El sueño roto de un cubano que vendió todo para «escapar de este desastre de país»

No podrá volar porque Costa Rica impuso repentinamente un visado de tránsito

La situación ante la embajada de Costa Rica en La Habana hizo que el cónsul saliera a calmar los ánimos. (Captura)

«La protesta fue disuelta de una manera pacífica entre comillas: no hubo agresión ni uso de la fuerza, pero sí hubo una negativa total a que permaneciéramos ahí». Eliécer, de 34 años, es uno de los cubanos que este lunes se manifestaron frente al consulado de Costa Rica en La Habana tras el anuncio de esta nación de exigir un visado de tránsito a los viajeros en camino a un tercer país. «Había caballitos, policías, custodios, fuerzas represivas», describe, tal y como constató este diario.

Eliécer se desempeñaba como guía turístico hasta que, en 2017, tuvo un encontronazo con un policía. Desde entonces, su vida se convirtió en una presión constante. «Me empezaron a controlar las redes, a citarme, a visitarme, me prohibieron ejercer mi trabajo», cuenta a 14ymedio. «Dada mi negativa a aceptar ningún chantaje, mi vida y la de mi familia se convirtió en una incertidumbre constante y tomé la decisión de largarme».

La vía sería, claro, Nicaragua, que el pasado noviembre decretó el «libre visado» para los cubanos. Para ello, Eliécer vendió todas sus pertenencias, entre ellas, su motorina, su split, su lavadora automática y, lo más doloroso para él, una colección de camisas, que atesoraba como piedras preciosas. «Quizá suene risible, pero para mí no lo es», se disculpa.

«Las personas que habían sacado su dinero para cambiar dólares estaban en un limbo», explica, «porque no tenían cómo demostrar solvencia económica»

El joven compró su boleto el 29 de enero, a través de un gestor, por Copa Airlines y Avianca, cuyo trayecto duraba en total 32 horas y hacía tres escalas entre La Habana y Managua: Panamá, Costa Rica y El Salvador. Pagó por ello 3.600 dólares.

Aunque Costa Rica anunció la exigencia de visa de tránsito el pasado jueves, Eliécer se enteró el fin de semana, «días inoperantes en términos de solución de papeles». El joven lamenta que para solicitar ese documento migratorio, las autoridades costarricenses «piden una cantidad de requisitos risibles, porque nosotros no vamos ni siquiera a entrar a territorio nacional». Por ejemplo, un estado de cuenta bancaria, que él solo pudo sacar este lunes, y un certificado de antecedentes penales, que se enteraron al llegar a la sede diplomática de que no servía si no estaba legalizado por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

«Las personas que habían sacado su dinero para cambiar dólares estaban en un limbo», explica, «porque no tenían cómo demostrar solvencia económica».

Todo ello provocó malestar en la multitud congregada en la Quinta Avenida, entre 66 y 68, en Miramar. La situación hizo que el cónsul saliera a calmar los ánimos, refiere Eliécer. «Dio una respuesta bastante vaga y justificatoria de que no era responsabilidad del consulado y ni siquiera del Gobierno de Costa Rica, sino de Migración», detalla, y protesta: «Obviamente ellos se están peloteando la responsabilidad. Los congregados solo exigían «que a todo el que obtuvo el boleto antes de esta regulación nos permitieran volar con un permiso especial, o simplemente nos gestionaran la visa lo antes posible», pero sus peticiones fueron ignoradas: «Respondieron que era imposible, porque ellos tenían que tramitar eso como un trámite consular que tiene sus parámetros de tiempos».

«Había personas mayores, niños, gente de varios municipios, personas que estaban muy molestas y otras que estaban alteradas porque todo fue un robo»

Una vez dispersada la multitud y puesto en marcha todo un despliegue de vigilancia en los alrededores de la embajada, ningún funcionario volvió a salir, pese a que tienen horarios de atención al público en la tarde. «Nos atendieron los custodios de Sepsa, los de la seguridad del consulado y simplemente nos dijeron que la persona que debía darnos la cara no saldría, que volviéramos al día siguiente». Además, les advirtieron: «Para que se vayan preparando les digo que si quieren, cancelen esos vuelos, porque no les va a dar tiempo».

También dejaron de contestar el teléfono. «Ellos tienen un número disponible para atención a la población, pero no estaba funcionando», comenta el joven. «Hice 37 llamadas de manera consecutiva para ver si era un tema de que estaba ocupada la línea, pero no, nunca pude acceder. Otras personas también intentaron y no pudieron; el teléfono daba ocupado todo el tiempo».

En el caso de Eliécer, esta cancelación se complica por la actitud de las aerolíneas. Copa, dice, debería devolverle el monto del trayecto que cubría (La Habana-Panamá-Costa Rica) con una penalización de 200 dólares, pero Avianca, que cubría Costa Rica-El Salvador-Managua, no le devolvería nada. «Avianca se roba nuestro dinero descaradamente y ni siquiera da la cara», denuncia. «Cuando cancelas, pierdes todo el dinero».

Con todo, su situación no era la peor, dice. «Había en la protesta un carro con personas de Sancti Spíritus que habían salido de su casa a las cuatro de la madrugada para llegar temprano aquí. Esas personas por supuesto tuvieron que regresar a su provincia sin una solución», narra. «Había personas mayores, niños, gente de varios municipios, personas que estaban muy molestas y otras que estaban alteradas porque todo fue un robo».

El reclamo, insiste, es muy simple: «Que nos dejen volar, porque hay mucha gente que ha vendido su casa, su vida, para poder escapar de este desastre de país y básicamente son muchos los que ahora mismo están sin una cosa y sin la otra».

TOMADO DE 14MEDIO

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