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El régimen de Cuba necesita ‘jinetear’ aun más a sus desterrados, ciudadanos de segunda clase que requieren adquirir y mantener permisos oficiales para visitar su patria.

Aduana en el Aeropuerto Internacional José Martí. REUTERS

En apenas una semana, dos noticias constituyeron una genuina radiografía del concepto que tiene la mafia de La Habana sobre los cubanos radicados en el exterior.

El pasado 11 de marzo, la directora de Negocios del Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX) —quien debe tener poco trabajo en estos tiempos— anunció que los cubanos que residan fuera de Cuba van a poder invertir sumas que no alcancen el millón de dólares en la economía de la Isla. Curiosamente aseguró que eso nunca estuvo prohibido, por lo que cabe preguntar entonces por qué era necesario ese anuncio. La funcionaria no se refirió a ningún requisito ideológico para que un cubano hiciera ese desembolso. Tampoco se molestó en explicar por qué un cubano tenía menos prerrogativas que un inversionista extranjero, a quien no se le ponen límites respecto al monto de capital.

Por otra parte, el 19 de marzo, la directora de Comunicación e Imagen del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX), contribuyó aún más al deterioro de la imagen del Gobierno cubano al explicar oficialmente que se le negaba acceso al territorio nacional a la ciudadana cubana Karla Pérez González. Karla primero había sido expulsada por razones ideológicas de sus estudios de Periodismo en la Universidad de Camagüey, y después se ganó una beca y se graduó en esa especialidad en Costa Rica. Ahora se disponía a regresar a su país natal, habiendo cumplido a lo largo de esos cuatro años todos los trámites y haber pagado todas las cuotas que La Habana le exige a un residente cubano en el exterior.

El MINREX de la República de Cuba acaba de decir en público que el Ministerio del Interior (su Dirección de Inmigración y Extranjería), de nuevo por razones ideológicas, ha declarado a Karla oficialmente desterrada. No hay otro calificativo para aquel quien no se le permite regresar ni visitar el país donde nació, incluso sin tener causa pendiente en tribunales y teniendo al día sus obligaciones fiscales. El MINREX, que sabe aún mejor que el MININT que Cuba es signataria de la Declaración Universal de Derechos Humanos, avaló esa atrocidad jurídica en violación flagrante del derecho al libre movimiento (Artículo 13 de la citada Declaración Universal).  

Si la política del Gobierno cubano fuese coherente habría que preguntarse si Karla, siendo desterrada, podría invertir hasta un millón de dólares en Cuba. No sería sorprendente que accedieran a ello. O sea ¿cómo conciliamos las declaraciones del MINCEX con las del MINREX y el MININT sobre «el caso Karla»?

El Gobierno cubano, en su racismo, misoginia y elitismo, ha calificado de «marginales» y «jineteros» (chulos, gigolós) a algunos artistas vinculados al Movimiento San IsidroPero parece que se estuvieran mirando a sí mismos en un espejo.

El sistema cubano es marginal en la comunidad de naciones. Es una aberración internacional como lo es el de Corea del Norte, Venezuela e Irán. Es ese sistema el que ha hundido en la pobreza a más de la mitad de la población porque además es insostenible. Solo puede sobrevivir el día a día explotando como esclavos a sus ciudadanos. Ello se hace especialmente evidente con el robo de los salarios de los médicos exportados a otros países, y el que les sustraen a los empleados cubanos que laboran en empresas extranjeras dentro de la Isla. Pero también explotan a otros países e instituciones financieras internacionales, a los que solicitan créditos y subsidios que nunca han honrado. Esa ha sido la trayectoria del régimen cubano desde los días de los subsidios de la URSS hasta los créditos de Rusia, China y el Club de París.

Dicho de forma breve y clara: la elite de poder en La Habana siempre ha creído tener derecho a «jinetear» a cubanos y extranjeros en beneficio propio.

Ahora, en medio de esta crisis, cree que necesita también «jinetear» aun más que hasta ahora a sus desterrados, ciudadanos de segunda clase que requieren adquirir y mantener permisos oficiales para visitar su patria. Y han anunciado incluso que van a estudiar el modo de imponer impuestos sobre sus salarios.

Miami, esa ciudad «llena de odios, revanchismos e intolerancia» es la fuente principal de ingresos en dólares al país en este momento. Sin ese solidario colchón familiar, cientos de miles de hogares cubanos no podrían, literalmente, sobrevivir. GAESA lo sabe y ha transformado la miseria del ciudadano de a pie en ganancias para la mafia de La Habana. Los explotan monopolizando los flujos de remesas, cambiándolas con tasas arbitrarias y obligando a comprar en sus tiendas con precios sobregirados a más del 200% del costo de importación. De ese modo, el fruto de duras jornadas de trabajo de sus familiares en el exterior va a parar a los bolsillos mafiosos de una cúpula corrupta.

Luego, ¿qué somos para el Gobierno cubano? Al parecer, por los más recientes anuncios, unos imprescindibles gusanos, desterrados e idiotas. Pero el hecho es que la economía de la Isla depende de nosotros, los gusanos desterrados. Y no somos idiotas.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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