Cuba

Cuentapropistas cubanos ofrecen sus servicios a escondidas para garantizar una entrada de dinero mensual a sus hogares, a riesgo de ser multados

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Josué es un cuentapropista santaclareño que, antes de llegada la pandemia de coronavirus a Cuba, alquilaba una bicicleta eléctrica a un gimnasio privado, la que se ha visto en la obligación de vender cuando todos los negocios privados que involucraban aglomeraciones de personas cerraron y su familia quedó sin fuente de ingresos estable.

Este padre de 2 niñas vivió la misma situación que muchísimos cubanos han experimentado en el último año y medio por culpa de la aparición de esta pandemia global, dado que sus expectativas de futuro fueron destruidas y todo el dinero invertido en negocios propios terminó malgastado en vano.

La llegada de la epidemia no solo causó el cierre o suspensión obligatorios de todas las actividades que no se vincularan con la venta o elaboración de alimentos en el sector no estatal, sino que también provocó la agudización de una crisis económica nacional ya grave y el establecimiento de un escenario económico infértil y hostil.

Aunque muchos propietarios de hostales, bares y cafeterías pudieron encontrar alguna manera de sacar provecho a su negocio o a su local para sustentarse mientras la situación epidemiológica permanecía, todos sus trabajadores quedaron desempleados.

De hecho, en caso de que hubieran quedado lagunas legales durante el pasado año respecto a la autorización para prestar servicios privados de este tipo con normalidad, las autoridades cubanas implementaron una nueva medida el 29 de junio para contener el empeoramiento de la más crítica etapa de la pandemia en la isla, la que estipula la suspensión de cualquier tipo de actividad “no indispensable para la población” (dígase gimnasios, peluquerías, talleres de reparación, vendedores de útiles del hogar o artículos de cumpleaños, poncheras, parqueos de bicicletas, etc).

No obstante, gran número de particulares han optado por mantener sus licencias (por temor a no lograr que se las concedan en una segunda oportunidad) o por continuar prestando servicios de forma ilegal.

No solo los cuentapropistas han quedado desamparados económicamente y teniendo que conseguir de manera desesperada un nuevo trabajo en el sector estatal para desempeñarse dentro de la legalidad, sino que, además, la población quedó sin casi opciones a las que recurrir en caso de tener que comprar, reemplazar o reparar algo (funciones que antes suplía el sector privado).

Aunque no generen grandes ingresos, muchos han comentado que preferirían continuar trabajando con la menor cantidad de personal contratado, atendiendo una cantidad reducida de clientes por día y siempre manteniendo las medidas higiénicas.

Conscientes de que podrían resultar sancionados, muchos trabajadores por cuenta propia ofrecen sus servicios a través de redes sociales y aplicaciones de mensajería, garantizando cierta entrada de dinero al mes. Los negocios que han podido modificar sus servicios para incluir la modalidad a domicilio han podido seguir funcionando a duras penas, aunque las nuevas regulaciones tampoco permiten este tipo de asistencia. En este caso se incluyen los propietarios de talleres de celulares y computadoras.

Yamilé es una peluquera de Santa Clara. Alquiló hace tres años un local para ejercer en el centro de la urbe, contratando a otras dos jóvenes que aportaban un porcentaje para la renta desde sus puestos de manicure y arreglo de cejas.

Con las nuevas medidas, las muchachas se vieron obligadas a suspender el servicio. Desde entonces hacen arreglos en sus viviendas, con clientes de confianza y a puerta cerrada, pero los precios deben ser más bajos y debe seguir pagando el 50% del valor del local para que no se lo arrenden a otro emprendedor. Sus beneficios no superan los 3.500 Pesos Cubanos (CUP) al mes, sobre todo por la alta inversión que supone adquirir insumos como champú y acondicionador, tintes, peróxido, cremas para keratina, etc.

Defendiendo su oficio y su sustento, Yamilé afirmó que “pelarse o depilarse las cejas también es algo prioritario para cualquier mujer u hombre”, por lo que debería tener la posibilidad de continuar ejerciendo, incluso si no provee un servicio gastronómico  con la conciencia y la responsabilidad de protegerse ella misma, a sus clientes, a su familia y a sus empleadas.

TOMADO DE CUBACUTE

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