Hasta la moringa escasea en Cuba

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Con la muerte de Fidel Castro, gran promotor de la planta, su siembra y comercialización han ido perdiendo protagonismo

Galletas de arroz inflado con moringa a la venta en una tienda de Guanabo, La Habana, en moneda nacional. (14ymedio)

El cultivo y consumo de la moringa, uno de los últimos proyectos impulsados por Fidel Castro, parecería una historia lejana para muchos cubanos, si no fuera por algunos productos que todavía se comercializan en las farmacias cubanas. Píldoras, té y galletas de arroz inflado con hojas de este árbol, oriundo de la India, son los pocos vestigios que quedan de aquel plan que llenaba titulares hace una década.

En la farmacia de Carlos III y Soledad, en La Habana, una bolsa con píldoras rellenas de moringa seca se venden como suplemento nutricional a pesar de que la etiqueta deja muy pocas aclaraciones sobre los beneficios del producto. «Tienen mucha demanda y cuando entra se agotan el mismo día», explica una empleada a 14ymedio. La mujer detalla que «la mayoría de las personas que la compran, la toman con el objetivo de mantener o bajar de peso».

Ese fin dista de las maravillas que hace nueve años promovía Castro en una de sus reflexiones, los escritos que siguió publicando en la prensa oficial después de retirarse de la vida pública por un problema intestinal. «Fuentes inagotables de carne, huevo y leche, fibras de seda que se hilan artesanalmente y son capaces de suministrar trabajo a la sombra y bien remunerado, con independencia de edad o sexo», decía entonces de las plantas de moringa.

«Ahora no se están produciendo y cuando tenemos se le vende también a precios subvencionados a los empleados, pero muchos no se las llevan»

Sin embargo, con la muerte del dictador, poco a poco la siembra y comercialización de los derivados de esta planta han ido perdiendo protagonismo. En la calle principal de Guanabo, una de las más importantes playas del este de La Habana, el mostrador de la otrora bien surtida farmacia internacional solo tiene en exhibición unos pocos productos y unas galletas de arroz inflado con moringa.

Debido a la crisis, todas las tiendas alrededor están vacías de mercancías o con larguísimas colas para comprar pollo congelado o picadillo. De ahí que algunos visitantes hospedados en las casas particulares cercanas se aventuren a comprar las galletas. «No están mal, aunque un poco socatas porque dice la empleada que llevan bastante tiempo ahí y no tienen mucha salida», explica una bañista a este diario.

«Las compré para desayunar algo porque no hemos encontrado en todo Guanabo ni pan ni galletas normales para cuando nos levantemos poder llevarnos algo a la boca», detalla. En la etiqueta se lee que son producidas en la Entidad de Ciencia, Tecnología e Innovación Sierra Maestra, en Siboney, uno de los barrios más exclusivos de la ciudad. Una trabajadora del lugar cuenta vía telefónica que «ahora no se están produciendo y cuando tenemos se le vende también a precios subvencionados a los empleados, pero muchos no se las llevan».

Los derivados más populares de la planta siguen siendo «los paquetes de moringa que cuestan 21 pesos y que la gente usa para infusión», explica una vecina cercana a la farmacia de Carlos III. «Me dicen que la gente la usa hasta para agregar a las comidas y aderezar ensaladas. Yo, que soy adicta a las infusiones, me compré un paquete para probarla y no está mal. Lo cierto es que cuando aparece a la venta enseguida se acaba», confirma.

«Ni siquiera la producción de moringa, de la que tanto hablaron ellos mismos, se ha logrado cumplir como prometieron», lamenta otro vecino de la zona. «Cuando me avisan que sacaron el té, en lo que salgo de mi casa y llego, ya se acabó. Ya esto está como la carne de res: escasa y solo se consigue con contactos».

TOMADO DE 14MEDIO

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