Cuba entera es un gran latifundio

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‘Los enemigos de la libertad y de la propiedad privada, por lo general, son también enemigos de la realidad.’

Miguel Díaz-Canel en uno de sus recorridos por provincias, Manicaragua. VANGUARDIA

«Si el Estado en vez de entregar la tierra en usufructo la vendiera, los productores de mayores ingresos le irían comprando la tierra a los productores de menores ingresos y se produciría un proceso de concentración de la propiedad, iríamos al latifundio.» Con estas palabras, Marino Murillo, vocero económico del PCC, descartó la posibilidad de un cambio del régimen de propiedad en el agro cubano, dando por sentado que la tenencia de la tierra no se discute en Cuba pues «lo correcto» es que la titularidad sea estatal.

La Reforma Agraria se cuenta entre las primeras medidas de la Revolución y en los Por Cuanto de esa ley, que según Fidel fue «uno de los golpes más contundentes al imperialismo», encontramos el espíritu que la animó:

«Existen fincas … que propietarios burgueses retienen en sus manos en detrimento de los intereses del pueblo trabajador … utilizando con fines antisociales y contrarrevolucionarios los elevados ingresos que obtienen de la explotación del trabajo… La existencia de esa burguesía rural es incompatible con los intereses y los fines de la Revolución Socialista… El imperialismo yanqui recrudece su actividad apoyándose en los burgueses rurales, siendo por tanto imprescindible privar de influencia económica y social a los mismos»

Con este amasijo de justificaciones económicas, ideológicas y políticas se acabó con 450 años de propiedad privada agraria en una isla que solo con su agricultura cañera proveyó más riquezas a España que la plata del Perú y el oro de Méjico combinados; sustituyendo aquello por lo que encontramos hoy: un 80% de la tierra cultivable del país pertenece al Estado, latifundista que se especializó en el cultivo extensivo de marabú y condenó a los cubanos a pagar en oro y plata un simple boniato.

De los 11 millones de hectáreas disponibles en Cuba, 6,5 millones se dedican a cultivos varios y ganadería empleando a un millón de personas; en tierra cultivable por habitante Cuba duplica a EEUU y triplica a España o Francia, y en fuerza de trabajo multiplica por diez el porcentaje per cápita de aquellos; sin embargo, mientras estos exportan miles de millones cada año después de alimentar a sus poblaciones, todo lo que produce Cuba es más o menos la mitad de lo que come, que ya sabemos es bien poco y de pésima calidad.

¿Esta increíble improductividad estará relacionada con el modo de propiedad de la tierra?

El amplísimo estudio de la tinerfeña Universidad de La Laguna, titulado Balance de las reformas agrarias en África bajo los gobiernos de partido único (1945-1980), tras analizar en 25 países procesos similares al cubano, concluyó que los «gobiernos creyeron que era en las estructuras agrarias precoloniales y coloniales donde se encontraba el problema de la escasa productividad de sus tierras. Para solucionar esta llamada cuestión agraria se llevó a cabo el primer proceso de reforma agraria en el continente. Entre 1945 y 1980 se implementan las reformas agrarias estatistas, siendo los resultados decepcionantes, un completo fracaso».

Todo lo contrario muestra la experiencia vietnamita, pasando el país en menos de una década de importador neto de alimentos a ser uno de los mayores exportadores agrícolas del mundo gracias a lo que llamaron «desovietización del agro», una liberación del comercio y de la propiedad.

Si volvemos a las palabras de Murillo nos damos de bruces con lo insostenible de la posición estatal; el objetivo declarado —y descarado— del Gobierno es evitar que los productores «de mayores ingresos», es decir, los que más trabajan y se sacrifican para obtener mejores resultados, compren las tierras a aquellos que por ineficientes tienen los «menores ingresos».

Impidiendo que el campesino que hace bien su labor y acumula capital se amplíe comprando las parcelas de los campesinos ineficientes se obstaculiza el uso óptimo de un recurso tan valioso como la tierra, que sería mucho más productiva en las manos que han demostrado saber sacarle el mejor rendimiento, además de que los capitales acumulados se licuarán en consumo o se invertirán fuera de la agricultura.

Por otra parte, el propietario que no ha sabido o podido sacar provecho a su tierra, se ve imposibilitado de venderla para invertir lo obtenido en otros emprendimientos que se adecuen mejor a sus potencialidades individuales. Se encuentra atado a una labor en la que no solo se empobrece él, sino que empobrece a la sociedad con su baja productividad.

Son incontables los «inventos» del Gobierno revolucionario tratando que el campo cubano produzca a niveles anteriores a la Reforma Agraria y todos han fracasado. Sin embargo, sigue sin querer afrontar la realidad demostrada de que la raíz del problema está en la estatalización de la propiedad.

Los enemigos de la libertad y de la propiedad privada, por lo general, son también enemigos de la realidad.

Tomado De DIARIODECUBA

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