El verano de los cubanos sin MLC ni remesas

‘Este país solo sirve para venir de visita y con dinero para poder disfrutar. El que se queda se jode’, lamenta un estudiante.

Cubanos en una playa de Holguín. O. RAMÍREZ ÁLVAREZ DIARIO DE CUBA

El verano comenzó oficialmente en Cuba el pasado 2 de julio. Esta es una etapa del año en la que, como ocurre en todo el mundo, la mayoría de las familias trata de tomarse un descanso de las actividades docentes y laborales, disfrutar de ríos y playas, viajar a visitar allegados en otras provincias y, en muy pocos casos, cuando las condiciones financieras lo permiten, hacer turismo.

Este año el verano será sin restricciones por el Covid-19, que no se ha extinguido, pero se mantiene en niveles controlables, o al menos eso dicen los datos oficiales. No obstante, permanece la calamidad mayor, la crisis del sistema estatal socialista planificado, que nada tiene que ver con la del resto del mundo y que signa el nivel de disfrute o acceso al disfrute de las familias.

«Si no llega a ser porque en la televisión están anunciando el verano como algo extraordinario, ni cuenta me hubiera dado de que estamos en esa etapa. ¿A quién se le va a ocurrir ningún tipo de diversión con esta situación que estamos viviendo, sin corriente, sin azúcar, sin aceite, sin nada? No hay tiempo para eso cuando se tiene la cabeza hecha agua buscando el día a día», comenta a DIARIO DE CUBA Ismaray, una madre holguinera para cuya familia el verano no pinta bien.

«Incluso los niños todavía están en la escuela. ¡Qué verano ni ocho cuartos! ¡Esto es la caldera del infierno lo que estamos viviendo! Además, con qué dinero uno va a salir a ningún lado. Todo es en MLC y, lo que no, es más caro todavía, porque son las cosas de MLC revendidas. Hay que tener familia fuera que te mande dólares. No hay de otra y yo no tengo», lamentó.

Dania y Rafael tienen más suerte, pasarán un fin de semana en la playa de Guardalavaca alojados en un hotel pagado por su hija que emigró a Texas. «Mi niña se fue para eso, para que estuviéramos bien aquí. Está bailando en el tubo allá, se sacrifica por nosotros y por su hijo que lo tenemos aquí. No nos falta nada gracias a ella», dice Dania.

«Siempre nos paga todo lo que necesitemos, medicamentos, comida, todo. Incluso unas vacaciones buenasVamos de vez en cuando a las piscinas de los hoteles, y estamos gestionando también en el campismo, que ahora es carísimo», añade.

«La verdad es que, si no tienes quien te lo pague desde afuera, es imposible con lo que se gana aquí. Mi esposo es jubilado con 1.540 pesos al mes. Eso solo alcanza, a duras penas, para pagar la corriente. Este país está diseñado para los que reciben remesas, por suerte estamos en ese grupo», explicó.

Pero la vida de Javier, un joven de 21 años, está, como la de la mayoría, en el extremo opuesto. «Aquí no hay diversión ni vida de ningún tipo. Terminé el pre (universitario) y me llegó una carrera de ingeniero hidráulico en Santiago de Cuba, y lo dejé. Muchos lo están dejando porque no se ve futuro para el que estudia. Todos piensan en hacer negocios para reunir dinero e irse. En más nada».

«¿Qué diversión hay aquí? ¿A dónde se puede ir con lo caro y malo que está todo? ¿Qué posibilidades tiene un joven de tener lo que necesita e ir a un lugar a divertirse un poco siendo estudiante o trabajando con el Estado, aunque sea profesional? Absolutamente ninguna. La juventud no es boba, este país solo sirve para venir de visita y con dinero para poder disfrutar. El que se queda se jode y se le va la vida sin verla pasar», aseveró el joven.

El pasado 3 de julio, Miguel Díaz-Canel, responsable oficial de la política de «continuidad» del mismo sistema que nos condujo a la crisis, exhortó a los cubanos por Twitter a «buscarle y encontrarle los encantos a este tiempo de calor intenso». Muchos lo tomaron como una burla. Entender al gobernante se hace muy difícil para el cubano de a pie, sin electricidad, ni transporte, ni alimentos ni dinero suficiente para pagar los altos precios que genera la inflación.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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