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Cubanos en Tapachula, una ciudad tensa

Aquí se condensa el drama centroamericano de la pobreza extrema, la violencia de las pandillas, el paso de la droga y la trata de personas. DIARIO DE CUBA viaja a la penúltima frontera que deben pasar los emigrantes de la Isla en su ruta a EEUU y, con este reportaje, inicia una serie.

Tapachula, en Chiapas, México. DIARIO DE CUBA

El martes 5 de enero de 2021, frente a las oficinas del Instituto Nacional de Emigración (INM) de Tapachula, una riña tumultuaria alteró la aparente tranquilidad de esta pequeña ciudad chiapaneca al sur de México. Se enfrentaron a puñetazos cerca de un millar de emigrantes que esperaban tramitar sus tarjetas de «visitantes por razones humanitarias». La Guardia Nacional (GN) mexicana intervino para poner fin al caos, y la prensa local se hizo eco de lo sucedido. Cuando los periodistas preguntaron cuál había sido el origen del problema, todas las manos apuntaron a los cubanos.

Según varios emigrantes centroamericanos presentes, todo empezó cuando los cubanos se arrogaron la potestad de organizar aquella fila de 1.000 personas, casi todas pertenecientes a la última caravana de emigrantes recién llegada a Tapachula. La organización, contaron, terminó en una improvisada lista que beneficiaba claramente a los emigrantes de la Isla.

«Eso se supo en todo Tapachula. Siempre pasan cosas así; el cubano es formador de grupitos y ahí es donde vienen los problemas. Cuando un cubano encuentra una manera de hacerse el listo, cuando encuentra un hueco por dónde colarse, todos quieren colarse por ahí», dijo a DIARIO DE CUBA una de las tantas cubanas que residen actualmente en la ciudad.

Una situación tensa

Con más de 8.500 casos positivos de Covid-19 y más de 1.200 muertes asociadas a ese virus en Chiapas, el 7 de enero las autoridades migratorias decidieron suspender la recepción de documentos, con la excusa de que la concentración de emigrantes solo empeoraría la crisis sanitaria. De un plumazo, emigrantes de Haití, África, Centroamérica y Cuba quedaron varados frente a las oficinas del INM de Tapachula.

Mientras esto ocurría, el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana Costa de Chiapas, José Antonio Toriello, arremetió contra la crisis migratoria que comenzaba, a través de una entrevista con medios locales. «Se mantienen sin hacer nada y provocan aumento en la inseguridad», expresó entonces Toriello sobre los varados frente al INM de Tapachula, a la vez que recomendó mano dura y control sobre las caravanas que llegan a la ciudad.

El clima político en Tapachula se volvía en extremo xenófobo y las noticias asociadas al tema de la migración se hicieron cada vez más frecuentes. La situación, de por sí insostenible, empeoraría con el anuncio de una nueva caravana que partiría de Honduras, atravesaría Guatemala y llegaría con miles de emigrantes para sumarse a los ya varados.

El viernes 8 de enero, el portavoz militar de Guatemala, Rubén Téllez, anunció el despliegue de hasta 4.000 soldados para impedir que los emigrantes de la nueva caravana entraran en masa a Tapachula. Las tropas fronterizas de Honduras, por su parte, prometieron otro tanto.

Ambas disposiciones realmente respondían a una consecución de presiones ejercidas desde Estados Unidos sobre México, y de este último sobre Guatemala y Honduras, según indicó el diario La Jornada. Como parte de su política antinmigración y de la difícil situación epidemiológica que vive Estados Unidos, Donald Trump amenazó al Gobierno mexicano con sanciones económicas y comerciales si no pone fin al desmedido cruce de caravanas. La reacción de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, ha incluido presionar a sus vecinos centroamericanos, a pesar de que ello representa un incumplimiento de sus promesas de campaña electoral.

El INM de Tapachula logró disolver la fila de emigrantes varados frente a sus oficinas con la noticia de que los trámites migratorios se harían por correo electrónico. De golpe, los varados se dispersaron por la ciudad. Ahora, mientras se confunden con la población del lugar y esperan a que la lenta burocracia mexicana les dé una respuesta que parece nunca llegar, la ciudad tiembla ante la próxima llegada de otros miles de emigrantes, que no están dispuestos a detener su marcha.

Una ciudad de emigrantes

Tapachula es una ciudad pequeña, de poco más de 380.000 habitantes, ubicada en la frontera sur oeste del estado de Chiapas con Guatemala, muy pegada a las aguas del Pacífico. Comparada con otras zonas de México, la ciudad vive en cierto atraso. No hay aquí rascacielos ni grandes centros comerciales, sino muchas casas de apenas una planta, muchas calles en mal estado, taxis destartalados y puestos ambulantes que inundan las aceras con mercancía china, y frutas y carnes frescas.

En cierto modo, Tapachula puede recordarle a un cubano La Habana, sobre todo ciertas zonas alejadas del centro de la ciudad, donde conviven las poblaciones más vulnerables, entre ellas los emigrantes. Quizás los pocos detalles que diferencian a esta ciudad rodeada de selva de la capital cubana sean la presencia de cadenas de comida rápida, la de niños «boleros» (limpiabotas) y el olor a carne cocinada.

Tapachula es originariamente una ciudad de emigrantes. Su población es una mezcla homogénea formada durante siglos a partir de nativos mexicanos y guatemaltecos, alemanes, japoneses, chinos, árabes, franceses y estadounidenses. Con los años, la ciudad ha incorporado más nacionalidades a su fusión, sobre todo por ser el punto fronterizo más importante entre América del Norte y Centroamérica.

Por lo general, es solo un sitio de paso para las continuas hordas de migrantes que buscan abrirse paso hasta Estados Unidos. No obstante, siempre hay quien se queda. Ya sea de manera fugaz o permanente.

Tapachula condensa el drama centroamericano de la pobreza extrema, la violencia de las pandillas, el paso de la droga y la trata de personas. Sin embargo, en los últimos cinco años, tragedias de otros lugares han venido a encontrar aquí su sitio. Al frecuente camino de nicaragüenses, guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, se han sumado los cubanos, haitianos y africanos. Los nuevos habitantes son, como se dice aquí, «extracontinentales».

A la espera de la próxima caravana

Según Rita Robles, encargada de Enlace para la Incidencia del Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, la presencia de cubanos en Tapachula comenzó a sentirse a partir de inicios de 2017, cuando Barack Obama decidió poner fin a la política «pies secos, pies mojados». Al ver que ya no era posible lanzarse al mar en busca del sueño americano, los cubanos decidieron adoptar otro camino migratorio para alcanzar el mismo destino.

Dada las facilidades ofrecidas por países como Guyana o Nicaragua (y en su momento Panamá) para tramitar fácilmente viajes desde la Isla, los cubanos pudieron sumarse a la engorrosa ruta de selvas y ríos que atraviesa Centroamérica. En el andar, no pocas veces se han unido a caravanas de emigrantes de El Salvador, Guatemala y Honduras que recorren esas zonas. Junto a ellos también han compartido los peligros del camino: asaltantes, enfermedades, falta de alimentos, secuestros, chantajes, violaciones, violencia de las pandillas y también de fuerzas policiales corruptas.

«La mayoría de los emigrantes cubanos son hombres jóvenes. Hay pocas mujeres y pocos menores de edad. Con el tiempo se han convertido en una de las nacionalidades con mayor presencia en la ruta de emigrantes hacia Estados Unidos», explica Robles, cuya labor se centra en el acompañamiento integral a los emigrantes en Tapachula y la protección de sus derechos humanos.

Según el Boletín de Estadísticas Migratorias de la Secretaría de Gobernación de México, en 2019 se presentaron al INM de Tapachula 2.461 cubanos. Solo los guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, emigrantes históricos de esta ruta hacia Estados Unidos, pudieron superar esa cifra.

En 2020 la cantidad disminuyó enormemente, lo que se explica por el cierre de los aeropuertos cubanos y las restricciones y confinamientos que en muchos países se impusieron a causa de la pandemia de Covid-19. El año pasado, solo 176 emigrantes cubanos ingresaron a la ciudad —al menos en las cifras oficiales—, casi el doble de hombres que de mujeres. Aun así, representaron la cuarta nacionalidad con mayor presencia entre los emigrantes que se presentaron al INM de Tapachula, al ser superados también por los haitianos.

El 2021, sin haber culminado su primer mes, augura cifras escandalosas. Durante las dos primeras semanas del año llegaron cientos de cubanos que aún no han podido resolver sus trámites migratorios para cruzar el país. Mientras tanto, quizás otros cientos lleguen en los próximos días como parte de esa caravana imparable que atraviesa Centroamérica en estos momentos.

Tomado De DIARIODECUBA

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