Un bando se declara ganador y el otro iza la bandera del fraude

Los amigos se pelean, los adversarios se rasgan las vestiduras, los analistas políticos se venden al más postor

Duele vivir en la civilización, es increíble pero cierto. El 2020 pasará a la historia por la pandemia del coronavirus y por ser el despegue absoluto de un retroceso democratico global que se teje sobre la escenografía de las elecciones de los Estados Unidos. Escenografía al final, necesita de la magia del teatro, los golpes bajos, los manejos sucios, el fraude, la histeria, la polarización y las divisiones.

Los amigos se pelean, los adversarios se rasgan las vestiduras, los analistas políticos se venden al más postor, una asesora de campaña de antifaz independiente fustiga a los cubanos diciendo que se creen blancos porque se mudan a Pinecrest y se compran un bote. Luce envidiosa. Reprimida. Colérica. La sientan horas ante las cámaras fingiendo ser imparciales. No hay periodismo inocente.

Las cadenas de televisión que se pasan el año avivando fuegos cruzados y siguiendo las dimensiones de las nalgas de Chiqui Rivera o Kim Kardashian dependiendo del idioma en el que transmitan, se tornan de momento profundas, moralistas, aleccionadoras, y fingen una postura justa e intelectual, cuestionadora y vil, capaz de sacar del aire una intervención presidencial alegando que todo es mentira.

En ese momento reluce una especie de bola mágica que nos come la vista en la pantalla. Sólo ellos alcanzan a saber qué es y será falso lo que todavía no se ha dicho. Es imposible que se cumpla el ruego de un viejo amigo que siempre pide que lo dejes equivocarse hasta el final.

A estas horas un bando se declara ganador y el otro iza la bandera del fraude para hacerle frente a los depredadores.

Quien te reta no es el mismo que quien te sonsaca. El retador pasa a ser enemigo express. El sonsacador promete con píldoras de pacotilla sudorosas, trasnochadas. Nadie se pone de acuerdo. Todos sufren y sobreviven descontentos. El sonsacador por lo general desconoce las leyes, se hizo analista político gritando en las caravanas. Hay verdades tan fuertes que no necesitan que un grito inmisericorde las respalde.

A estas horas un bando se declara ganador y el otro iza la bandera del fraude para hacerle frente a los depredadores. Pero hay muchas cosas en juego que la gente debería cuestionarse o detenerse aunque sea por poco tiempo para pensar en ellas.

Lo primero es que a pesar de todo el Trumpismo sobrevivirá. Entiéndase que Trump se convierte en la opción republicana más votada de la historia. Solamente Barack Obama y ahora, según dicen Joe Biden, le aventajan. Los Trumpistas son muchos más que la cantidad que sus adversarios creían.

El electorado rojo no es solamente blanco, rural y de la tercera edad. Unos 5 millones más de votos no es cosa que pueda ignorarse se gane o se pierda. Trump seguirá teniendo una gran influencia en el Partido Republicano, eso es indudable.

Los grandes perdedores de este 2020 son las encuestadoras, todas al revés, lejos de la verdad, con márgenes de error enormes, y una falta de puntería que impresiona. El ajuste de las variables no consideradas hace 4 años fue risible y pamplinesco, los resultados no fueron realistas porque lo único que estaba en juego no era la presidencia.

Con todas estas variables servidas en la mesa cualquier comensal que se respete entenderá que el retroceso democrático es abismal.

Otro bochorno es el mediático, todos mostrando agenda, convertidos en factor político que independientemente de los espacios de corte editorialista, han dando sepultura a la imparcialidad. En días de polarización no es imparcial ni el hielo que protege la carne en nuestros congeladores. Los medios aunque lo finjan tienen intereses políticos, clientes políticos, aspiraciones políticas. El rostro de los militantes en pantalla da fuerza a esto que ahora escribo. Los militantes del vidrio lucen más enfebrecidos que los partidistas.

Finalmente las redes sociales se han rebelado como lo que son. Una dictadura opresiva que inclina la balanza de un lado y que penaliza siendo juez y parte. Lejos de moderar un equilibrio pasaron a actuar como señores feudales del ciberespacio. Ellas determinan quién sí y quién no, ellas esconden tus informes, desaparecen tus investigaciones, censuran tus enfoques y además venden tus datos, tus inclinaciones, tus patrones de consumo y hasta de desempeño sexual.

Con todas estas variables servidas en la mesa cualquier comensal que se respete entenderá que el retroceso democrático es abismal. El sabor a República Bananera mundial con atisbos de chusmería planetaria o de cornetín es incuestionable.

El sabor a República Bananera mundial con atisbos de chusmería planetaria o de cornetín es incuestionable.

Las señales no vienen de ahora. Quien quiera que sea el demonio que le echó aire a la pandemia lo sabrá en silencio y se morderá las entrañas. A fin de cuentas las democracias se rigen por leyes escritas y por normas y comportamientos que no se escriben.

Hace casi un siglo en su interpretación quizás prematura y dantesca del totalitarismo mundial, las tendencias de pensamiento y las elecciones del mundo libre, Stalin dejó para la posteridad una frase que nunca más debió pronunciarse: “Basta que el pueblo sepa que hubo una elección, los que emiten los votos no deciden nada, los que cuentan los votos lo deciden todo”. Amanecerá y veremos.

Tomado De Periodicocubano

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