El vocero del régimen cubano Michel Torres Corona llama a ‘reprimir con toda la furia de la Revolución’

‘Decir que en Cuba hay un bloqueo interno es un razonamiento falaz’, dice el conductor del programa de la televisión estatal ‘Con filo’.

El vocero del régimen cubano Michel Torres Corona en una emisión del programa ‘Con filo’. CAPTURA DE PANTALLA/PROGRAMA ‘CON FILO’

El vocero del régimen cubano Michel Torres Corona, conductor del programa de la televisión estatal Con filopasó de defender la represión del disenso a llamar directamente a ejercerla, en un artículo publicado en el órgano oficial del Partido Comunista, Granma.

«Decir que en Cuba hay un ‘bloqueo interno‘ es un razonamiento falaz», sostuvo Torres Corona, pese a reconocer «errores» y «malas prácticas institucionales» que «entorpecen o frenan el desarrollo económico y social de Cuba».

Mencionó además «la posible desidia de alguien, la escasa preparación que pueden tener algunos cuadros» y «los casos puntuales de corrupción» a los que, suman «las trabas burocráticas». 

Sin embargo, según él, ninguno de esos elementos debe colocarse en el mismo plano «la agresión premeditada e ininterrumpida de Estados Unidos contra nuestra nación durante décadas».

Al igual que Bruno Rodríguez en su intervención ante las Naciones Unidas contra el embargo, Torres Corona obvió la ayuda humanitaria de emergencia al pueblo cubano para que se recupere de los estragos provocados por el huracán Ian, anunciada por la Casa Blanca, y el envío de equipamiento especial de protección para bomberos tras el incendio ocurrido en la Base de Supertanqueros de Matantzas, por parte de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).

Torres Corona tampoco hizo alusión al hecho de que las donaciones humanitarias de EEUU a Cuba entre enero y agosto de 2022 superaron las de todo 2021, al contabilizar en esos ocho meses 12.140.977 dólares, frente a los 11.074.090 de los 12 meses del año anterior. 

Quizás, el motivo es que tales cifras ponen en entredicho las acusaciones de La Habana en torno al embargo de Washington como causa principal de las penurias que viven los cubanos.

En opinión de Torres Corona, el liberalismo «no tiene nada bueno que ofrecerle a Cuba: sus promesas de desarrollo suelen venir acompañadas de mucha desigualdad».

«El Estado puede y debe ejercer su poder para limitar al máximo esas brechas de inequidad, para controlar que las apetencias mercantiles de nuestras empresas, ya sean estatales o privadas, nunca se divorcien de los objetivos que perseguimos como país», señaló.

Para el vocero, quienes aspiran a «una acumulación de riqueza desmedida», siempre verán tales regulaciones como trabas y, por tanto, deben ser expropiados, multados y reprimidos.

Según él, los tiempos modernos llaman «a regular con tino e inteligencia». Si el lector no comprende en qué consisten el «tino» y la «inteligencia» de los que habla Torres Corona, él lo explica con claridad: «expropiar al latifundista y a sus homólogos, a multar a los especuladores; a reprimir con toda la furia de la Revolución a los enemigos del pueblo, al oportunista que medra con su cargo y al nuevo rico que quiere hacer de Cuba un país ‘normal'».

La normalidad que muchos cubanos quieren llevar a su país y que consiste en el ejercicio libre de los derechos políticos, sociales y económicos, no es concebible para Michel Torres Corona, como reflejan sus palabras.

Como suelen hacer los voceros del régimen cubano, en aras de proveer su discurso de una supuesta legitimidad, Torres Corona citó parte una del discurso pronunciado por el difunto Fidel Castro durante la primera Asamblea de los Comités de Defensa de la Revolución, en la Plaza de la Revolución, el 28 de septiembre de 1961.

De acuerdo a Torres Corona, Fidel Castro dijo que la Revolución no se hizo para mantener un estándar de lujo, sino «en favor de aquella capa inmensamente mayoritaria de la nación que ni tenía casas ni centros de recreo ni escuela ni viajes a Europa ni a Estados Unidos, que no tenía máquinas lujosas (…) la gran capa que no tenía ayuda, no tenía hospitales, no tenía en muchos casos ni el pan de cada día asegurado para sus hijos».

El vocero Torres Corona no tuvo en cuenta que 61 años después, la inmensa mayoría de los cubanos no tiene casas ni centros de recreo, ni viajes a Europa ni a Estados Unidos, excepto como mulas o emigrantes que emprenden travesías peligrosas para prosperar y ayudar a sus familias.

Las escuelas y los hospitales a los que accede esa inmensa mayoría, que tampoco tiene «el pan de cada día asegurado para sus hijos», están en pésimo estado. No hay medicamentos y los propios médicos recomiendan a los enfermos no ingresar, como han contado varios ciudadanos a DIARIO DE CUBA

Esos privilegios de «máquinas lujosas» y «centros de recreo» están reservados una pequeña élite, de la que forman parte Antonio y Sandro Castro, hijo y nieto, respectivamente, del fallecido Fidel Castro.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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