El negocio de los ‘garroteros’ florece en Cuba con la ola migratoria hacia Nicaragua

Muchos cubanos se arriesgan a pedir préstamos ilegales con altos intereses y a poner como garantía sus más preciados bienes.

Cola en una calle de Holguín. FRANCISCO RODRÍGUEZ BIODIVERSIDAD VIRTUAL

«Quiero irme y no tengo el dinero. No me queda más remedio que tirarme con un garrotero», dijo a DIARIO DE CUBA Iroídes, un joven holguinero que apenas terminó el preuniversitario. «Mi mamá quería que estudiara en la universidad, igual que hizo ella, pero ya está convencida de que eso no da nada. ¿Para qué? Te quemas las pestañas una pila de años y luego lo que ganas no te da ni para pasar una semana. La mejor opción es irse como sea«, afirmó.

«Los garroteros (prestamistas ilegales) te prestan 15.000 MLC para pagar 30.000 en un año, pero tienes que poner algo en garantía. Ya mi madre accedió a poner la casa. Vimos a varios que se dedican a ese negocio y todos exigen un poder notarial sobre la garantía, que en mi caso es la casa, pero hay gente que pone un carro o una moto buena. Es peligroso, pero hay que hacerlo para poder tener vida, porque aquí ni hay ni habrá, por lo que parece», explicó.

El caso de Iliana, una jovencita de 21 años, es parecido, aunque con otros peligros: «Yo me voy con dos amiguitas más para bailar en el tubo (pole dance). Ya tenemos pasajes para la semana que viene. Un amiguito del barrio que se dedica a eso allá (en Estados Unidos) nos va a sacar. Nos paga todo y es de confianza. Ya se ha llevado varias muchachitas que conocemos y todo ha salido bien. Nos comunicamos con ellas por internet», dijo.

«Él invierte todo; es decir, nos paga todo desde allá, y luego, cuando lleguemos, tenemos que pagarle el doble. Nos tiene trabajo seguro en un club de esos, bailando en el tubo, y vamos a vivir en su casa. Pagando, claro está. Cuando terminemos de pagar, nos podemos ir a vivir a otro lado e independizarnos. Dicen que en ese trabajo en tres meses se paga todo ese dinero».

«Las ‘tuberas’ son las que más billete hacen allá afuera. Enseguida la familia aquí está ‘a full’, compran casa, máquina, motorina, y cuando vienen alquilan un ‘tur’ soplao (autos de alquiler para el turismo). Son las dueñas de la fiesta. Si eso es lo que da, eso es lo que hay que hacer. Hay que confiar en el amiguito e ir a suerte y verdad. El que no arriesga no gana», añadió resuelta.

La ruta migratoria actualmente de moda para los cubanos es Nicaragua. Quienes la eligen, atraviesan Centroamérica hasta México y luego se entregan a las autoridades migratorias en la frontera sur de Estados Unidos, con la esperanza de, al año, acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.

Los migrantes son fundamentalmente esos jóvenes que han crecido escuchando el discurso oficialista de que el capitalismo es malo y Estados Unidos es el culpable de todos los problemas de Cuba.

El dictador Daniel Ortega facilitó desde noviembre pasado el libre visado para los cubanos, a sabiendas de que sería aprovechado como válvula de escape migratoria. Esto ha desatado la especulación de que la medida es fruto de un acuerdo tras bastidores entre ambas dictaduras para aliviar la presión social en Cuba, incrementar el flujo de remesas para ayudar a la diezmada economía cubana y poner más presión migratoria sobre la Administración Biden, con vistas a que suspenda las sanciones económicas contra La Habana.

A juicio de David, un cuentapropista con relativo éxito y que además presta dinero con intereses, «la ola migratoria es una buena oportunidad para hacer negocios, porque irse es un negocio. La gente logra en dos o tres años lo que no podría conseguir en toda la vida en Cuba. La familia mejora. Cuando vuelven de visita, ya son personas, no unos reventados aquí, como la mayoría».

«Con tanto que ganar, es lógico que el que presta el dinero obtenga un beneficio justo. Es mitad por mitad (un interés del 100%) por un año. Y si se pasa de esa fecha, se cuadra otro incremento. Parece abusivo, pero tiene riesgos, y es el negocio de la vida del que se atreve. Claro, que hace falta una garantía, algo valioso para asegurar el préstamo, porque si pasa algo imprevisto se perdería el dinero. Es ganar/ganar, y nadie obliga a nadie», defendió.

Pero es realmente la necesidad de vivir con dignidad lo que lleva a los cubanos a ponerse «la soga al cuello», a arriesgar casa, carro, vida, y renunciar a estar cerca de la familia. Es el sistema fracasado del Partido Comunista de Cuba el que empuja a la gente a dejar todo atrás y buscar en otras tierras extrañas una vida mejor. Por eso a los menos osados les cuesta tanto culpar a los jóvenes por el deseo de emigrar o a los prestamistas por aprovecharse de la situación.

La continuidad de Díaz-Canel, la Tarea Ordenamiento, la represión de las protestas, el miedo de los padres a que sus hijos se revelen y la falta de fe en que Cuba pueda mejorar algún día, no dejan muchas opciones sobre la mesa.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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