¿Hasta cuándo los lazos de petróleo entre Venezuela y Cuba?

El deterioro de la empresa petrolera estatal y la falta de inversión en Venezuela podrían volver a recortar los envíos a la Isla.

Lazos de petróleo entre Venezuela y Cuba. DIARIO DE CUBA

Es imposible entender Venezuela y su relación con otros países sin hablar de petróleo. Puede ser CubaEEUU o Rusia, el «oro negro» no solo es el principal producto de exportación de un país aún mencionado en los libros de economía como un país monoexportador, sino que sigue siendo la principal fuente de energía del planeta entero, y en particular de los países menos industrializados.

Pero la relación de Venezuela con Cuba siempre ha sido particular. La revolución bolivariana y la revolución cubana han sido codependientes casi desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1998, y su muerte no cambió esa relación, sino que de hecho ayudó a afianzarla con Nicolás Maduro realizando viajes frecuentes a la Isla cada vez que parece asomarse una crisis.

De allí que el aumento de la exportación petrolera hacia Cuba de los últimos años sea tan llamativo. Según los números reportados por el Reportaje Mensual del Mercado Petrolero de la OPEP Venezuela ha aumentado su producción petrolera los últimos años. Esto se debe no solo a una inversión económica del Gobierno de Maduro, que está desesperado por generar flujo de caja, sino a una política de «producción a toda costa», en la que el Gobierno ha aceptado disminuir la calidad del crudo con tal de continuar produciendo.

Según el informe energético mensual publicado por el Instituto de Estudios Superiores de Administración en Venezuela (IESA), la producción de crudo venezolano estuvo alrededor de los 618.000 barriles de petróleo diarios durante el mes de enero de 2022, un número que coincide con los cálculos de las fuentes indirectas de la OPEP en su informe, aunque es algo más bajo del reportado a la organización por la estatal petrolera. En el mismo mes la exportación a Cuba habría estado alrededor de los 50.000 barriles diarios, algo por debajo del promedio de los meses anteriores que estaba cerca de los 70.000.

Para el régimen cubano esto ha sido una buena noticia. El aumento ocurre cuando la Isla vive un movimiento de protestas ciudadanas casi sin precedentes desde la llegada al poder de la revolución. El petróleo venezolano ha servido para paliar la crisis energética y tratar de que se calmen los ánimos de las protestas.

Junto con el envío de petróleo Venezuela está enviando comida a Cuba, la mayoría salida de las mismas empresas que abastecen las famosas cajas de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), el programa de alimentación usado para el control social en Venezuela. Tanto el petróleo como la comida evidencia la codependencia del régimen cubano y el venezolano.

Un pacto de larga data

Los envíos de petróleo a Cuba responden a un tratado bilateral firmado por Hugo Chávez y Fidel Castro en 2000. El acuerdo, que originalmente contemplaba el intercambio de petróleo por «misiones médicas», incluye el asesoramiento de Cuba y el envío de personal calificado en distintas áreas incluidas minería, deporte y electricidad, así como las «misiones» creadas por Chavez.

Sin embargo, desde un principio se ha especulado que este asesoramiento incluye otras áreas. Desde la oposición venezolana varias veces se ha denunciado la presencia de espías cubanos en el país, así como la administración de torturas contra presos políticos similares a las descritas por ciudadanos cubanos.

Ciertamente, ha habido señales muy claras de la influencia cubana en la política venezolana. Desde que en 2002 un golpe de Estado sacara a Chávez del poder por 72 horas, la confianza entre él y Fidel Castro se afianzó a niveles insospechados. Los dos líderes difuntos alababan públicamente la gestión del otro, y en lo personal Chávez veía en Castro el modelo de líder con el que se identificaba.

Estos envíos petroleros no se reducían solo a Cuba, sino que incluían varias islas del Caribe así como otros gobiernos ideológicamente cercanos al chavismo. Así, el Gobierno venezolano se aseguraba el voto de la mayoría de las islas del Caribe en organismos internacionales, incluida la OEA.

Esta alianza, afianzada entre ideología y petróleo, permitió que Chávez pudiese contar en vida con una coalición importante de líderes que le aplaudían sus decisiones, y a Cuba le permitió volver  tener peso internacional y estabilidad económica interna tras el complicado «Periodo Especial» que tuvo que enfrentar tras la caída de la Unión Soviética.

Según un reportaje de The New York Times para 2007, había 30.000 miembros del Comité de Defensa de la Revolución cubana en Venezuela, así como unos 300 miembros del Ejército cubano en cargos relevantes dentro de las Fuerzas Armadas venezolanas. Esta alianza se ha mantenido después de la muerte de ambos caudillos.

Parece innecesario señalar la importancia para la revolución cubana de mantener esta relación, pero para el régimen de Nicolas Maduro parece ser igual de valiosa. Desde la muerte de Chávez, y de ganar una controversial elección en 2013, Venezuela ha visto tres movimientos de protesta masivos, en 2014, 2017 y 2019 y su Gobierno no es reconocido por varias potencias, entre ellas EEUU. Si bien el fracaso de Guaidó, el ligero repunte económico y la pandemia han calmado los ánimos en el país, un error podría volverle a generar problemas.

Una solución temporal

A pesar de todo el aumento de las exportaciones de crudo, probablemente este no sea sostenible en el tiempo. Por un lado, el chavismo ha quebrado la gran mayoría de las empresas privadas con las que colaboraba PVDSA, y desde los despidos masivos de 2004 la estatal no había hecho más que disminuir.

Sin embargo, la crisis energética evidenciada con el apagón nacional de 2019, sumada a la crisis política causada por el reconocimiento internacional al Gobierno interino de Juan Guaidó, obligaron al Gobierno de Nicolás Maduro a entrar en modo de supervivencia.

Por esto el chavismo permitió la dolarización no oficial de la economía venezolana, por eso ha recurrido a Irán para la compra de diluyentes y otros productos necesarios para el aumento de la producción petrolera. Sin embargo, la falta de inversión extranjera y el clima de poca confianza para el sector privado causado por el Estado señalan que esta mejoría será difícil de mantener en el tiempo. Así mismo en Venezuela no hay ninguna otra empresa de servicios a la que PDVSA pueda recurrir para la adquisición de equipos, transporte y otras actividades que complementan su trabajo.

Si bien Maduro y sus gobiernos aliados culpan a las sanciones estadounidenses de la situación actual, es importante señalar que la producción petrolera venía disminuyendo incluso antes de la primera tanda de sanciones impuestas por el Gobierno de Barack Obama en 2016, llegando a sus niveles más bajos de producción entre 2017 y 2018.

A esto hay que sumar que en Venezuela en este momento no se está perforando ningún nuevo pozo petrolero. Los números del conteo de taladros de la empresa Baker Hughes muestran que de hecho Venezuela ni ha rentado ni comprado taladros para abrir nuevos pozos desde mayo de 2020.

Todo esto, sumado a la política de «producción a toda costa» que ha hecho que en el proceso se hayan dañado más de lo necesario los pozos utilizados, hace pensar que en los próximos meses el número de barriles diarios podría volver a disminuir, a menos que haya un cambio político en la situación de PDVSA.

El Gobierno interino

Un punto que podría jugar a favor de Maduro en los próximos meses es el descalabro interno del Gobierno interino de Guaidó, evidenciado por la renuncia del ex presidente de la Asamblea Nacional venezolana Julio Borges de su cargo como ministro de Relaciones Exteriores y la pérdida del reconocimiento del propio Guaidó por parte de la Unión Europea.

Como respuesta, el opositor se ha mostrado dispuesto a solicitar el cese de sanciones por parte de EEUU contra el régimen venezolano. Esto podría facilitar la inversión por parte de empresas extranjeras en el mercado petrolero venezolano. Sin embargo, los antecedentes del propio chavismo bien podrían mantener a los posibles inversores a raya.  La excepción a esto es la multinacional Chevron, que sigue teniendo personal en territorio venezolano y que ha pedido repetidamente a EEUU que le permita volver a negociar con PDVSA a pesar de las sanciones.

La ola de expropiaciones y los despidos de PDVSA hechos por el propio Chávez, en algunos casos usando la televisión del Estado, aún debe estar en la memoria de muchos empresarios petroleros, y posiblemente se lo piensen dos veces antes de volver a trabajar con el régimen venezolano.

Al mismo tiempo, varios países empiezan a buscar más activamente alternativas a los combustibles fósiles a medida que se acerca 2030. Aunque su desaparición aún parece lejana, no son pocos los gobiernos que han prometido seguir disminuyendo las emisiones de carbono, lo que no es una señal particularmente buena a la hora de buscar inversores petroleros en el futuro.

Por supuesto, podemos asumir la excepción de las empresas de China, Rusia y otros países que ignoran las sanciones de los países occidentales (en el caso de China y Rusia es posible que incluso las vean como un incentivo), pero estas ya están trabajando en suelo venezolano, y no parecen demasiado preocupadas por el mantenimiento de los equipos ni de los pozos petroleros para que puedan funcionar a largo plazo.

A pesar de esas dificultades, Maduro ha insistido en que antes de terminar el año la producción de PDVSA estará en el millón de barriles de petróleo diarios. Un número al que parece complicado llegar en las condiciones actuales, y más difícil aún que pueda mantener en el tiempo.

El panorama en Cuba

Quizás estas preocupaciones expliquen el apuro del régimen cubano en aplastar rápidamente la reciente ola de protestas. Es cierto que a nivel mediático una repetición del 11J se vería terrible, pero también es cierto que el Gobierno de la Isla no se ha visto amenazado en la práctica. Después de todo, ningún analista político serio se atrevería a decir que el régimen cubano se tambalea. A pesar de eso, la persecución  ha sido considerablemente más abierta que en otras épocas recientes.

Es posible que el Gobierno cubano ya se haya percatado que no puede contar más que temporalmente con este aumento de la exportación petrolera venezolana. Esa pequeña reducción del mes de enero podría ser una mala señal, pero el tiempo lo dirá.

Rusia también juega

Es complicado predecir una guerra con tiempo, pero lo cierto es que para el Gobierno de Venezuela la invasión de Rusia al territorio ucraniano parece ser una oportunidad de oro. Si bien en su discurso oficial Nicolás Maduro apoya la aventura de Vladímir Putin, la realidad le ha servido para intentar trazar puentes con el Gobierno estadounidense.

Aunque es muy pronto para saber si realmente este deshielo será fructífero para alguna de las partes, este acercamiento podría cambiar el panorama petrolero del continente. Si en efecto, EEUU llega a permitir que sus petroleras trabajen abiertamente en Venezuela, como ya lo hace Chevron, podría conseguir una seguridad energética que no dependa del humor ruso, y reducir su influencia en el continente.

Eso podría significar otro aumento de los envíos petroleros a Cuba. Claro para eso la Administración Biden tendría que negociar con un Gobierno que los últimos tres presidentes americanos han clasificado de poco confiable, y que en este momento EEUU considera ilegítimo. Ya las primeras reuniones han sido vistas como un desplante por la facción opositora liderada por Juan Guaidó; sin embargo, con una guerra en Europa que no parece ir a detenerse en los próximos meses y un precio de la gasolina que sigue subiendo impulsando la inflación, parece que será necesario buscar alternativas, aun si estas pasan por Maduro.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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