El derecho de los padres a negar el permiso de viajar a hijos menores: otra arista de la crisis migratoria en Cuba

El derecho a la custodia de los hijos se ha convertido en una moneda de cambio en la desesperación por huir de la Isla.

Un grupo de emigrantes con niños cruza el río Bravo. AFP

La oleada migratoria cubana, que se multiplicó tras la crisis económica que ahondó la pandemia de Covid-19 y el aumento de la represión policial luego de la protesta popular del 11J, también catalizó la separación familiar en términos mucho más trágicos: el derecho a la custodia compartida de hijos menores de edad se ha convertido en una moneda de cambio a consecuencia, en algunos casos, de la desesperación por huir de la Isla.

Tras años de trato amistoso entre Humberto Montenegro y la madre de su hijo de diez años de edad, entre ambos se ha desatado una batalla campal. La actual pareja de la madre de su hijo la convenció de emprender la ruta migratoria a través de Nicaragua.

«La entiendo en ambas cosas: que se quiera ir del país y que no quiera separarse de su hijo. Pero me opongo, totalmente, a poner a mi hijo en una aventura que sabemos todos los riesgos que entraña»,  relata Montenegro, administrador de una pequeña cafetería privada.

La madre de su hijo emprendió una demanda para privarlo de sus derechos como padre, alegando que este nunca había cumplido con sus obligaciones en la manutención económica de su hijo.  

«Nunca necesité de comprobantes, del mismo modo que nunca tuve los más mínimos motivos para desconfiar de ella en los cinco años divorciados. Que haya recurrido a iniciar un proceso así a mis espaldas, y para colmo falseando todo, me serruchó no solo el piso, sino la vida misma dejándome más de un mal sabor: privarme mis derechos como padre, distanciarme de mi hijo y, en caso de que logre salirse con la suya, la zozobra durante todo el recorrido»,  lamenta Montenegro, añadiendo que, en Cuba, «desde hace décadas la Justicia no funciona para nadie, y muchísimo menos cuando eres un padre divorciado y la madre de tu hijo es una actriz en potencia escoltada por dos abogados corruptos».

Pero los padres que residen en países extranjeros enfrentan un escenario desfavorable para tener «voz y voto» en la decisión de que sus hijos se involucren en una ruta migratoria donde sobran riesgos de toda índole. Quizás el caso de Alain Castillo, de momento, no es tan dramático. Pero el costo que paga es el desasosiego diario de no saber si la desesperación de la madre de su hijo podría conllevar a que le prive sus derechos como padre.

«Necesito saber a qué edad los hijos pueden decidir por ellos mismos emigrar. Mi hijo tiene 14 años, su madre me ha contactado para pedirme el consentimiento para la solicitud de su pasaporte. Pero no creo conveniente para mi hijo, tal y como están las cosas, someterse a ninguna ruta migratoria irregular», alega Castillo que, aunque hasta ahora ha sostenido un dialogo «tenso» pero cordial con la madre, teme que el asunto pueda tomar otro giro, donde se le excluya de su legítimo derecho a consentir o no que su hijo viaje al extranjero en una travesía que entraña todo tipo de riesgos.

«No quiero a mi hijo cruzando fronteras sin las más mínimas garantías. He perdido amistades en esas travesías. Yo mismo tuve que cruzar nueve países y me sé todo el engranaje y los riesgos que implica. He conversado con mi hijo muchísimo sobre esta situación, y por ahora está tranquilo y entiende», agrega Castillo quien, puntualmente, todos los meses, le envía remesas a su hijo como obligación a su manutención económica, pero en caso de una demanda, no tendría cómo demostrarlo con un documento oficial.

Según las Leyes de Migración vigentes en Cuba, los ciudadanos cubanos residentes en el territorio nacional, al realizar una solicitud de pasaporte corriente, deben cumplir los requisitos siguientes: presentar el carné de identidad o tarjeta de menor, y entregar el acta de consentimiento para la obtención del pasaporte y/o salida del país, formalizada ante notario público, de los padres o los representantes legales que correspondan de los menores de 18 años de edad.

Abogados consultados confirmaron que si uno de los padres no consiente dar autorizo de la salida del país de un menor, se inicia un procedimiento judicial promovido por la persona interesada en ese pronunciamiento, madre o padre, el representante legal del menor o el fiscal, en caso de no tener representante legal; a la que deberán asistir ambos progenitores, por existir un conflicto de la patria potestad. En este caso se solicitará que se le confiera la patria potestad al progenitor que desea tramitar el pasaporte y viaje a su hijo, sin necesidad de contar con el consentimiento del progenitor que se niega.

En caso de que uno de los padres resida en el extranjero, cualquier consentimiento o no, deberá tramitarlo ante el funcionario del consulado de Cuba en el país donde resida.

Aunque los casos que más abundan son aquellos en los que ambos padres están de común acuerdo para dar el consentimiento, sin mediar conflictos de ninguna índole, no son pocos los casos donde los menores son simples monedas de cambio para uno de los progenitores. Eliot San Martín, padre de un menor de 11 años, ha tenido que viajar más de cuatro veces a la Isla para convencer a la madre de su hijo e iniciar el proceso desde Cuba y no desde su actual país de residencia.

«Casi desde que nació, a mi hijo lo criaron sus abuelos maternos. Ellos mismos me han alentado a que me lo lleve conmigo porque su madre, que ni siquiera convive con ellos, no lo atiende. Aunque no les falta de nada por mí, me explican que ya están demasiado viejos y achacosos», relata San Martín. Añade que la estructura de asistencia social y de justicia apenas funciona «o que funciona mediante sobornos», pues considera que una investigación seria podría zanjar el asunto en tanto evidenciaría «que desde hace años la madre de mi hijo dejó de interesarle la patria potestad del niño».

«No le importa si mi hijo emigra por una ruta migratoria peligrosa, que no es mi caso, o si es por vía segura. Le importa que le compre una casa y que le deje, como garantía, 5.000 dólares. Solo así, dice, da su consentimiento para que me lo lleve. Espero que las reformas al Código de las Familias incluyan investigaciones formales y coherentes, que para eso sobran CDR en Cuba, para los casos donde uno de los padres utiliza a su propio hijo como un negocio».

Y concluye: «Si alguien cree que somos pocos los padres involucrados en estos dilemas está equivocado, puede hacer una encuesta entre los notarios de La Habana y ellos le dirán cuántos casos como estos están a la orden del día».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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