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Cuba: trabajo y “ordenamiento” no van por el mismo camino

El interés por el trabajo se tiene que desarrollar a partir de una estrategia de medio y largo plazo que tiene poco que ver con aumentos de salarios o redistribución de subsidios e incentivos

Peluquería en Cuba (Foto: WOLA)

MADRID, España. – El empeño de las autoridades comunistas por atribuir a la Tarea Ordenamiento un efecto positivo sobre el interés en el trabajo y la incorporación creciente al empleo, sobre todo de menores de 35 años, es una creencia infundada. No solo porque con el tiempo transcurrido -apenas un mes- no es posible realizar una evaluación de este tipo, sino porque los motivos que explican por qué los cubanos se distancian del mercado laboral son profundos, estructurales y tienen mucho que ver con el modelo social comunista que rige la vida del país durante 62 años.

Los datos disponibles permiten constatar la gravedad de la situación. La población en edad laboral aumentó desde 2014 a 2019 tan solo un 0,4%, mostrando una práctica estabilidad en sus cifras, ya que en esos años sólo creció en 26 100 personas, viéndose afectada por una fuerte tendencia al envejecimiento demográfico. De hecho, la población en edad laboral -que alcanza en Cuba en 2019 una cifra de 7 123 300 personas- es distinta en cada país en función de su normativa profesional y educativa. En el caso de la Isla, se corresponde con la población masculina de 17 a 64 años y la femenina de 17 a 59 años.

Sin embargo, en ese mismo período, la población activa descendió en 463 200 personas, un -9%, quedando situada en 4 642 300 personas en 2019. Este último indicador es importante, ya que la población activa comprende a todas las personas que reúnen los requisitos para ser incluidas entre las personas ocupadas o las personas desempleadas, es decir, son aquellas personas que tienen alguna relación con el mercado laboral y muestran un interés con respecto a este.

Como consecuencia, la tasa de actividad, que suele ser un indicador de comparación de los mercados laborales de los distintos países y que mide la relación entre la población activa y la que tiene edad laboral, descendió entre 2014 y 2019 pasando de 71,9% a 65,2%. La relación de los cubanos con el trabajo presenta una tendencia claramente decreciente en estos años.

Prosiguiendo con los datos oficiales, entre 2014 y 2019 el nivel de empleo, es decir: la población que ocupa un puesto de trabajo de la economía cubana, descendió un -7,7%, equivalente a 384 600 personas. Y, curiosamente, con esta combinación de datos, el desempleo descendió un 58%, hasta quedar situado en 57 100 personas, con una tasa del 1,2%, récord internacional.

¿De verdad se creen las autoridades que estas tendencias se pueden cambiar en 30 días por la Tarea Ordenamiento? Se escudan en un dato que no corresponde a las publicaciones oficiales que debería tener la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), sino en unas informaciones divulgadas por la ministra de Trabajo, a las que hay que otorgar la credibilidad justa. Ese dato es el aumento de la afluencia de personas a las direcciones de Trabajo en busca de un empleo, con especial atención a los menores de 35 años. Se ha informado que han sido atendidas 81 054 personas y que el 50% aceptó las ofertas (en un 65% procedentes del Estado), o lo que es lo mismo, un 50% se volvió a casa con las manos vacías. ¿Hay motivos para tanto optimismo?

En absoluto. Los datos confirman que el empleo no estatal se mantuvo en un 35% del total, con notables limitaciones para crecer. No se han cumplido los objetivos de las reformas raulistas de adelgazar las plantillas dependientes del Estado. Si el gobierno quisiera realmente incrementar el interés en el trabajo y ofrecer mejores empleos a la gente, tendría que concentrar esfuerzos en el sector privado y no abandonarlo a su suerte, como se está viendo en la actual coyuntura. Es fácil llegar a esta conclusión. Entre 2014 y 2019, años en los que el nivel global de ocupación de la economía ha disminuido en un 7,7%, como ya se ha señalado, el empleo del sector privado de la economía cubana ha crecido en un 16%, situándose en 1 030 800 personas en 2019, hasta alcanzar el 22% del total, menos de la cuarta parte. Si se tiene en cuenta el empleo de entidades no estatales como cooperativas agrarias y no agrarias, el empleo aumenta a 1 506 600 lo que representa un 32% del total, pero el crecimiento de este grupo con respecto a 2014 es inferior, un 13%.

Los datos confirman que las organizaciones privadas de la economía generan empleo abundante, mientras que el sector estatal en el mismo período experimenta una tendencia de signo opuesto y disminuye un 6% sus cifras de ocupación total, hasta quedar en 3 078 600 personas en 2019. Y sin embargo, los empleos ofertados en estos primeros días de enero, en un 65%,se han dirigido al sector estatal. Algo no funciona.

El interés por el trabajo se tiene que desarrollar a partir de una estrategia de medio y largo plazo que tiene poco que ver con aumentos de salarios o redistribución de subsidios e incentivos. Una estrategia que combine los elementos fundamentales de educación, formación y cualificación, con las reformas estructurales en las empresas que permitan incrementar su productividad de forma sostenible. Por lo pronto, no parece factible lograr ese objetivo, propiciando, como ha hecho el gobierno comunista, el cierre de empresas.

Desde 2014 a 2019 ha desaparecido el 11% de las 1 992 empresas que existían al comienzo de este período. ¿Dónde han ido los recursos, sobre todo los humanos, de estas empresas? Desde luego, al paro no, si se tienen en cuenta las cifras antes citadas. Pero no cabe duda que la caída del nivel de ocupación en un 7,7% tiene mucho que ver con este proceso de ajuste duro, silencioso, de la base empresarial de la economía que el régimen no ha aplicado, por ejemplo, a las entidades del sector presupuestado, que solo han disminuido un 2,4%. No se consigue interés por el trabajo practicando estos ajustes que ocasionan notables distorsiones en las trayectorias profesionales de las personas, porque reducen las opciones de encontrar empleos en actividades productivas, alejadas de la monotonía mediocre de los empleos que se ofertan en el sector presupuestado. Las transformaciones estructurales de la economía no solo se han quedado a medio gas, sino que, en muchos ámbitos, se han aplicado de forma deficiente. Este es uno de ellos.

Tan solo se vislumbra algún aspecto positivo en la maraña actual del mercado laboral en Cuba y es esa aplicación que ha lanzado el ministerio para la intermediación laboral online. Una actividad que se encuentra muy extendida en todos los países, pero que en Cuba puede chocar con el alto coste de las tarifas de conexión de ETECSA y el hecho de que muchas empresas, sobre todo privadas, tengan dificultades para situar sus empleos en la aplicación. En cualquier caso, alejar las direcciones de Trabajo de una tarea que se debe ejecutar por profesionales competentes, que ofrezcan no sólo empleo, sino orientación laboral y profesional, así como formación de recualificación en los casos necesarios, es una buena noticia. Históricamente, los cubanos han reconocido que estos organismos locales de empleo gestionan con escasa eficiencia las ofertas de empleo, con notables carencias de medios para la prestación de servicios ágiles y competentes. Por ejemplo, el uso de medios informáticos deja mucho que desear, lo mismo que la atención a determinados colectivos vulnerables con dificultades de acceso al mercado laboral, pero, sobre todo, la relación con las empresas y el tejido socioeconómico no parece bien resuelta en el modelo comunista.

En todo caso, quienes abrazan triunfalmente la Tarea Ordenamiento por sus efectos sobre el empleo deberían preguntarse lo que ocurre con ese 50% de ciudadanos que no aceptan los puestos ofertados. Es evidente que esto sucede porque las expectativas de las personas no se corresponden con los empleos que se ofrecen, lo que es legítimo y no admite discusión, o que tal vez los empleos ofertados exigen cualificaciones, destrezas o habilidades que la gente no tiene.

Este segundo supuesto recibe el nombre de skills mismatch (desajuste de habilidades), del que nada se ha dicho hasta ahora en Cuba. El desajuste de habilidades ejerce una influencia muy negativa en el interés por el trabajo y acaba convirtiéndose en un peligro para los países. Actualmente se ignora la incidencia de este problema en la economía cubana, donde el alto nivel educativo de la población no guarda relación con sus cualificaciones, es decir, las competencias que son necesarias para el desempeño en los empleos. Si no se presta la debida atención a estas cuestiones, la obsolescencia puede afectar de forma muy negativa a las competencias laborales de los cubanos y ello reducir más aún la productividad del trabajo limitando los posibles aumentos de salarios.

Un buen indicador de ello es que la mayor cantidad de empleos ocupados por los candidatos, según las autoridades, pertenecen a unidades de la Agricultura, Construcción y Salud Pública, además de las agencias de seguridad y protección. Lo mismo de siempre. En concreto, la Agricultura es, con un 18% del empleo total de la economía, el sector que genera menor nivel de productividad, lo que genera no pocos problemas de producción y abasto de alimentos a la población.

Se equivocan quienes crean que la Tarea Ordenamiento, con su influencia sobre los salarios y la eliminación de subsidios, podría ejercer una motivación adicional por el trabajo. Una equivocación similar a pensar que puede aumentar la eficiencia de las empresas y organizaciones. No se consigue más interés por esta vía, sino que se requieren reformas estructurales del mercado laboral que deben llevar al mismo a las antípodas de donde se encuentra actualmente, dominado por una elevada intervención y regulación que lo condiciona en su funcionamiento.

En todo caso, este asunto ha venido provocando declaraciones de los dirigentes que son un insulto a la inteligencia como afirmar que “la gente se está dando cuenta de que es necesario trabajar para tener ingresos y poder llevar una vida digna con su familia”. No es así. Los cubanos son plenamente conscientes de que ello es así y cuando ven que ese objetivo es impracticable en su propio país, como consecuencia de la intervención del gobierno, se establecen en otros donde hacen realidad esos sueños. El problema es cómo llevar a la práctica estos objetivos dentro de un modelo social comunista, obsoleto e improductivo.

Tomado De CUBANET

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