Jove periodista denuncia que fue agredido sexualmente en estación de la PNR

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Foto de: H. Valdés Cocho en Facebook

El reportero cubano Héctor Valdés Cocho ha hecho una dura denuncia pública sobre las vejaciones que sufrió este domingo cuando fue apresado por efectivos de la PNR.

 Los que califica como los “momentos más oscuros de su vida”, ocurrieron ayer cuando el joven intentó hacer cobertura del reclamo de varios artistas por la detención del joven cubano Hamlet Lavastida.

“Hoy sentí miedo, mentiría si digo lo contrario. Hoy vi el rostro más negro de la maldad y el lado más oscuro del ser humano”, dice Valdés Cocho sobre lo vivido.

Su relato cuenta cómo ocurrió una nueva detención arbitraria hacia su persona:

Sin tan siquiera identificarse me montaron en la patrulla 966 y de ahí me trasladaron para la unidad de Aguilera, en el municipio de 10 de Octubre. En cuanto llegué fui bajado hacia los calabozos pero antes desnudado sin autorización alguna para ellos comprobar que no trajera encima ningún dispositivo de grabación. Me pusieron en una celda sólo, según ellos para prevenir que me contagie con el virus, cuando más que comprobado está el verdadero virus que padece Cuba.

Pero las vejaciones no quedaron allí, lo peor estaría por pasar, pues el joven denuncia que fue vulnerado en su integridad emocional y física. Así lo relata:

Casi al instante entraron a la celda dos hombres de unos treinta y tantos años, uno de ellos más delgado que el otro, me pareció raro desde el comienzo ya que me habían dicho que estaría sólo. Al momento comenzaron a ofenderme por mi orientación sexual, me decían que mi cara les era conocida de algún sitio; hasta que uno de ellos, el más fuerte, me preguntó que si yo era el pajarito de las redes sociales, la damita que vivía en San Isidro. Al ver que yo no les contestaba comenzó lo que hasta este entonces sería para mí, el capítulo mas espantoso de mi vida.

Uno me tomó por los brazos y me pegó a la pared, mientras el otro intentaba tocarme los glúteos mientras me decían en el oído que ellos sabían cómo tratar a las «princesas». Aún siento su hedor, juraría que olían alcohol; no puedo ni podré olvidar el aliento de uno tratando de con su lengua tocar mi cuello. No atiné a nada solo a gritar, apenas me salía la voz entre los sollozos y al escuchar los gritos llegaron dos policías y me sacaron de ahí, uno de ellos sonriendo. Todo era muy turbio, oscuro, como preparado.

TOMADO DE CUBIANOW

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