En Santiago de Cuba, el mango sustituye al pan de la libreta para calmar el hambre

La ciudad de Santiago de Cuba, pese a ser la segunda de mayor importancia en el país, no deja de sufrir la misma escasez que acarrea el resto de la región oriental, históricamente considerada como el territorio más golpeado por el desabastecimiento, la miseria y las dificultades. A falta de pan, leche y proteínas, los tutores santiagueros han optado por hacer del mango el elemento clave en la dieta de sus hijos.

A pesar de que las frutas son muy saludables y aportan vitaminas al organismo, es una muy mala idea sustituir casi todos o todos los alimentos de una nutrición balanceada para un niño con ellas; el problema es que en Cuba no hay de otra. La situación de escasez afecta muchísimo a las jóvenes generaciones de ahora, pero los cubanos nacidos en las últimas 3 décadas tampoco estuvieron bien alimentados en su infancia.

Julio, padre de familia, aseguró que ni juntando su salario y el de su esposa les es suficiente para poder pagar 6 panes diarios a 12 Pesos Cubanos (CUP) cada uno, y mucho menos pueden pensar en adquirir un paquete de leche a 120.

Esta es la razón por la que prefieren comprar 15 mangos a 25 CUP. Contó que en el mes de mayo, el menú en su casa constó de quimbombó y chícharo para el almuerzo, y puré de calabaza y yogur para la cena.

Para colmo, los niños llevan alrededor de un año sin asistir a sus actividades educativas presenciales, por lo que las familias se deben encargar de su entera alimentación desde el hogar.

La esposa de Julio, Estrella, afirmó que el mango constituye el “salvavidas” de tantísimas familias que no pueden permitirse pagar los exorbitantes precios de los alimentos en el mercado negro para suplir el vacío que dejan las raciones de la libreta de abastecimiento cuando no alcanzan (que es siempre).

Gladis agradeció por la fortuna de que halla comenzado la temporada de mangos justamente cuando el Gobierno cubano anunció la drástica reducción en la venta de pan liberado.

Marbelis, por su parte, lamentó que no existan muchas más opciones en la ciudad que alimentarse con mango, porque comentó que ni una sopa se puede hacer, pues “no hay ni fideos, ni espaguetis, ni coditos, ni viandas, ni huesos que echarle”; solo berenjena y agua, pues hasta la sal se está vendiendo a tan altos precios que constituye un lujo.

Mientras la población intenta paliar la hambruna que se ha generalizado en la provincia (y en todo el país), la Policía ha incrementado su campaña represiva contra la población, decomisando mercancía de particulares.

Es cierto que el número de vendedores ilegales de mangos en las calles de la urbe ha crecido en las últimas semanas por el inicio de la cosecha de la fruta, pero las autoridades, en vez de encontrar una solución para acabar con la escasez o para aprovechar al máximo los recursos nacionales, prefieren perseguir la ilegalidad, la misma que impide por sí sola que la fruta se pudra en el campo.

René Uribazo, campesino de la cordillera de la Gran Piedra, confirmó que las grandes lluvias de los últimos días y las deficiencias en la reacción del Gobierno local y provincial, han logrado que miles de quintales de mangos maduros se hayan podrido.

La población tampoco recurre demasiado a los mercados estatales, donde se venden las frutas enteras, las lonjas y las latas de mermelada, por sus inaccesibles precios.

Desde comenzada la pandemia y las correspondientes crisis resultantes, el Gobierno cubano solo ha sabido imponer multas por todo tipo de actividad (ya sea laboral, recreativa o casual), mientras los cubanos se las están viendo negras para no morir de hambre.

Las autoridades insisten en sancionar toda variante que el pueblo idee para solventar sus necesidades y limita cada vez más el espectro de posibilidades y oportunidades.

La esperanza de ‘comer fuera’ también ha desaparecido, porque tanto la gastronomía estatal como la particular quedaron severamente mutiladas por la escasez y por la reducción de la venta de harina de trigo y pan liberado.

TOMADO DE CUBACUTE

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