Joe Biden: ¿Un “enigma” para el castrismo?

De momento, los principales órganos de agitación y propaganda del régimen se abstienen de hacer augurios sobre las medidas que el mandatario pueda adoptar con respecto a la Isla

Joe Biden (Foto: AP)

LA HABANA, Cuba. – La toma de posesión, hace un par de semanas, de Joe Biden como presidente de Estados Unidos, ha despertado la natural expectación con respecto a los nuevos rumbos que trazará su administración. Como para Cuba poseen excepcional importancia las decisiones políticas del gran país norteño, es razonable que los castristas muestren especial interés por todo cuanto ocurre en Washington.

Pese a esa realidad, la prensa oficialista de Cuba ha mostrado gran comedimiento sobre el tema. Al menos los principales órganos nacionales evitan especular al respecto. Es probable que deseen evitar una nueva pifia monumental, como la de hace cinco años, cuando el castrismo hacía asquitos ante cada gesto conciliador de Barack Obama.

Por supuesto que esa intransigencia no surgía de la nada. Su fundamento doctrinal era la victoria que —creían los castristas en su inmenso despiste— era inevitable que alcanzase, en las elecciones generales de 2016, la señora Hillary Clinton. Cuando la ex Primera Dama tomase posesión de la presidencia, ya se vería.

Ahora, ante los primeros pasos que va dando Joe Biden, los órganos de agitación y propaganda del régimen cubano se muestran renuentes a pronunciarse. Por esa razón prefieren, en lo esencial, abstenerse de hacer augurios o de expresar esperanzas o deseos sobre las medidas que el nuevo gobernante estadounidense pueda adoptar con respecto a la Gran Antilla.

Sin embargo, en Sancti Spíritus no ha faltado un periodista que sí ha incursionado en esos temas. Pocos días después de tomar posesión el nuevo presidente, el periodista oficialista  Pastor Guzmán publicó en el periódico Escambray, de la citada provincia, un artículo de título truculento: Biden transitará por un camino minado.

Dice el escribidor castrista: “Mirándolo desde Cuba, y recordando el restablecimiento de relaciones entre las dos naciones en julio de 2015, existen razones para el optimismo, sobre todo cuando se recuerdan las promesas de Biden de dejar sin efecto muchas de las medidas del republicano contra la Isla”. Y de inmediato se muestra precavido: “pero todavía no hay nada claro”.

Continuando por el mismo camino de ilusiones (lo que los anglosajones describen con una frase que me parece más certera: “wishful thinking”), el plumífero incluso se atreve a adelantar una demanda: “Lo que más desearíamos ahora mismo es que se nos retire de la espuria lista de naciones que apoyan el terrorismo en que nos incluyó Trump ya en sus estertores finales”.

Guzmán incursiona también en el campo de la estrategia política cuando afirma: “Casi igual ocurre con Venezuela, el aliado más estrecho de Cuba en la región y en el mundo, pues de la actitud que adopte la nueva dirección norteamericana hacia la República Bolivariana, dependerá en última instancia el futuro de las tratativas entre la patria de Martí y su poderoso vecino norteño”.

¿Qué significa esto? ¿Alucinaciones de un escritor provinciano que el director del diario local decide publicar por su cuenta y riesgo? ¿Incursiones de un simple periodista en las estrategias de alta política? Parece muy poco probable. Quienes conocemos las características de los medios masivos comunistas y sabemos cómo suele operar el Departamento Ideológico del Comité Central, hacemos una valoración diferente de esa inesperada andanza espirituana.

La proclamación por Pastor Guzmán de un programa mínimo (“lo que más desearíamos ahora mismo”) y, más aún, su osadía al definir como esencial la relación trilateral Cuba-Venezuela-Estados Unidos, indican otra cosa. Más parece que estamos ante un balón de ensayo lanzado por los ideólogos del único partido, pero sin comprometer demasiado al régimen al que hacen propaganda. ¿No se hizo todo desde un periodiquito local!

En ese contexto, se transparenta la pretensión de La Habana de continuar esquilmando a la Patria de Bolívar, de seguir usufructuando los suministros de petróleo prácticamente gratuitos. Y, a cambio de eso, su disposición a no cesar de apuntalar el impresentable régimen de Nicolás Maduro, a continuar el trabajo de su aparato de inteligencia y algunas tropas de élite en el sostenimiento de la dictadura venezolana.

Teniendo en cuenta lo que los regímenes de La Habana y Caracas representan dentro de América Latina, valorando la forma en que ese nuevo eje antidemocrático amenaza a los amigos de Estados Unidos en la región (Chile, Brasil, Colombia), ¿tolerará la nueva administración de Joe Biden esa actividad subversiva encaminada a socavar a sus aliados!

Parece poco probable, máxime cuando, como escribió Roberto Montoya el 22 de enero en Cubadebate, “Biden es un hombre del establishment de toda la vida, claro representante de ese modelo neoliberal”. El empleo contra el presidente norteamericano de este último adjetivo, que en el argot comunista se ha convertido en una especie de mala palabra, parece indicar las pocas esperanzas que abrigan los castristas.

¿Se materializarán las aspiraciones socialistas en las políticas que adopten los Estados Unidos hacia Cuba o Venezuela? Cabe suponer que no. Al menos, es un hecho cierto que las declaraciones formuladas por el nuevo secretario de Estado, Anthony Blinken, mantienen un fuerte tono crítico con respecto a los regímenes de La Habana y Caracas.

Tomado De CUBANET

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