El régimen repite los viejos argumentos acerca de la descomposición del sistema capitalista, y las crisis que le endilgan a variantes como el liberalismo, el keynesianismo y el neoliberalismo

Joe Biden. Foto Getty Images

LA HABANA, Cuba.- Hace aproximadamente 45 años mis profesores de Economía Política en la Universidad de La Habana hablaban con insistencia de la crisis que padecía el sistema capitalista, y en consecuencia pronosticaban su cercano derrumbe. Una cantaleta que la propaganda oficialista cubana ha mantenido durante todos estos años.

Sin embargo, con sus altas y sus bajas, el capitalismo sigue ahí, mientras que el socialismo que presentaban como alternativa para la humanidad, o ha sucumbido, o ha devenido en una gran estafa.

Uno de los ejemplos más recientes de la embestida castrista contra el sistema capitalista lo encontramos en un artículo aparecido en el periódico Granma en su edición del pasado 7 de noviembre.

El referido trabajo periodístico repite los viejos argumentos acerca de la descomposición del sistema capitalista, y las crisis que le endilgan a variantes como el liberalismo, el keynesianismo y el neoliberalismo. Y, como era de imaginar, la emprende también contra las recientes elecciones en Estados Unidos, a las que califica de “show mediático que en Estados Unidos llaman elecciones”.

En otra parte del artículo se apunta que “también Biden y el bidenismo son producto de la descomposición de la economía de mercado, pues son precisamente sus leyes y tendencias las que condujeron a la globalización neoliberal, a su fracaso, a la aceleración del declive de Estados Unidos”. Evidentemente, la maquinaria castrista crea las condiciones para el mantenimiento de la hostilidad con el mandatario electo, pues son los gobernantes cubanos los que no pueden vivir sin ese enemigo externo que les sirve para la perenne movilización de la población.

Finalmente, el artículo de Granma concluye con una sentencia poco menos que apocalíptica: a la humanidad le urge escoger entre el socialismo o la barbarie.

En primer término habría que definir a qué tipo de socialismo se refiere el articulista. ¿Se referirá acaso al sistema político implantado por el Ejército soviético en las naciones de Europa oriental tras la Segunda Guerra Mundial, el cual se esfumó tras el abandono por Moscú de la Doctrina Brezhnev? ¿Hará alusión al macabro experimento aplicado por Pol Pot en Kampuchea, que provocó tres millones de muertos? ¿Estará mirando hacia la tenebrosa realidad de hambruna y represión implantada por la dinastía Kim en Corea del Norte? ¿O piensa en los modelos chavista y castrista, productores de desabastecimientos, escaseces y carencia de libertades individuales?

Bueno, y si se pretende identificar el socialismo con la pujanza económica que exhiben actualmente China y Vietnam, sería conveniente recordar que tales resultados no se consiguieron con el Gran Salto y la Revolución Cultural de Mao Ze Dong, ni al calor de la ideología comunista de Ho Chi Min, sino con el viraje hacia la economía de mercado que experimentaron ambas naciones. La misma economía de mercado “descompuesta” que Granma relaciona con Joe Biden.

La realidad indica que las ideas socialistas, y en especial el marxismo-leninismo, solo sirven para agitar a las masas a rebelarse contra los gobiernos que no comulgan con tales ideologías. Pero una vez en el poder, esas ideas se tornan inviables para conducir adecuadamente la sociedad. La economía nunca funciona, y la pregonada dictadura del proletariado se transforma en la dictadura de un partido, y finalmente en la de la camarilla que ostenta el poder.

Vistas las cosas de esa manera, la humanidad debe darse cuenta de que el socialismo que los castristas esgrimen como alternativa a esa supuesta barbarie muy bien podría devenir en la crónica de una debacle anunciada.

Tomado De CUBANET

Por

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.