Hoy cumple 70 años de edad el doctor Francisco Durán, el rostro más conocido por los cubanos durante la pandemia

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Hasta comienzos del pasado años era un total desconocido, al menos para la mayoría de la población en Cuba, pero la llegada de la pandemia del coronavirus convirtió al doctor Francisco Durán en uno de los rostros máspopulares, respetados y queridos por los cubanos, que cada día la esperan para saber, con esperanza o pesar, cuando esta enfermedad dejará de ser un azote en la Isla.

Día tras días, desde que el coronavirus comenzó a hacer mella entre los cubanos, el doctor Durán ha tomado los micrófonos para hacerle saber a la población en la mayor de las Antillas sobre el estado y la situación con la enfermedad.

Quizás su elección haya sido totalmente intencional y bien pensada, es muy difícil que alguien dude de las palabras de un médico, pues por profesión, no suelen mentir. Sin embargo, no han faltado durante este tiempo los que lo señalan de estar “guardando la bola” y ocultar las verdaderas cifras del virus en Cuba.

No se considera famoso, sino solo el “más visible” entre quienes laboran día a día contra la pandemia

A pesar de esto, la mayoría confían en sus palabras, pues demuestra en cada presentación ante las cámaras los conocimientos que posee y los “síntomas” de buen comunicador social, pero sobre todo, el saber explicar con palabras sencillas un asunto tan complicado.

Apenas se le ven los ojos, pues la mascarilla le cubre gran parte del rostro. Pero basta mirarle para descubrir que en su mirada asoma la nobleza de este guajiro nacido en Santiago de Cuba.

Desde la angustia al comunicar la muerte de un paciente, hasta la felicidad que transmite cuando aumenta el numero de personas recuperadas, se puede ver a través de esas ojeras, que han ido aumentado y marcándose cada día que pasa, demostrando el desvelo y el poco descanso al que está sometido.

Cuando le preguntan por los pronósticos se disculpa, pues no puede responderles

Ha confesado que cuando se sienta frente a las cámaras de la televisión aún se siente intimidado y no niega el esfuerzo que representa, pues debe levantarse cada día a las cinco de la mañana para completar y leer toda la información que transmite a la población a las nueve.

El día para el doctor Durán termina a las ocho y treinta de la noche, con una videoconferencia que preside el ministro de Salud Pública con todas las provincias, en las que se informa sobre el comportamiento de la pandemia en cada territorio. Este encuentro termina normalmente entre las diez y treinta u once de la noche. De allí sale para su casa, donde generalmente llega tan cansado que después de bañarse queda totalmente rendido en la cama… Ese es el día tras día.

Sus inicios como epidemiólogo fueron en 1981, cuando Cuba estaba siendo afectada por la epidemia del dengue hemorrágico, que causó estragos en la población. La batalla fue dura desde el principio, pues las autoridades lo designaron en ese momento como jefe de la campaña del enfrentamiento al mosquito Aedes Aegypti.

Durán revela que ama estar en casa, disfrutando de la familia cada vez que se puede

Le seguiría llevar las riendas del departamento de Desinfección y Control de Vectores, la conducción del Programa de Prevención y Control del Sida —específicamente la dirección del sanatorio de Santiago de Cuba—, la dirección provincial de Salud o, luego, la rectoría de la Universidad de Ciencias Médicas del oriental territorio.

Sin embargo, donde más ha propagado sus conocimiento es en el campo de la Epidemiología. Primero ocupó la vicedirección del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) y luego se convirtió en el director nacional de Epidemiología, puesto que ocupa desde hace seis años.

“Soy una persona de riesgo; soy hipertenso, entonces sé que me tengo que cuidar y me cuido. Primero porque sería un bochorno que yo, que hablo tanto, vaya a adquirir la COVID-19 y, segundo, para proteger la salud mía, la de mi familia y la de mis compañeros de trabajo”, confesó hace unos días en una entrevista.

Se ha convertido en una persona muy cercana para todos los cubanos, dentro y fuera de la Isla

Padre de tres hijas y abuelo de cinco nietos, Durán asegura que ama estar en casa, disfrutando de la familia cada vez que se puede porque cada cual ya tiene su propio camino.

Los que lo conocen lo describen que como un hombre de un corazón muy grande, al que sacar de quicio es una tarea ardua porque su paciencia es casi ilimitada. Tiene carácter, sí, y sabe imponerse, pero sabe cómo hacerlo.

Según dice, todavía no piensa en el día que ya no tenga que sentarse delante de las cámaras, pero si tiene un sueño: cuando todo este termine, o al menos este controlado, piensa irse a la playa por una semana a descansar, que es el lugar que más le gusta para despejarse.

TOMADO DE CUBACUTE

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