“Cuba y su economía se encuentran al borde del precipicio, y eso es responsabilidad del Gobierno”, sostiene el destacado economista.

Elías Amor, economista cubano

MIAMI, Estados Unidos. – El próximo 27 de noviembre entrará en vigor una nueva sanción de Estados Unidos contra el régimen cubano, mediante la cual se intenta cortar otra de las fuentes de ingreso que sostiene la maltrecha economía de la Isla. Desde ese día, la Administración Trump prohibirá el envío de remesas a Cuba a través de Western Union, cuya contraparte en Cuba es Fincimex, una empresa controlada por los militares. 

Aunque el país atraviesa por una grave crisis económica, las disposiciones de sus gobernantes no han sido de apertura y flexibilización, sino de mayor control y represión. En medio de este escenario llega la nueva medida de la Administración Trump, que afecta a la mayor compañía de envíos de remesas a Cuba. Una parte de la comunidad cubana apoya la nueva sanción, mientras que otra parte cuestionan las medidas al alegar que es el pueblo, y no el Gobierno, el que sufre las mayores consecuencias.  

CubaNet contactó con el destacado economista cubano radicado en España Elías Amor, también presidente del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), quien ofrece sus opiniones sobre el tema.   

―¿Podría sintetizar la situación actual de la economía cubana?

―La economía cubana, según datos recientes de la CEPAL, registra una caída del -8% del PIB, inferior a la media de América Latina y Caribe situada en el -9%. Este derrumbe (que posiblemente será superior) viene provocado por los efectos de la pandemia y la paralización de la actividad interna y externa (caída del turismo, las exportaciones de bienes, menos remesas). Pero a diferencia de otros países, la economía cubana ya se encontraba en una difícil situación a finales de 2019 (entonces el crecimiento era del 0,5%, prácticamente estancada). De modo que la situación actual ha venido a empeorar los problemas de fondo, que no son otros que los derivados del agotamiento del modelo económico.

―¿Cuál ha sido el impacto de las medidas de la Administración Trump contra el régimen castrista?

―La Administración Trump ha ido desmontando todo el aparato de beneficios y prebendas que Obama había puesto en marcha hacia el régimen castrista, regresando a una situación como la que había antes del inicio de relaciones entre los dos países. Estas medidas se han dirigido a presionar al aparato militar y de Seguridad del Estado, para alejar los fondos procedentes de EE. UU., que son muchos y muy variados, de sus empresas y negocios. En algunos casos, han tenido éxito, en otros menos. Cuba continúa comerciando libremente con todos los países del mundo, recibe inversiones extranjeras e incluso no devuelve préstamos al Club de París, lo que no está al alcance de cualquier país, que habría sido objeto de sanciones de manera inmediata. Incluso, se permite el lujo de comprar carne de ave, cereales y equipamientos médicos a Estados Unidos y pagar al contado. Lo ha estado haciendo durante 2020. Este no es el comportamiento de un país embargado o bloqueado.

¿Cómo afectará al régimen la prohibición del envío de remesas a través de empresas a cargo de los militares?

―Las remesas seguirán llegando a la Isla, ya sea por empresas de militares, o en el bolsillo de las mulas. Un cubano que tiene a su madre o su hermano en Cuba, pasando sacrificios reales, si puede, mandará dinero para que tengan un respiro. Son razones humanitarias. Esto es ético y, además, el caso cubano es distinto al de otros países en los que también existen remesas (Ecuador, República Dominicana o México). La diferencia de Cuba con estos países reside en que las remesas que se remiten a la Isla no se pueden dedicar libremente, por ejemplo, a invertir en activos, como tierras, negocios o viviendas. Y esto es responsabilidad del régimen. Las remesas tampoco se pueden gestionar por operadores privados, y eso también es responsabilidad del régimen. Siempre es el régimen el que obstaculiza los espacios de libertad económica. 

―¿Cuáles cree que serán las acciones del régimen, tomando en cuenta su mentalidad, para hacer frente a esta nueva medida? 

―El régimen siempre hace lo que le da la gana, porque no responde ante una oposición parlamentaria y unos medios de prensa libres que lleguen a todos los cubanos, como ocurre en los países democráticos. En realidad, se ha dado cuenta que necesita las remesas y hará lo que sea para que continúen llegando a la Isla. Buscará otras fórmulas, pero eso en Cuba es complicado, ya que todo el sector externo de la economía está en manos de los militares y la Seguridad del Estado. La solución que yo propongo es liberalizar la gestión de remesas y autorizar a emprendedores privados a tramitar la recepción y entrega de las mismas. Esto será posible con la unificación monetaria y cambiaria, cuando el CUP cotice directamente con el dólar. Es de suponer que el régimen permita a todos los cubanos acceder a los cambios de divisas sin controles. Aquí habría una gran oportunidad para el futuro del sector privado en Cuba.

Los medios oficialistas solo dicen que Estados Unidos eliminó el envío de remesas, pero no mencionan que la medida solo afecta a las compañías controladas por los militares. Desde el anuncio de la sanción hasta su puesta en práctica, el régimen tendrá 30 días para cambiar la ruta de las remesas. ¿Cree que La Habana utilizará esta medida como otra excusa para justificar la grave situación que atraviesa el país?

―Bueno, ya lo está haciendo, a tenor de las informaciones en la prensa oficial y los tuits oficiales de los ministros de Economía, Exteriores, etc. Creo que se equivocan si vuelven a buscar soluciones “estatales” para las remesas. Lo mejor, lo más adecuado, es pasar este negocio de las remesas al sector privado, que cubanos de Miami puedan establecer acuerdos con emprendedores privados de la Isla y que entre ellos gestionen este negocio que ronda los 2.000 millones de dólares. Al régimen lo que le interesa realmente no es la intermediación en ese volumen de dinero, sino que se gaste principalmente en las tiendas en MLC donde los márgenes de venta son mucho más elevados. Aquí existe una oportunidad real de abrir espacios a la actividad económica privada en Cuba.

¿Considera que el régimen permitiría a Western Union (WU) establecer relaciones económicas directamente con empresas independientes?

―Ese sería mi planteamiento. Y no solo con WU, lo ideal es que aparecieran pequeñas empresas formadas por cubanos de un lado y de otro para dar el mejor servicio a los emisores (con bajos costes de envío) y a los receptores, con una entrega rápida y eficiente. Si el régimen es capaz de entender que con este modelo puede mantener a salvo su negocio en las tiendas en MLC, la iniciativa privada en Cuba habría dado un gran paso adelante en la recuperación de las libertades económicas. En unos años, hablamos.

―¿Qué medidas deberían implementarse en Cuba para sacar adelante la economía y revertir su carácter parásito?

―La agenda para el cambio económico está clara. Lo primero y fundamental es restablecer un marco jurídico estable para el ejercicio de los derechos de propiedad por todos los cubanos. Acabar con el modelo estatal, haciendo que los recursos y factores de producción pasen al sector privado, mediante procesos de privatización transparentes y respetuosos con la legalidad internacional, avalados por organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. 

Después, el mercado como instrumento de asignación de recursos debe pasar a ocupar el papel que le corresponde sustituyendo a la obsoleta planificación central. A partir de ahí se necesita una ley de empresas, que permita libremente a los cubanos crear sociedades mercantiles que compitan libremente en el mercado para ganar dinero, acumular riqueza y generar empleo. 

Todo ello, acompañado de reformas presupuestarias que reduzcan la fiscalidad que recae sobre los emprendedores privados, que controlen el despilfarro de gastos innecesarios e improductivos (los subsidios y las gratuidades) a la vez que promuevan una colaboración efectiva pública y privada en el ámbito de la sanidad, la educación, la construcción de infraestructuras o la vivienda, por ejemplo. Hay mucho que hacer en materia de digitalización, energías renovables, comercio exterior. 

¿Cree que la aplicación de nuevas sanciones por parte del Gobierno estadounidense, si Trump es reelecto, podría generar el colapso total de la economía cubana?

―El colapso de la economía cubana no depende de Trump, ni tampoco de Borrell, ni de Maduro o Morales. Es inminente, si no hay una reacción de las autoridades. Cuba y su economía se encuentran al borde del precipicio, y eso es responsabilidad del Gobierno. Los cubanos no podrán resistir otro “período especial”, pero se están dando pasos directos hacia dicha situación. ¿Por qué digo esto? Porque el régimen se resiste a abrir espacios para la libertad económica, no entiende que las soluciones estatales, consistentes en más planificación e intervención en la economía, están obsoletas, y que hay que abrir puertas y ventanas para que el sector privado lidere la actividad económica, como en el resto del mundo. Sueño con una Cuba económica libre, que siente las bases para las libertades políticas y democráticas. Si el régimen no admite lo primero, será muy difícil lo segundo. Tenemos que aprovechar la situación actual para que los emprendedores privados cubanos aumenten su poder e influencia. 

Tomado De CUBANET

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