En vez de arroz, en Camagüey se produce más incertidumbre y hambre para los cubanos

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‘Ni los huracanes han hecho tanto daño como la Tarea Ordenamiento’ en los arrozales cubanos, se queja un campesino. ‘Los surcos están desatendidos’.

Sembrado de arroz en Camagüey. ADELANTE

Los productores de arroz de Vertientes, Camagüey, nunca habían visto las «torceduras» económicas tan de cerca. Para ellos, la Tarea Ordenamiento impulsada por el Gobierno cubano es sinónimo de deudas, incertidumbre, escasez, precios abusivos y hambre.

En los campos del granero agramontino los guajiros andan de cabeza. Los ingresos y los gastos no dan la cuenta. Las nuevas tarifas llenan de preocupaciones. Por un lado, el banco se niega a financiar pérdidas; por el otro, el Ministerio de la Agricultura (MINAGRI) les traslada su ineficiencia.

Las demandas, unidas a las nuevas y acuciantes necesidades, han ido a parar al «saco» de las imposiciones agrarias, con el costo financiero y productivo que implican las decisiones de ordeno y mando para el sustento de las familias cubanas y el cultivo de las tierras.

Los arroceros en los lodazales de La Lima, El Alazán, Laguna de Guano y El Cenizo no han podido frenar con más trabajo el impacto de los precios fijados por el Estado cubano. Miles de campesinos, ilusionados al principio por la nueva fórmula, se sienten expoliados y sin alternativas.

Los costos de la preparación de las áreas, el agua, los productos químicos, el combustible y los lubricantes dañaron las campañas de frío y primavera.

El paisaje de la llanura camagüeyana alarma. En las fincas poco o nada crece en medio de una escasez que obligó a suspender la venta de arroz liberado. Mientras, en el mercado negro una libra se cotiza entre 35 y 50 pesos como promedio.

Los campesinos venden de todo para mantener a sus hijos

Aunque en su edición del 27 de febrero el periódico Adelante alertó sobre la gravedad de la situación y en el programa televisivo Mesa Redonda del día 17 del mismo mes se había informado sobre la disminución de los precios de los insumos, el MINAGRI no implementa las rebajas y los arroceros siguen ascuas.

Pasado mes y medio, la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Manuel Ascunce Domenech está prácticamente en quiebra y las trabas continúan comprometiendo la producción y la alimentación de los cubanos.

Varios productores confirmaron a DIARIO DE CUBA que en Vertientes no han llegado ni al 30% del plan de primavera, que incluye 1.955 hectáreas.

«No sabemos a dónde acudir, a quién alertar. Las cuentas no dan ni con las supuestas rebajas. Estamos desesperados», comentó Arturo Durán, presidente de la CCS, primera de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños en llegar a 100.000 toneladas de arroz en Cuba.

Para Alipio, de la junta directiva, «ni los huracanes han hecho tanto daño como el ordenamiento. Hay quienes vendieron los autos y otras propiedades para enfrentar la crisis. Jamás vi algo similar. Nadie escapa a la falta de solvencia. En unos meses habrá más hambre que arroz para distribuir a la gente«.

«Cegaron y engañaron a los trabajadores. Los surcos están desatendidos. Muchos ceban cerdos, venden madera y hacen queso para mantener a sus hijos. Conozco casos de arroceros subsistiendo del contrabando de carne de res y pescado», afirmó Lázaro, otro asociado.

Concluido el primer trimestre, el banco sigue sin aprobar un solo crédito porque los insumos y los servicios dan pérdidas en una CCS que en 2019 aportó 200.000 toneladas del cereal y este año puede caer en un 70%.

Al respecto, Rafael Miranda, administrador de una unidad básica de producción cooperativa, explicó: «El año pasado utilizamos los ahorros. Ahora estamos en bancarrota«.

«El precio del arroz ni siquiera lo duplicaron, mientras los servicios se multiplicaron hasta diez veces. La electricidad nos agobia. El combustible cuesta 16.200 pesos por caballería», enumeró.

En igual sentido Zorrilla, otro campesino, alertó: «Hay propietarios que quieren cambiar de cultivo. Los usufructuarios se están yendo en masa. No podemos producir con las manos atadas«.

«Las grandes empresas (estatales) aplastan a los productores. Así nunca despuntaremos. El disgusto es generalizado. Invertir lo poco que nos queda es muy arriesgado«, añadió.

«Aquí pagamos el doble del agua que utilizamos, porque la mitad se pierde en los canales. No es posible que un servicio tan ineficiente cueste 4,7 veces más que antes. A ese paso nadie trabajará en el campo», advirtió Llanes, también agricultor.

Lino, con casi medio siglo entre los espigales, explicó que «además del tiempo perdido, está el royo de los fertilizantes, en específico de urea, que puede comprometer hasta un 40% los rendimientos».

«No basta con variedades de ciclo corto, bioproductos, arroces de alto valor genético y cuantas mañas utilicemos. El financiamiento nos frena, al igual que la llega de los recursos fuera de tiempo. Eso nos obliga a trapichar para subsistir e intentar cumplir con el Gobierno«, dijo.

El Estado ignora a los productores

La Empresa Ruta Invasora y el banco siguen sin conciliar sus diferencias. Por cada mes de atraso se pierden 200 quintales de arroz. Acercándose la mitad de abril, nadie resuelve el tema de las tarifas y los préstamos. La cooperativa piensa en arroz, el Estado en dinero y los políticos en planes idílicos.

El tema no es de capricho, tampoco de sacrificio o de aplicar la ciencia y la técnica. El asunto es de economía. A los arroceros les resulta casi imposible sembrar a partir de los costos, la carencia de medios y la garantía de una buena cosecha para retribuir el adelanto y obtener un mínimo de ganancia.

Los cálculos no dan porque el país se asumió un rendimiento promedio de 1.340 quintales por caballería, cuando en Camagüey, con los recursos asegurados, es de 900 quintales y en unidades como El Cenizo no llega a 600.

Los Ministerios de Economía y la Agricultura de Cuba ignoraron la realidad de cada región, la calidad de las tierras y la opinión de los productores, quienes se quejan de que nadie les preguntó ni su ficha de costo, ni los promedios de sus cosechas.

Mientras el Gobierno cubano pondera la sustitución de importaciones, la producción de arroz permanece estancada. Para sufragar el gasto actual de una caballería se debe obtener un rendimiento de 1.300 quintales, cifra quimérica si se tiene en cuenta que en el 2020 el país logró 574 como promedio.

Cuba cultiva el 22% del arroz que consumen sus habitantes y no logrará revertir el panorama hasta que elimine esas y otras distorsiones, pues las plantaciones del Sur del Jíbaro y Yara, de las provincias de Santi Spítirus y Granma, presentan el mismo deterioro que las del territorio camagüeyano.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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