Al día con Florencia, Cuba y el Mundo

De socialista al régimen cubano solo le queda el discurso

Los mandamases cubanos se empeñan en presentar como socialismo a un capitalismo monopolista-mercantilista de Estado, ineficiente en todo excepto en la represión.

El “socialismo” cubano se limita a el socialismo se limita a la intolerante trinidad Gobierno-Partido-Estado (Foto: Ernesto Pérez Chang)

LA HABANA, Cuba. – En la Constitución de 2019,  los coristas de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en su aburrido y muy previsible diputeo, volvieron a declarar al socialismo irrevocable, tan irrevocable como lo proclamaron en la reforma constitucional de 17 años antes. Pero en realidad, de socialista al castrismo solo le queda la retórica, el discurso monótono, el sonsonete. 

Los mandamases, tan preocupados como dicen estar por salvar lo que llaman “los logros de la Revolución y el socialismo”, se empeñan en presentar como socialismo a un capitalismo monopolista-mercantilista de Estado, tacaño, chapucero, ineficiente en todo excepto en la represión, y en el que el Estado se desentiende cada vez más de su deber social. 

Pudiera esperarse, tratándose de socialismo, que intentaran el trabajo asociado y las cooperativas, la participación directa de los trabajadores en la dirección y gestión de la producción y los servicios, la propiedad o el usufructo de los medios de producción y las ganancias, la autogestión. Pero no. Lo que hacen con la llamada “Tarea Ordenamiento”, su más reciente y desesperada jugada para la supervivencia, con recetas capitalistas que remedan las terapias de choque, es reforzar el carácter asalariado y clasista del trabajo. Así, los mandamases cada vez se asemejan más a una clase burguesa-capitalista, solo que mucho más explotadora y abusiva por la circunstancia del Estado como empleador que no admite reclamos. 

La desigualdad social, que creció a partir del Periodo Especial, se agudizó mucho más en la última década con las medidas de la llamada “actualización del modelo económico”, que buscaba un crecimiento económico artificial, sin sustento real, y siempre con trabas y limitaciones al emprendimiento privado.   

Los mandamases hablan de un “socialismo próspero y sostenible”, pero, luego de acabar con el igualitarismo de la era fidelista, no dan señales de estar interesados en implementar políticas públicas que busquen una repartición más equitativa de los muy bajos resultados del crecimiento económico.

Para los neo-estalinistas dirigentes de la continuidad, que no parecen haber aprendido de la debacle del comunismo en Europa del Este y van a la zaga de la izquierda mundial, el socialismo se limita a la intolerante trinidad Gobierno-Partido-Estado, el predominio de la propiedad estatal, la planificación centralizada y la subordinación de todos los derechos y libertades al Estado. Fue lo que aprendieron de Fidel Castro. 

Pero el difunto Comandante no se caracterizó precisamente por sus aportes teóricos al socialismo, pese a que pretendió una revolución modélica para el Tercer Mundo y hacer más innovaciones al marxismo que el mismísimo Vladimir Ilich. De su pensamiento económico ni hablar: se la pasó dando bandazos que terminaron por arruinar a Cuba y la sumieron en una crisis de la cual parece no haber salida posible.

A Fidel Castro, que presumía de la originalidad de su revolución y de ser independiente del Kremlin, tras los desastrosos resultados de sus planes económicos, especialmente de la Zafra de los 10 Millones, no le quedó más remedio, para que la Unión Soviética subsidiara generosamente a su régimen, que morder el cordobán e integrarse al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME). 

Al acatar el castrismo las recetas del socialismo moscovita, vetó a los estudiosos de la heterodoxia marxista, como quedó probado en 1971 con el cierre de la revista Pensamiento Crítico y del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Volvió entonces a los manuales estalinistas de marxismo-leninismo de Nikitin, Afanasiev y Konstantinov, que se enseñaban a saltos y trancos en las Escuelas de Instrucción Revolucionaria de los años 60.    

Pero los actuales mandamases, que dicen ser la continuidad de Fidel Castro, ni eso. Todos fueron obedientes cuadros formados en la Ñico López y demás escuelas del Partido Comunista, donde el principal referente, lo que más se “estudiaba”, eran los discursos del Máximo Líder. No es de extrañar, entonces, su pobreza intelectual y sus políticas chapuceras, antieconómicas y antipopulares, que más que socialistas o capitalistas, parecen propias de mafiosos.

Tomado De CUBANET

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