Actualidad, acontecimientos y lucha continua por una Cuba Libre
RegistrateInicia Sección

‘En las tiendas no hay ni soga para colgarse’, se queja una jubilada de 72 años que solo cuenta con su chequera para vivir.

Los Sitios, La Habana, durante el confinamiento. J. E. RODRÍGUEZ DIARIO DE CUBA

Después de mes y medio en confinamiento por casos de Covid-19, decenas de vecinos en la barriada de Los Sitios, Centro Habana, coinciden en que hubiese sido mejor continuar en la condición de epicentro de la pandemia en la provincia y aislados, para no enfrentar la cara más dura de la escasez y desabastecimiento de alimentos, artículos de aseo y medicamentos que azota la capital cubana.

«En el aislamiento al menos teníamos garantizado los módulos, las colas eran más controladas o le podías pagar a los mensajeros para que te lo llevaran hasta la casa», dijo Arletis Castro, madre soltera de una niña de tres años de edad.

«Mis amigas de otros municipios estaban pasando las de Caín para conseguir no solo aseo personal, sino también alimentos. Me decían que las colas cada vez se vuelven más kilométricas porque cada día escasean más todo, incluyendo hasta el ron y los cigarros. A excepción de tener que hacer algunas gestiones o trámites, no tiene sentido salir a la calle a buscar nada porque no hay nada», añadió Castro, quien almacenó parte del aseo personal de los módulos para ayudar a sus amigas.

Los módulos que el Gobierno vendió a los residentes de Los Sitios durante el confinamiento eran de tres tipos: a) dos bandejas de pollo, dos jabones Lux y cuatro rollos de papel sanitario; b) dos paquetes de picadillo, dos pomos de aceite, dos jabones antibacterial Rexona y una frazada de piso; c) dos bandejas de pollo, dos tubos de pasta dental y dos paquetes pequeños de detergente. Los precios de los módulos oscilaban entre los 200 y 300 pesos.

«Si no se puede salir a pasear, si hay toque de queda, si las colas por cualquier cosa le dan dos vueltas a La Habana y en las tiendas no hay ni soga para colgarse, prefería seguir aquí, en aislamiento, al menos con esos módulos garantizados», coincidió Bárbara Melús.

«El retorno a la estrategia de que solo se puede comprar en el municipio donde resides tampoco está funcionando, porque el problema sigue siendo de desabastecimiento y no del acaparamiento por parte de ‘personas inescrupulosas'», como llama el Gobierno a los coleros, añadió Melús, jubilada de 72 años de edad que solo cuenta con su chequera para vivir.

«Antes de andar correteando tras un cuarto de pollo y un pedazo de jabón, prefería esta tranquilidad del aislamiento con algunas cosas básicas garantizadas».

A inicios del aislamiento, decretado desde el pasado 29 de enero, los vecinos de Los Sitios se quejaban de que dependían para abastecerse del mercado negro que trapicheaba la mercadería en las vallas limítrofes. Semanas más tarde eran los confinados quienes abastecían a otras zonas colindantes de jabones, frazadas de piso y detergente, productos que escasean en las redes de tiendas en moneda nacional habaneras.

«Pero lo usual no era vender el aseo personal que acumulábamos, sino intercambiarlo por más alimentos: carne de puerco, puré de tomate, huevos, leche», explicó Zoraida Falgueras, quien también era partidaria de continuar en aislamiento.

«Es verdad que estábamos encerrados en medio kilómetro cuadrado pero, en definitiva, ¿qué hay en el resto de La Habana que no sean colas donde tienes un 70% por ciento de posibilidades de contagiarte, policías al acecho de un nasobuco mal puesto para clavarte una multa y precios que no se pueden pagar ni con un ojo de la cara?», fustigó Falgueras, abuela de cuatro menores de edad, y una de las «intercambiadoras» más activa en las vallas limítrofes.

Las colas, que «decoran» la ciudad y que los habaneros llaman «matazones» no son únicamente para alimentos sino también para el ron —dos botellas por persona— y los cigarros —máximo una rueda por cliente—.

«Vi a dos mujeres casi despedazarse en la cola para comprar ron y a dos hombres acudir a las armas en la cola del pan», relató Pedro Manuel Vispo sobre una de las ocasiones en que tuvo que burlar el cerco, levantado en la mañana del pasado lunes, para una gestión bancaria.

«Cualquier mierda se ha convertido en un lujo, desde un cake hasta dos libras de papa. Por comprar dos latas pequeñas de atún te escanean el carnet de identidad y hasta la próxima semana no te puedes volver a pasar por la tienda. Yo quería que quitaran el aislamiento, pero entiendo a quienes dicen que habría sido mejor por la ventaja de evitarse las colas y la incertidumbre de que no puedas alcanzar el producto», dijo Vispo.

Para el joven informático David Serrano, «en Los Sitios se desarrolló una especie de síndrome de Estocolmo, aunque de alguna manera justificado». Aunque no era de los que abogaba por seguir «encerrado» reconoció que un número considerable de habitantes del barrio son de la tercera edad «y no tienen ya salud para andar de cola en cola».

«Que las personas prefirieran seguir en aislamiento, con apenas diez manzanas de movilidad, describe lo grave de la situación general en La Habana, y que el Estado no logra acertar con una sola estrategia nacional», concluyó Serrano.

TOMADO DE DIARIODECUBA

Share This
A %d blogueros les gusta esto: