¿De dónde ha salido todo el dinero para arreglar calles, bodegas, policlínicos y parques en los barrios pobres de La Habana tras las protestas del 11 de julio?

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De momento, apareció el cemento para reparar las calles y aceras que llevaban décadas rotas

El estallido social del último 11 de julio ha motivado que la máxima dirección del país intente satisfacer ciertas demandas de la población, olvidadas desde hace décadas por las autoridades pero latentes en las calles. Incluso cuando la principal exigencia de las protestas no se va a cumplir bajo este sistema político, es loable que se haya emprendido un proceso de reformas infraestructurales en la sociedad cubana.

Así se han comenzado a reparar calles y establecimientos estatales de los barrios menos atendidos por el Gobierno, sobre todo aquellos de los cuales brotaron algunas de las más convulsas protestas en aquellas jornadas de julio, los que han sido visitados por las autoridades gubernamentales.

El caso más evidente en La Habana es el del barrio de La Güinera, en el municipio de Arroyo Naranjo, en donde murió la única víctima reconocida de las manifestaciones.

Se trata de un barrio marginal de personas muy humildes, muchas procedentes del interior de la isla, por lo general de bajo nivel cultural y de comportamiento estridente, pero muy trabajadora y dispuesta a avanzar. La mayoría viven en condiciones precarias, a veces con varios núcleos familiares conviviendo bajo el mismo techo.

A estas personas acudieron los decisores cuando visitaron la zona, sobre todo aquellos que son militantes del Partido y otras organizaciones de masa, al ser un poco más propensos al diálogo y más proclives a dejarse convencer.

Como parte de esa dinámica, durante las últimas semanas se han reportado repetidamente los recorridos que han hecho a este tipo de localidades presidente Manuel Marrero o el responsable ideológico del Comité Central, el exministro de Salud, Roberto Morales.

Las visitas incluyeron la revisión de inversiones solicitadas por décadas en cada Asamblea de rendición de cuentas de los delegados locales, las cuales siempre fueron respondidas con la excusa de la falta de recursos que impedía que el país las asumiera.

No obstante, parece que ahora sí existen los recursos, en medio de una crisis arreciada por las sanciones impuestas por Estados Unidos y una pandemia global.

Ahora sí existen las reservas de cemento, ladrillo, cabilla y arena para darle una vivienda digna a tantos que han vivido por años en albergues con condiciones deplorables.

De pronto, hubo dinero y recursos. Entonces, el dinero siempre ha estado ahí, teniendo en cuenta que la población ha aportado ínfimamente al presupuesto nacional durante los dos últimos años a consecuencia del virus que paralizó la sociedad.

Nunca fue una prioridad invertir en transporte público o vivienda, pero si el volcán estalla, hay que responder con hechos rápidamente. Sin embargo, el revuelo subyace y no va a aguantar mucho sin reformas estructurales más significativas, siendo el descontento popular más profundo que un módulo de alimentos, una remesa o una casa.

TOMADO DE CUBACUTE

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