El miedo de los cubanos a los centros de aislamiento dispara el precio de la Azitromicina en el mercado negro

‘Que este medicamento haya alcanzado esos precios es resultado de que las personas ya no confían en el sistema de Salud Pública’, señala una doctora.

Un cubano camina frente a un cartel de propaganda política. EFE

A inicios del mes de julio, Yoandra Hidalgo perdió a tres familiares, adultos mayores, en apenas diez días. Fueron ingresados en un centro de aislamiento de Puerto Padre, en la provincia Las Tunas, donde residían. En el centro, sus síntomas empeoraron debido la falta de recursos básicos.

«El Gobierno es culpable en tanto apeló a esos centros de aislamiento, mezclando a pacientes con síntomas de Covid junto a los que solo llegaban por sospecha. Luego de casi dos días esperando una ambulancia, finalmente se llevan a una de mis tías, que tenía síntomas. Pero llegó ya deshidratada y se tardaron casi dos días más en pasarle sueros porque no había. Falleció al quinto día. Algo similar ocurrió con mi abuela, que también se deshidrató en el hospital pues tampoco hubo sueros«, relata Hidalgo a DIARIO DE CUBA. 

Su otra tía, también diagnosticada con Covid-19, no pudo superar estas pérdidas repentinas. Su presión arterial se descompensó y le provocó un derrame cerebral que le causó la muerte.

«Ni siquiera se les pudo garantizar sueros a tiempo. Así que imaginemos otros medicamentos más complejos. Esa es la razón por la cual los cubanos están prefiriendo automedicarse y morirse en sus casas», concluye.

Ante historias similares a la de Yoandra Hidalgo y las denuncias sobre las pésimas condiciones de los centros de aislamiento, muchos cubanos han decidido evitarlos. La escalada de casos diarios y las alarmantes cifras de fallecidos han hecho aumentar el miedo de las personas a recluirse en estos centros que, por otra parte, no dan abasto. El propio Gobierno ha reconocido que la pandemia de Covid-19 ha sobrepasado las capacidades del sistema de salud cubano

En La Habana, el número de casos diarios supera los 1.000, pese a que el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) anunció que había terminado de aplicar las «vacunas» contra el Covid-19. Por eso, en caso de tener síntomas de Covid-19 o motivos para sospechar que se han contagiado, cada vez más habaneros optan por permanecer en casa y automedicarse. Como resultado, el precio de la Azitromicina, un antibiótico de amplio espectro, se ha disparado en el mercado negro.  

«Que este medicamento haya alcanzado esos precios es resultado de que las personas ya no confían en el sistema de Salud Pública, que es muy diferente a desconfiar de los médicos», señala la doctora Ana Teresa Figueroa, en referencia a las declaraciones del primer ministro cubano, Manuel Marrero, quien responsabilizó a los médicos de la actual crisis sanitaria.

«Lo que olvidó mencionar el primer ministro, entre otras muchas cosas, es que Cuba no está produciendo ni siquiera la mitad de los medicamentos básicos que se requieren en un escenario de pandemia. Que no existen los recursos para garantizar una atención primaria tras el último rebrote, que se quintuplicó la cifra de contagios en el país y aceleró la cifra de muertes. Es lógico que las personas recurran a la automedicación y sus peligros, en este caso con Azitromicina, y al autoaislamiento», acota Figueroa. 

Pese a estar conscientes de los riesgos de automedicarse, los habaneros han preferido apertrecharse de Azitromicina e incluso administrársela de manera preventiva. El precio, que ha llegado a 2.500 pesos, resulta prohibitivo para los sectores más vulnerables de la población —jubilados, madres solteras y asistenciados sociales— en un país donde el salario y la pensión mínimos son de 2.100 y 1.528 pesos, respectivamente. 

«Ni de milagro me puedo costear la Azitromicina en el mercado negro, y de mi casa solo muerto me pueden llevar a un centro de aislamiento. Esos lugares ya los relaciono con morirme», afirma Eligio Muñoz Torres, profesor de Geografía jubilado.

«Cuando costaba quinientos pesos me di el lujo de comprarle a un vecino, porque presenté todos los síntomas y en ese momento no había ni PCR en mi municipio (Centro Habana). También me negué a inocularme el candidato vacunal; estoy muy viejo para prestarme para conejillo de indias. Como todo el mundo sabe que irse a un centro de aislamiento, o a un hospital, es jugar a la ruleta rusa, la Azitromicina subió de precio: hasta en 3.000 pesos escuché que la encuentras en otras provincias. Si el Gobierno no rectifica y no se abre a un corredor humanitario, los muertos estarán a la orden del día, y el valor de la Azitromicina será el de una casa», opina Muñoz Torres. 

Especialistas consultados coincidieron en que actualmente se estudia el uso de la Azitromicina, sola o combinada con otros medicamentos, como tratamiento para el Covid-19. Aunque se ha empleado junto a la hidroxicloroquina para tratar a ciertos pacientes diagnosticados con el coronavirus, cuando se ha aplicado con otros medicamentos contra otras infecciones respiratorias virales, su efectividad ha variado.

Los especialistas advirtieron que la Azitromicina debe usarse para combatir el Covid-19 solo bajo la dirección de un médico.

En las farmacias, el blíster de tres tabletas de Azitromicina cuesta 34 pesos. La administradora de uno de estos establecimientos en el Cerro asegura que este fármaco «nunca estuvo entre los controlados, y hasta hace tres meses se abastecía con regularidad».

«Ahora su precio se disparó en el mercado negro, en menos de un mes llegó desde 500 hasta 3.000 pesos. ¿Cuántos cubanos pueden pagar ese precio por tres tabletas que no alcanzan para un tratamiento completo? Y decir que es culpa de los acaparadores y especuladores es darle la espalda al panorama. En este minuto, mucho más importante que tener médicos es producir medicamentos y ya sabemos que el Gobierno, en ese particular, está rebasado», advierte la administradora, que prefiere no dar su nombre.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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