Este fin de año, el cerdo de las mesas cubanas llegará pagado con dólares y los frijoles importados por mulas

Las mesas en Cuba durante estas celebraciones de fin de año estarán llenas de productos importados, como perniles de cerdo estadounidenses, leche española y frijoles mexicanos. No solo la economía cubana es incapaz de producir alimentos para el consumo local en los festejos, sino que las ofertas de productos comprados en el exterior son mucho más suculentas para el público cubano, debido a que saber que se trata de alimentos producidos en el extranjero sugiere que son de mayor calidad que los de elaboración nacional.

Un habanera al respecto contó: «Mi hermana me compró los tostones de plátano macho en un sitio que los trae congelados desde Estados Unidos. (…) Por suerte me los mandó, porque ya aquí no se encuentran plátanos machos grandes de los que sirven para hacer buenos tostones, y con esto garantizo tener al menos una vianda frita para Navidad».

Los mismos sitios web que ofertan plátanos para hacer tostones, también disponen de plátanos maduros fritos, listos para freír.

La mujer lamentó: «Uno creció creyendo que el plátano era algo de aquí, incluso nos burlábamos de esos clichés de que nos veían como gente que estaba permanentemente comiendo plátano, y ahora hay que traerlo de fuera».

Pero sobre todo es en el tema de los embutidos y de los productos cárnicos donde la demanda se vuelca totalmente hacia la importación de alimentos, ya que la drástica caída en la producción nacional de carne de cerdo ha provocado una profunda escasez consecuente que no ha logrado levantar cabeza ni con las recientes flexibilizaciones en el sector.

El Pana, productor porcino de Alquízar (Artemisa), explicó: «La carne de cerdo coge el sabor de la comida que le das al animal». Este joven pasó de desarrollarse en un negocio propio y próspero a verse obligado a desmantelar sus corrales por la crítica carencia de pienso para alimentar a las crías.

Narró: «Cuando lo que conseguía era harina de pescado y el animal se pasaba el tiempo de ceba comiendo eso, después tiraba un bistec en la sartén y parecía que estaba friendo claria. (…) La gente ha perdido la referencia y ya ni se acuerda cómo sabe la carne de cerdo, pero yo llevo muchos años en este negocio y sé cuándo un puerco se alimentó de basura y cuándo le dieron otra cosa».

Además, acotó: «En la grasa y la carne del animal se acumula mucho de lo que ha comido, nada más cortar un pernil o una paleta, por el tono de la empella se puede notar. Imagínate cuando lo pones a cocinar, todo ese olor sale y llena la casa. Yo no puedo vender lo que yo mismo no me comería, y aquí alimentar un puerco correctamente es imposible».

El Pana alegó que estas condiciones entran dentro de la lista de principales razones por las que el pueblo cubano se halla apostando por los productos extranjeros: «Te das cuenta de que son puercos más jóvenes, porque lograron alcanzar el peso para el sacrificio en el tiempo en que debe ser y no como pasa aquí que, al no tener pienso, al animal se le pasa el tiempo y todavía está flaco. Así no se puede matar».

Sin embargo, reconoció: «Del pollo mejor ni hablar, ese hace mucho tiempo que viene casi todo de fuera. (…) Aquí en los alrededores de Alquízar teníamos varias granjas avícolas, de eso no queda nada. Hasta los techos y las cercas se las han ido robando poco a poco».

Esto mismo ocurre con la ganadería, pues se puede constatar en los portales digitales que ofrecen productos en Moneda Libremente Convertible (MLC) que su oferta se basa en cortes de res importados desde España y de Uruguay.

En uno de ellos se podía leer cómo la entidad había aclarado a un cliente: «No ofrecemos carne de vaca cubana. No cumple los requisitos de calidad».

Mientras la mayoría de los países del mundo apuesta por el comercio de proximidad y el desarrollo de proyectos locales, en Cuba tanto la oferta como la demanda se declinan por la importación.

Aunque el consumo de vegetales y frutas de temporada continúa decantado por la producción cubana, los cada vez más exorbitantes precios harán que sea más económico comprar alimentos enlatados o congelados.

Víctor Manuel, jubilado de Centro Habana, protestó porque «la libra de judías está por encima de los 90 pesos cuando se encuentra. (…) Para darle sabor tengo que comprar aunque sea un poco de chorizo o de bacon, además agregarle cebolla, ajo y otros condimentos. Cuando saco cuenta, una fabada para mi mujer y para mí me sale en más de 180 o 200 pesos».

El hombre agregó: «Mi hijo, que vive en Miami, me compra a través de tiendas e internet las latas de fabada Asturiana, que cuestan menos de cuatro dólares cada una. Con dos comemos mi mujer y yo sin tanto ir y venir al agromercado y sin tanta ensuciadera de la olla de presión. Más barato y no tiene nada que envidiar a lo que yo podría hacer en mi cocina con lo poco que hay».

Al concluir, bromeó: «Antes en Navidad casi todo lo que se comía era de aquí, si acaso los turrones o la sidra venían de otra parte, pero ahora la mesa parece las Naciones Unidas. (…) Lo que no viene de México, viene de Nueva Zelanda. Una locura».

TOMADO DE CUBACUTE

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