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En Santiago de Cuba falta todo este fin de año, menos Policía, represión y miedo

Centenares de efectivos del MININT y las FAR patrullan la ciudad cada noche y cualquiera puede ser considerado ‘sospechoso’.

Miembros de las Brigadas Especiales y la Policía destinados a vigilar las calles de Santiago de Cuba.  TELEVISIÓN DE SANTIAGO DE CUBA

Santiago de Cuba exhibe por estos días la imagen de las ciudades asoladas por las epidemias, el hambre y el acoso de las autoridades. Una fuerza integrada por unos 3.500 efectivos de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), alumnos de las escuelas militares, miembros las Brigadas Especiales y todas las direcciones del Ministerio del Interior (MININT), atemoriza a los habitantes del municipio más poblado de la Isla.

En lo que pareció ser una advertencia, la televisión local reportó la presencia de “soldados y oficiales” del MININT y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) “cada noche” en las calles de “diferentes zonas de la ciudad”. Su misión es “reforzar las medidas de vigilancia y patrullaje para el estricto cumplimiento de las medidas sanitarias por la Covid-19”; también “asegurar la tranquilidad y el orden interior”, indicó el reporte, publicado días antes de Navidad.

Para los santiagueros, esto se traduce en miedo. Según testimonios de residentes en la ciudad, al caer la noche comienza el patrullaje, que alcanza su clímax por la madrugada. A esas horas, cada persona en la calle se convierte en un enemigo potencial y es objeto de cacheo, supervisión y otros abusos impunemente.

Todos los barrios sufren la intransigencia. La militarización adolece de cordura y no admite cuestionamientos de ninguna índole.

Hasta el amanecer todo el que esté en la calle puede ser considerado sospechoso de querer sabotear la Tarea Ordenamiento apedreando instalaciones, colocando carteles, amotinando vecinos o cualquier otra idea infundada que se le ocurra a los piquetes de policías adoctrinados, prepotentes y corruptos.  

De Ferreiro, la Plaza de Marte, el Parque Céspedes, el Malecón, La Alameda y todas las avenidas ha desaparecido por completo la vida nocturna. Son contados los bares y paladares que logran reunir a cinco o diez clientes.

“Santiago parece una ciudad sitiada, arrinconada”, dijo Dayron al explicar por qué decidió no festejar la Nochebuena en el Bar-Restaurante ST Pauli, uno de los más concurridos de la demarcación.

Homero, de 52 años, cuenta que terminó esposado en la unidad de la Policía del Micro 9 porque desde que salió de su casa para ir al cuerpo de guardia del hospital provincial, donde se encontraba su hijo, le pidieron el carné para revisar sus antecedentes en más de ocho oportunidades, y al carpeta de la estación “le resultó sospechoso” que tantos policías lo detuvieran.

“En Santiago falta de todo, menos policía, miedo y mucha extravagancia socialista”, opinó Julio, uno de los porteadores privados que abandonaron las piqueras por el hostigamiento nocturno.

Para Sandra y Rogelio, “después de las 8:00 de la noche los jóvenes son tratados como presuntos disidentes”.

“Lo peor es cómo gritan que aquí la Policía no permitirá un plantón —como el del Ministerio de Cultura— ni las libertades que le consintieron en la capital al Movimiento San Isidro”, dijo la pareja.

“Así no hay quien viva. A la pandemia de coronavirus y la infección de dengue, se suman el hambre y la cacería de brujas”, consideró Lalo en el arrabal de Barracones, una zona de “tolerancia” para las prostitutas.

En el reparto Abel Santamaría, Alberto criticó “la imagen que dan los camiones atestados de policías, que es inapropiada y nada tiene que ver con garantizar la seguridad y la tranquilidad ciudadana”.

“Los carretilleros salíamos desde las 4:00 o las 5:00 de la madrugada a vender viandas y hortalizas, pero a raíz de este barullo comenzamos a trabajar con el sol afuera”, dijo Polito, quien también se quejó de los inspectores que les decomisan la mercancía y los persiguen.

“Todo eso contrasta con las tiendas desabastecidas, los mercados vacíos y los negocios clausurados por el aluvión de multas que les ponen a los trabajadores por cuenta propia, cuando lo estratégico sería estimular el trabajo y diversificar la economía”, apuntó Yusdenia.

Otros coincidieron en que hacía tiempo no se veía una ciudad tan deslucida y triste. Si la Iglesia Católica no hubiese colocado en la Catedral el nacimiento del niño Jesús y los adornos navideños, se podría afirmar que Santiago de Cuba no está en fin de año.

En un recorrido por las calles Heredia y Enramadas se pudo constatar que las tiendas, centros comerciales y otros establecimientos no colocaron los árboles de Navidad por indicación del Gobierno ante la necesidad de ahorrar combustible.

Tomado De DIARIODECUBA

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