y se fue, entonces, para La Habana, donde comenzó a tocar puertas y meter cabeza.

Mientras todo eso sucedía, eso que pudiéramos llamar la “vida normal” de Humbertico, en su casa, sita en la calle Varona # 141 entre Ricardo Trujillo y Calixto García, su difunta abuela Raquel, quien lo crió y presidenta del CDR, lo asesoraba y orientaba en la venta, con la casa como almacén, de aceite, ron, alcohol, pollo, etc. y etc.

Ya en ese tiempo, gracias a sus dotes de comunicador, y cuando aún no había encontrado su verdadera identidad sexual, se hizo novio de uno de los rostros más cándidos y bellos de la televisión en la isla: el de Amelia Flores.

Amelia, menuda, amorosa, despertaba pasiones en todos los que la veían conducir el programa matancero Quédate Conmigo, que dirigía el ahora residente en Louisville, Kentucky, Yosvani Albelo Sandarán.

Uno de los camarógrafos del programa cuenta que a nadie en el programa le gustaba aquel noviazgo. Humberto se veía demasiado “maduro” al lado de la aparentemente frágil Amelia, y más de uno, de los ya mayorcitos que le habían tomado cariño a Amelia como si fuera una hija, le aconsejó que rompiera con ese tipo hosco y trapalero.

Amelia no se guió por cabezas ajenas y siguió apostando a aquel amor raro hasta que un día, ella misma descubrió a Humberto López con otro hombre en su propia cama.

El escándalo fue tal que a Humberto no le quedó más remedio que salir del closet. Fue entonces cuando se supo que ese mal carácter y el modo tosco en que trataba a Amelia eran propios de una homosexualidad reprimida, aunque un trabajador de la Tv en Matanzas dice que era también una envidia reprimida y por partida doble. Él no podía ser mujer, lo que Amelia era; y tampoco era la mitad de lo talentosa y querida que era ella.

La ruptura, el escándalo de ser descubierto como homosexual en un pueblo tan pequeño como Colón, en la provincia de Matanzas, impulsó la partida de Humberto, con su título de abogado municipal, ganado en una Universidad forzada y apurada hacia La Habana.

Dejaba atrás su vida de homosexual reprimido, traficante de lo que fuese, acaparador de cualquier cosa, y revendedor.

De sus historias habaneras, ya hablaremos próximamente.

Tomado De Cubanosporelmundo

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

%%footer%%