En Cuba no hay caña de azúcar ni para hacer guarapo

La escasez del producto, que registró zafras catastróficas los dos últimos años, está afectando a toda una tradición cultural en la Isla

Guarapera en Infanta y Carlos III, en La Habana, completamente cerrada este viernes. (14ymedio)

La debacle del sector azucarero, que registró zafras catastróficas estos dos últimos años, está afectando a toda una tradición cultural en Cuba: las guaraperas.

En lugar de guarapo, este viernes, vendían jugo de mango en el local de Neptuno, entre Belascoaín y Lucena, Centro Habana. «No hay ni una cañita para moler», le dijo el empleado a un cliente que entró a refrescarse en mitad de la calurosa mañana en la capital. «Se ve que la zafra no ha dado ni para amarrar la chiva», comentó irónicamente el hombre, que tuvo que conformarse con un jugo de mango y lamentó que estuviera ácido.

No lejos de ahí, la guarapera situada en Infanta y Carlos III, una de las que más producto vende en la capital, despachándolo incluso por pomos, está completamente cerrada. Una anciana que se acercó a saciar la sed, dio media vuelta, decepcionada: «Esta Revolución no da ni azúcar, ni agua, ni hielos ni vergüenza».

El primer golpe lo recibieron las guaraperas a través de la higiene, con la falta del detergente para lavar los vasos. Luego, empezó a mermar el suministro de hielo y, más tarde, la caña

Tradicionalmente el guarapo ha sido una bebida para saciar la sed en medio de las altas temperaturas cubanas. Servido con abundante hielo, ayuda a refrescar, además de brindar la suficiente energía para seguir camino. Sin embargo, también es un líquido frágil, que se pone rápidamente ácido y que hay que consumir nada más molerse la caña.

Las guaraperas eran muy frecuentes en La Habana, pero en los últimos años fueron desapareciendo y, actualmente, solo quedan unas pocas dispersas por la ciudad. Dado su rápido deterioro, el guarapo no se vende de manera ambulante ni tampoco se guarda en latas o pomos. Aunque en otros países se ha logrado preservarlo en envases, en Cuba sigue siendo una bebida efímera.

Por ello, acudir a una guarapera era, además de una necesidad para aliviar la canícula, toda una experiencia cultural. El trapiche aplastando las cañas, el líquido entre amarillo y lechoso saliendo de los tallos, los fragmentos de hielo servidos ruidosamente en los vasos que luego se rellenaban de una bebida espumosa y dulce. El primer sorbo era como una sacudida energética que recorría el cuerpo.

El primer golpe lo recibieron las guaraperas a través de la higiene, con la falta del detergente para lavar los vasos. Luego, empezó a mermar el suministro de hielo y, más tarde, la caña. Los apagones han dado el puntillazo final a muchas de estos locales que necesitan electricidad para sus trapiches. En los mostradores donde hace unos años se veían clientes impacientes mientras veían el guarapo brotar de aquella molienda ahora solo quedan moscas y silencio.

TOMADO DE 14YMEDIO

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