El hijo de Fulgencio Batista cuenta su verdad sobre su padre

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No fue ‘el ogro que pinta el castrismo’, pero sí cometió errores, explica Roberto Batista en entrevista con DIARIO DE CUBA.

Roberto Batista, hijo de Fulgencio Batista. DDC TV

Fulgencio Batista, «El Hombre» o «el Indio» para sus adeptos, «el Sátrapa” para sus enemigos, fue para Roberto Batista «un padre cariñoso, dulce y culto», que «sabía mandar con la mirada, jamás levantaba la mano y hacía la vida hogareña muy armoniosa». Así lo describe en esta entrevista con DIARIO DE CUBA, donde habla también de su libro Hijo de Batista.

Para muchos, Batista fue presidente constitucional de Cuba de 1940 a 1944 y dictador de 1952 a 1959. Su hijo lo califica como «semidictador» y rechaza la historia castrista sobre su padre.

Asegura que recuerda «como si fuera hoy» el 30 de diciembre de 1958, el día que comenzó su odisea en el exilio. «Mi hermano Carlos y yo salimos en un vuelo a Nueva York con nuestros padrinos, pensando que íbamos de vacaciones navideñas. La sorpresa fue muy grande cuando llegamos a la salida del aeropuerto y había una muchedumbre que nos gritaba e insultaba. Eso quedó grabado en mi memoria. Yo en aquel entonces tenía 11 años y mi hermano Carlos, nueve. Fue un momento trágico, deprimente y totalmente fuera de control. Nosotros desconocíamos el problema que había en Cuba«, cuenta.

Mientras tanto, sus padres llegaban el 31 de diciembre a República Dominicana en donde, según Roberto, Fulgencio Batista estuvo amenazado de muerte y en cárcel durante una semana.  

«En ese momento fue primordial la entereza de nuestra madre que pudo salir de República Dominicana a los 20 días y reunirse conmigo y mi hermano en Nueva York. En nuestra casa de Florida ya estaban nuestros hermanos pequeños y allá nos reunimos. Mi madre con nuestro amigo personal, el abogado Lawrence Berenson, tramitaron la documentación necesaria para sacar a nuestro padre de la República Dominicana«, relata.

Roberto recuerda lo difíciles que fueron los meses sin su padre. «No sabíamos si lo recuperaríamos con vida y el estrés afectó a toda la familia que estaba reunida en Florida. La época de República Dominicana duró nueve meses. Luego llegamos a puerto amigo en Portugal y se abrió un paréntesis de felicidad hogareña que terminó con la llegada de mi padre y algunos de nosotros a la isla de Madeira, donde permaneció residiendo legalmente hasta finales de 1962, año en el que pudo trasladarse a las afueras de Lisboa. Allí vivió hasta el final de sus días, aunque murió en España».

Mirando atrás, y después de mucho estudiar, Roberto cree que hubo errores y aciertos de Fulgencio Batista. «El gran error de mi padre y con el que nunca podré estar de acuerdo fue el golpe militar de 1952. Se convirtió en semidictador, yo no diría completamente dictador porque solo aunó dos de los tres poderes del país. Se hizo del poder ejecutivo y el legislativo pero el poder judicial se mantuvo independiente. Las leyes no dependían de mi padre», dice Roberto.

El periodo dictatorial, según el hijo de Batista, fue de 1952 a 1955. «Después mi padre restableció la Constitución de 1940, que es un ejemplo de Magna Carta por el talante progresista que tuvo para la época. Además, fue la Constitución de la concordia porque la aprobaron su partido y la oposición.»

A la luz de los acontecimientos actuales, Roberto Batista reconoce que otro error de su padre fue «dejar libre a Fidel Castro cuando estaba condenado a 15 años de cárcel». Más tarde Earl Smith, embajador de EEUU en Cuba de 1957 a 1959, advirtió de la amenaza que significaba Fidel Castro para Cuba y la región, pero para ese entonces ya Fidel había engañado a todos, explica.

Sobre los aciertos de su padre Roberto Batista considera que logró para Cuba la riqueza más absoluta. Cuando él dejó la Isla, el tesoro público era rico. La Revolución no supo cómo gestionarlo. Mi padre logró una reforma social, laboral y económica que llevó a la República a estar calificada en el tercer lugar del continente en estos sectores.»

El hijo de Batista opina que su padre debió haber dejado la Presidencia «a raíz del 13 de marzo de 1958, que fue el momento en el que EEUU se negó a proporcionarle armas. Tenía que haber dimitido legítimamente y podía haber vivido un exilio más benévolo, porque el que le tocó en República Dominicana fue francamente doloroso». Asegura que el movimiento del periodista del New York Times Herbert Lionel Matthews, con su entrevista a Fidel Castro en las montañas, terminó de fulminar el Gobierno de su padre y glorificó la imagen de Fidel y los barbudos revolucionarios.

En el exilio, Fulgencio Batista tenía «una vida social muy limitada. Trabajaba en sus libros, nuestra vida era muy hogareña; parte de nosotros estábamos en internados y en vacaciones íbamos a casa. Nos reuníamos con él a la hora de almorzar. Mi padre tenía unos horarios muy intempestivos, nunca comía antes de las tres de la tarde por lo que nos moríamos de hambre. Una vez sentados a la mesa estábamos felices. A veces nos llevaba a comer a su restaurante favorito donde ya lo conocían. Mi padre era un gran amante de los mariscos», cuenta.

La adolescencia de Roberto Batista estuvo marcada por su apellido. «Mi primer año en un internado a la salida de Cuba fue duro. La gente se burlaba de mí por ser Batista y tuve que aprender a vivir con eso y admitir ciertos hechos».

Hijo de Batistasurge por el empuje y entusiasmo de varios amigos intelectuales cubanos que, según Roberto Batista, lo animaron a contar la historia de su familia. «La idea nació hace años, pero nunca me animé a hacerlo. Este libro sale en el momento justo. Lo he escrito para mis hijos, nietos y para el legado histórico político cubanoFulgencio Batista no era aquel ogro, aquel dictador cruel que pinta la política castrista, y hay que reconocerle su valía», afirma su hijo y adelanta que está trabajando en la versión en inglés del libro.

Según Roberto su padre nunca dejó de amar a Cuba y confiesa que le gustaría regresar algún día, cuando ya no «haya un régimen absolutista y dictatorial». Para lograr ese cambio, «las fuerzas políticas de la oposición desde el exilio se deben unir bajo un programa de alternativa de Gobierno. Le tengo mucha confianza a las nuevas generaciones».

«No se recuerda, entre los hijos de otros controvertidos gobernantes, desasistidos ya de todo poder, alguno que haya asumido una actitud tan íntegra y decorosa, a la vezque desgarradora»,publica la editorial española Verbumsobre el libro Hijo de Batista«el recuerdo que un hijo tiene de su padre».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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