‘En Cuba conocí a trabajadoras sexuales psicólogas, médicas’… ninguna puede defender sus derechos

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‘Hay una negación en Cuba de las trabajadoras sexuales y eso lo único que hace es perjudicarlas mucho más’: La secretaria ejecutiva de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe, Elena Reynaga, conversa con DIARIO DE CUBA.

Elena Reynaga, secretaria ejecutiva de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex)

«No soy puta, no soy prostituta, no soy trapo ni jinetara. No soy cuero, no soy meretriz ni ramera. (…) Soy una mujer trabajadora. Soy trabajadora sexual», así comenzaba la intervención de Elena Reynaga, secretaria ejecutiva de la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex) en el Foro de Enfermedades de Transmisión Sexual y VIH en 2003. El evento se realizó en La Habana con la presencia del fallecido Fidel Castro, quien en 1968 había dado por erradicada la prostitución en Cuba

Elena Reynaga nació en Argentina en 1953 y se inició en el trabajo sexual antes de cumplir 20 años, durante el Gobierno peronista.

«Trabajé desde los diez años en diferentes cosas: fui mucama, niñera, trabajé en fábricas (…). Luego me casé muy jovencita, tuve mis dos hijos y empecé a trabajar de cocinera. Un buen día me cansé de ganar dos pesos con 50 y trabajar diez o 12 horas por día, y de sentirme nada (…). Empecé a trabajar de bailarina en un cabaret y después decidí trabajar en la calle, porque en el cabaret me explotaban, se quedaban con parte de mi ganancia y, sin embargo, en la calle, trabajando autónomamente, lo que gano es mío«, cuenta Elena Reynaga a DIARIO DE CUBA. 

Eran los momentos de la dictadura militar en Argentina y Elena Reynaga pasaba un promedio de ocho meses al año detenida, por el mero hecho de pararse en una esquina. Por eso decidió irse a trabajar a España. Regresó a su país en 1991.

«En el 92 decidí no ir más a España porque me costaba mucho trabajar con condón. Yo era la chica del condón y me había bajado mucho el trabajo. Argentina se estaba poniendo de pie en términos económicos. Pero siempre teníamos la represión policial encima».

Mientras estaba en un calabozo, con un par de compañeras, decidió que algo tenían que hacer. «Porque las mismas personas que nos habilitaban para trabajar, a cambio de dinero, que eran de la fuerza de seguridad, eran las que nos llevaban a patadas a los patrulleros«.

Así empezaron a organizarse, en 1994, para que dejaran de llevarlas presas, y nació la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR). En 1997, Reynaga fue miembro fundadora de la Red TraSex, que incluye a trabajadoras sexuales de 14 países. 

Cuba no forma parte de la Red. Las trabajadoras sexuales cubanas no están organizadas para defender sus derechos.

«Hay una negación hasta el día de hoy en Cuba de las trabajadoras sexuales. El negar lo único que hace es perjudicar mucho más a las trabajadoras sexuales. Yo he hablado con mucha gente allí y dicen ‘acá no está permitido, no está concebido en la cultura de los cubanos y más que nada de los gobernantes, porque Cuba es una excelencia en Educación’Yo conocí a trabajadores sexuales psicólogas, médicas«, recuerda Reynaga.

«Cuba es muy machista«, afirma la argentina, para quien «una cosa es la Revolución y otra cosa es el machismo».

«Está en su pleno auge el machismo en Cuba. Entonces, a mí me dijeron ‘está bien que en Latinoamérica estén organizadas, porque son pobres, porque no están educadas, porque tienen necesidades’. Pero las cubanas también tienen necesidades de vivir en otras condiciones, de trabajar con libertad, de que nadie se les quede con el dinero». 

«Yo se lo dije a un compañero de la central obrera ahí en Cuba. Pero bueno, hasta que no haya compañeras que se echen la lucha encima, no puede ir una argentina a decirles lo que tienen que hacer, ni a las cubanas ni al Gobierno cubano. Nunca voy a hablar mal de Cuba. El gran problema que tiene es el bloqueo», opina Reynaga.

Sin embargo, los problemas de las trabajadoras sexuales cubanas no difieren mucho de los de sus iguales en América Latina. En tiempos de Covid-19, sus dificultades han aumentado.

«Durante la pandemia, todas nos hemos visto entre la espada y la pared porque aumentó la persecución policial contra nosotras. Mientras se permitía abrir playas, bares y restaurantes, a nosotras nos impedían siquiera salir a la calle», contaba en febrero a DIARIO DE CUBA Sandra, trabajadora sexual y madre soltera de dos hijas.

En la pandemia, la Red TraSex pudo proporcionar ayuda a muchas trabajadoras sexuales de los países que integran la Red.

«Todo el dinero que nosotras solemos gastar para hacer incidencia política a nivel regional y mundial, viajar, hacer talleres presenciales en algunos países, monitorear, en fin, todo lo que hace la Red, se dividió a partes iguales y se envió a las instituciones de los 14 países que forman parte de la Red«, explica Reynaga. 

«Las compañeras hicieron dos cosas: lo primero comprar mercadería, víveres y todo eso para dar a las que podemos. No le podemos dar a todas porque hay miles de trabajadoras sexuales en cada uno de los países y económicamente era imposible. Y luego, contratar a un comunicador para que enseñara a las compañeras a usar las redes sociales«.

«¿Para qué? Pues primero para visibilizar al mundo entero que no había ningún Gobierno en América Latina y el Caribe que tuviera alguna política pública que beneficiara a las compañeras y cuánto daño estaba haciendo y hace la clandestinidad en la vida de las trabajadoras sexuales, cuando el trabajo sexual no es reconocido«.

«Las compañeras usaron las redes para hacer campañas en sus países para seguir recolectando hasta el día de hoy mercadería de organizaciones, de diputadas, diputados, gente que (…) sabe la lucha que llevamos».

«Y después lo que seguimos haciendo es capacitar intensamente a las líderes. Lo que hacíamos antes de manera presencial hoy lo hacemos virtualmente». También «continuamos participando activamente en la OEA (Organización de Estados Americanos)la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) y en los distintos espacios en los que hacemos incidencia política, con algunas dificultades, por supuesto».

«Antes, me encontraba con mi canciller o los cancilleres en la OEA en los pasillos, y entonces podés ahí hablar con ellos, incidir. Ahora, de manera virtual, no fue posible eso. Ahí creo que retrocedimos, no solamente las trabajadoras sexuales, sino todos los movimientos sociales, porque no tuvimos la oportunidad de hablar más de frente con los gobiernos».

Las dificultades de las trabajadoras sexuales no acabarán con el final de la pandemia. Seguirán obligadas a trabajar en la clandestinidad y perseguidas por la Policía. 

«Nosotras lo que hacemos es vender un servicio sexual. Somos mujeres y hombres mayores de edad que estamos haciendo esta profesión por consentimiento propio. La ilegalidad nos sume en una profunda desigualdad, en una profunda injusticia. Gracias al no reconocimiento del trabajo sexual —hablo por lo que conozco en América Latina—, los patrulleros violan a mis compañeras, la Policía les saca el dinero. Nosotras pagamos ‘impuestos’, que es lo que le pagamos a la Policía, pero ese impuesto jamás se va a traducir en una política pública».

«Nosotras decimos sí al reconocimiento del trabajo sexual como trabajo; queremos pagar impuestos, pero que realmente se traduzcan en políticas públicas para nosotras».

Elena Reynaga no se considera una víctima ni se siente culpable. «No voy a decir que hice esto por necesidad, porque era pobre, porque yo hipócrita no soy. Yo soy trabajadora sexual porque entre ir a trabajar como cocinera o lavar platos y hacer esto, decidí ser trabajadora sexual porque me redituaba alquilar una casa, vivir sola con mis hijos, tener lo que aspira a tener cualquier trabajador o trabajadora de este país». 

En 2009, la legislatura de Buenos Aires reconoció a Reynaga como Personalidad Destacada en la Lucha por los Derechos de las Mujeres. En 2014, el Senado argentino reconoció su liderazgo en la lucha contra la discriminación y el estigma. En 2016, fue elegida para integrar el Consejo Asesor de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

TOMADO DE DIARIODECUBA

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