En Cuba, ‘mejor confiar en un milagro de la Virgen de la Caridad que en el desorden del Gobierno’

Por tercera ocasión en menos de una década se suspendió en Santiago de Cuba la peregrinación hasta el santuario de El Cobre.

Cubanos saludan al paso de la Virgen de la Caridad del Cobre en Santiago de Cuba. ARZOBISPADO DE SANTIAGO DE CUBA

Por tercera ocasión en menos de una década se suspendió en Santiago de Cuba la peregrinación hasta el Santuario de la Virgen de la Caridad de El Cobre y otras procesiones con que los fieles llegan hasta la ermita y celebran cada 8 de septiembre el día de la Patrona religiosa de la Isla.

Al amanecer del martes, efectivos de la policía y las brigadas especiales rodearon la terminal de Calle 4 y el resto de los sitios donde la población se concentra para salir hasta el templo, asistir a las misas y depositar ofrendas.

El pretexto oficial fue la pandemia de Covid-19, pero en la mente de muchos estaban también las masivas protestas del 11 de julio y la sospecha de que el Gobierno teme a que las aglomeraciones propicien nuevas manifestaciones.

En el punto de control aledaño a la localidad de Melgarejo y otros activados al efecto, la policía evitó la llegada de los devotos y dispersó a los familiares de los detenidos a raíz de las protestas del 11J, que intentaban llegar hasta la ermita para orar por los prisioneros y exigir justicia.

Bajo la amenaza de acusarlos de «propagación de epidemias» las autoridades disuadieron a los religiosos que, como Alina, alagaban que «las misas se realizarían con menos del 30% de la capacidad del santuario y que, a diferencia de otros años, no serían trasmitidas por los medios y las redes sociales».

El ambiente mostraba las posiciones encontradas. Por una parte, los representantes gubernamentales esgrimían que la provincia atraviesa el peor momento de la crisis sanitaria. Por la otra, los fieles defendían que, como mismo se autorizan actividades políticas, no se debía impedir la presencia ordenada del pueblo en la importante efeméride religiosa.

Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cubaofició la misa a la «Reina y Madre» de los cubanos en el Santuario de El Cobre, donde pidió por la salud de los enfermos y rogó por humanizar la estancia de los hospitalizados.

Al referirse a la situación epidemiológica, el prelado intercedió por los cerca de 100.000 habitantes ingresados en escuelas, oficinas, almacenes, hoteles e instituciones asistenciales; también, por la pronta recuperación de los enfermos de coronavirus que luchan por su vida.

En la homilía, García Ibáñez recordó parte de su mensaje del mes de julio, en el que convocó a la concordia y sugirió que las diferencias «se resuelvan a través del diálogo, de la misericordia y del perdón, y nunca con la violencia y la intolerancia».

El resto de las iglesias de la segunda ciudad en importancia del país abrieron sus puertas y acogieron a una representación de su cofradía, a tono con las medidas sanitarias establecidas por el Gobierno.

DIARIO DE CUBA constató que en cada banco de los templos estaban sentados una o dos personas, mientras que los pasos podálicos y el resto de las normas se cumplían, un ejemplo frente al desorden y las aglomeraciones que propicia el Estado en tiendas, bodegas y otros establecimientos.

Previo a la conmemoración, la Iglesia Católica sacó a la Virgen Mambisa, una réplica de la Virgen de la Caridad de El Cobre que tiene su sede en la Iglesia de Santo Tomás, en recorrido por barrios y comunidades de Santiago de Cuba.

A su paso, el pueblo coreaba el Ave María y se sumaba a las súplicas sanitarias en favor de un territorio en el cual, según Francisco Durán, director nacional de Epidemiologia, hasta el cierre de agosto habían fallecido 378 personas y más de 50.000 se habían contagiado con el Covid-19.

Unos persignándose y otros de rodillas saludaban la imagen de la virgen, que pasaba frente a ellos transportada en una camioneta del arzobispado.

Hortensia, una abuela que imploraba por la vida de su nieto, dijo que confiaba más «en la capacidad milagrosa de la virgen, que en el desorden del Gobierno».

Las celebraciones litúrgicas se realizaron en medio de tensiones entre la Iglesia Católica y el Estado.

Fresco en la memoria está el comunicado en el que la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba dijo que «las crisis no se superan con el enfrentamiento, sino procurando un entendimiento» y añadió que las protestas del 11 de julio expresaron «el deterioro de la situación económica y social que vive nuestro pueblo y que se ha acentuado de manera significativa».

En víspera de las celebraciones, la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista suspendió la misa que debía oficiar el sacerdote Castor José Álvarez Devesa en Vertientes, Camagüey, en represalia a su participación en las protestas de julio, donde fue golpeado y detenido por la policía política.

El padre Castor Álvarez y otros sacerdotes católicos han criticado con dureza en los últimos meses la grave crisis económica y sanitaria en la Isla y la respuesta represiva del régimen al descontento de los cubanos.

La Virgen de la Caridad (a la que los cubanos llaman cariñosamente Cachita) es un símbolo que trasciende del ámbito católico a la cultura e historia del país.

Hasta la implementación de las medidas de restricción, el Santuario de El Cobre era visitado semanalmente por miles de devotos que llegaban con girasoles, rosas amarillas y otras ofrendas.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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