El Estado castrista, un productor de calumnias contra la libertad de Cuba

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¿Sería capaz el castrismo de una autoagresión para desacreditar a quienes protestan en su contra?

Agentes vestidos de civil arrestas a un manifestante durante las protestas del 11 de julio. GETTY

La televisión estatal cubana emitió el pasado viernes un reportaje sobre el supuesto apedreamiento de una sala de pediatría del hospital de Cárdenas durante las protestas del domingo 11 de julio. La ciudad matancera es una de las que más resueltamente vio marchar a sus pobladores en todo el país exigiendo libertad. La intención de asociar a los marchantes con personas interesadas en apedrear una sala pediátrica de hospital forma parte de un procedimiento habitual de la dictadura comunista, y si no lo hubiéramos visto de manera tan constante en nuestra historia reciente, le costaría a una mente sana creer que mentiras de esta naturaleza pueden ser usadas de manera tan irresponsable.

El pasado 26 de noviembre de 2020, la casa de Luis Manuel Otero Alcántara y sede del Movimiento San Isidro, una habitación vieja y semiderruida de La Habana Vieja, fue invadida por paramilitares castristas vestidos con batas de médicos para terminar la huelga de hambre colectiva organizada allí por la libertad del músico Denis Solís. En coincidencia con aquella agresión, comenzó por WhatsApp y otras redes sociales la propalación de mensajes que daban cuenta de sabotajes y ataques a hospitales pediátricos y de maternidad habaneros.

Al día siguiente, cuando artistas, intelectuales y gente de bien se reunieron frente al Ministerio de Cultura para exigir dialogar con las autoridades ministeriales acerca de la libertad de expresión en Cuba, la mensajería denigratoria llegó a su paroxismo. Supuestamente, se había conseguido desactivar una bomba en la lavandería del hospital de maternidad de la calle Línea; a no muchas cuadras de allí, también según aquella mensajería, el Hospital Pediátrico Marfán era tomado por militares luego de una presunta amenaza de sabotaje, y una alarma semejante hubo el Hospital Pediátrico Juan Manuel Márquez, en el municipio habanero de Marianao. La maquinaria castrista de propagación de rumores aterrorizantes había arrancado.

Los antecedentes de esta conducta se remontan al mismo inicio de la tiranía comunista y del asesoramiento cercano del poder soviético. Según dijo Guillermo Fariñas en una entrevista que le hiciera en diciembre pasado, en la década de los años 60 fue creada «la Unidad Especial del GRU soviético (Departamento Central de Inteligencia) El Molino, sita en el Km14 de la Carretera de Santa Clara a Sagua la Grande, donde se creaban guerrillas falsas para ser introducidas en El Escambray. Fueron creadas para cometer violaciones de todo tipo y hacer propaganda negativa a las guerrillas legítimas que luchaban por la libertad de Cuba».

El GRU fue un departamento de la Unión Soviética que heredó Rusia. Hoy se le asocia, entre otras acciones de agresión, con el envenenamiento del exespía ruso Sergei Skripal en el Reino Unido y el hackeo del sistema electoral de los Estados Unidos
 
Para comprender el absurdo que supone vincular con actos terroristas encaminados a asesinar niños y embarazadas a los artistas e intelectuales del Movimiento San Isidro, los que fueron al Ministerio de Cultura en busca de ser escuchados, o los marchantes famélicos que exigían libertad el domingo 11 de julio, es menester revisar conductas semejantes en el resto del mundo.

Si son muchas las noticias aterrorizantes que nos llegan del Estado Islámico o los talibanes, pocas de las acciones de esos maestros del terror parecen dirigidas contra hospitales infantiles y mujeres embarazadas. Las ha habido, sí, pero han sido esporádicas. Más frecuentemente, sin embargo, han sido verificadas acciones de esta naturaleza realizadas por otra dictadura apoyada por el ejército ruso: la de Siria.

En la provincia de Idlib, entre abril de 2019 y marzo de 2020, la frecuencia con que fueron bombardeados por la aviación rusa instalaciones civiles motivó una investigación de la ONG Human Right WatchSegún publicó el diario El País el 15 de octubre de 2020, la investigación Apuntando contra la vida en Idlib: ataques sirios y rusos contra infraestructuras civiles, documentó un patrón de agresiones despiadadas contra hospitales y escuelas, entre otras instalaciones no militares.

En Cuba la estrategia asesorada por la Unión Soviética no ha pasado desapercibida desde los tiempos de la Unidad El Molino hasta las marchas del pasado domingo. En 1980, en plena crisis del Mariel, cuando centenares de miles de cubanos se dispusieron a sufrir todo tipo de vejaciones por parte del castrismo para salir de la Isla, el incendio en el círculo infantil Le Van Tam, del municipio habanero de Mariano, fue presentado como un acto de sabotaje para asociar con asesinos de niños a los cubanos desesperados por salir de Cuba que tanto habían costado a la imagen del «paraíso comunista». Todavía hoy la enciclopedia castrista Ecured presenta el evento como una acción realizada por «terroristas financiados por la CIA».

La Historia de Cuba también tiene una dosis de terror. En los tiempos del dictador Gerardo Machado, numerosas organizaciones revolucionarias apelaron a él. Durante la lucha contra Fulgencio Batista, en la década de los 50, el Movimiento 26 de Julio hizo uso el terrorismo como forma de lucha, llegando a secuestrar un avión con 16 civiles en noviembre de 1958 para trasladar armas hacia la Sierra Maestra.

La operación salió mal y el avión cayó al mar. Murieron en total 14 pasajeros, cuatro niños entre ellos. Detalles del episodio pueden leerse en el artículo, aparecido en BBC Mundo, «Vuelo ‘495’, el trágico secuestro de un avión en la ruta Miami-Cuba que la historia parece haber olvidado».

Después de 1959, el terrorismo fue también utilizado por algunos grupos anticastristas. El más conocido de los actos fue el sabotaje al avión de Cubana de Aviación que regresaba de Barbados en octubre de 1976. Las 73 personas que iban a bordo murieron.

Ni los terroristas antimachadistas, ni los antibatistianos, ni los anticastristas, parecen haber ingeniado jamás, entre sus acciones, el bombardeo de un hospital pediátrico o de maternidad.

La acción descrita por el noticiario del 16 de julio, de haber acontecido, podría ser la consecuencia de un enfrentamiento con piedras, pues hemos visto videos por estos días en que policías y fuerzas especiales agarran piedras del suelo y las lanzan contra los manifestantes pacíficos. Otra posibilidad es la autoagresión, dada la experiencia acumulada por el castrismo en este tipo de acciones. Por último, no es de descartar el uso de salas hospitalarias como zonas de concentración de paramilitares y bandas armadas para ser usadas contra los marchantes pacíficos. De esa manera, podrían haberse convertido en objeto de apedreo y agresiones.

En el pasado, hospitales, tribunales, círculos infantiles y escuelas han sido usados por el castrismo como centros de vigilancia y hostigamiento contra opositores cubanos. Algo que la práctica internacional prohíbe y de lo que se ha desentendido históricamente la dictadura comunista.

En ningún caso es concebible acción semejante entre artistas, intelectuales, ni el pueblo desesperado por el hambre y la falta de medicinas, que el pasado domingo 11 de julio se lanzó a las calles de todo el país con un grito que no concibe el terror en ninguna de sus palabras y sí pide devolver la libertad a Cuba: «Patria y Vida».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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