Cuba-EEUU: ¿A quién culpar por el embargo?

Desde la década de los noventa del pasado siglo el castrismo ha tenido en la campaña contra el embargo un objetivo permanente de su política exterior

Concentración contra el embargo en la U niversidad de la Habana,Foto Reuters

GUANTÁNAMO, Cuba. ─ Desde la década de los noventa del pasado siglo el castrismo ha tenido en la campaña contra el embargo un objetivo permanente de su política exterior. Antes lo había denunciado, pero jamás con la intensidad advertida a partir de 1991 debido a que la crisis estructural del sistema castrista se agudizó con la reducción del campo socialista y la desaparición de la Unión Soviética (URSS), su principal socio comercial y sostenedor de su ineficacia y aventuras militares.

Cuando el castrismo contaba con la ayuda interesada de la URSS, los comunistas cubanos se mofaban del embargo y minimizaban sus efectos. Siendo una especie de sanguijuela económica, es obvio que esa actitud era simple bravuconería y así quedó demostrado con el derrumbe del socialismo en el gigante euroasiático. Entonces, las burlas fueron sustituidas por el discurso plañidero, hasta hoy.

Desde que la administración del presidente Joe Biden llegó al poder no cesan los reclamos de los grupos defensores de la dictadura y enemigos del pueblo cubano para que se levante el embargo, aunque se continúen violando elementales derechos humanos. De otra parte estamos quienes apoyamos el levantamiento del embargo con la condición de que previamente la dictadura restablezca la democracia en el país.

Muchos quizás se pregunten por qué se ha llegado a un extremo donde las sucesivas administraciones de EE. UU. –desde 1961 hasta la fecha- y la dictadura cubana no han podido resolver sus diferencias. Creo haber respondido esa interrogante en un artículo publicado por CubaNet el pasado 4 de enero del 2021 con el título Cuba y EE. UU. en los caminos que se bifurcan, por eso ahora deseo detenerme en el análisis del posible origen de la situación.

Coincido con quienes consideran que el agente potenciador de la crisis que nos agobia fue Fulgencio Batista al dar el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, que interrumpió el cauce democrático cubano. Cuba no era entonces un país perfecto porque había desigualdades notorias y corrupción. Elementales derechos humanos como el acceso al trabajo, la salud y la educación no recibían cobertura universal. Pero los cubanos sentían orgullo de su identidad y en muchas áreas económicas se mostraban avances a la par de los de otras naciones del continente. Ni por asomo las cifras de cubanos que salían rumbo al extranjero en busca de mejores horizontes se asemejan a las de ahora.

Al tomar el poder y comprometerse a honrar los tratados y compromisos internacionales contraídos por la República, la revolución castrista tenía el derecho de hacer la Reforma Agraria y nacionalizar empresas extranjeras previo pago de la correspondiente indemnización. A lo que sí no tenía derecho Fidel Castro ─como lo hizo─ era a imponer un régimen comunista violando sus promesas al pueblo cubano y los principios constitutivos de la Organización de Estados Americanos (OEA), específicamente de la Declaración de Caracas de 1954, donde los países miembros se opusieron a la penetración comunista en el continente.

La primera fricción entre el gobierno de EE. UU. y la naciente revolución surgió a consecuencia de los juicios sumarios realizados en enero de 1959 por tribunales espurios llamados “revolucionarios”, formados por miembros del Ejército Rebelde que no tenían conocimientos jurídicos.

Fue debido a esos juicios, celebrados en contra de garantías procesales esenciales y cuyas únicas sanciones eran el paredón de fusilamiento o largas condenas de cárcel, que el 4 de febrero de 1959 Washington informó a la dictadura cubana que rebajaría la cuota azucarera si continuaba con tales desmanes. Pero Fidel Castro continuó usando esos tribunales y comenzó su progresivo acercamiento a la URSS mientras daba luz verde a la infiltración de elementos del Partido Socialista Popular en todas las estructuras del Estado a la par que continuaba afirmando que su revolución no era comunista.

El 13 de octubre de 1960 el Consejo de Ministros promulgó las leyes 890 y 891 mediante las cuales nacionalizó los bancos nacionales y extranjeros, excepto los canadienses y 382 empresas.

Dos días después Fidel Castro proclamó en la televisión que el programa anunciado en “La historia me absolverá” había sido cumplido, algo totalmente falso, porque no había restablecido la Constitución de 1940 ni se habían realizado elecciones generales y libres, dos de los objetivos esenciales de la revolución.

El 19 de octubre de 1960, cuando ya era inequívoca la traición de Fidel Castro a los ideales democráticos que dieron origen a su revolución, fue que el gobierno de EE. UU. dictó las primeras medidas iniciando la prohibición de exportaciones norteñas a Cuba.

El 3 de enero de 1961 EE. UU. rompió sus relaciones diplomáticas con la dictadura. 14 días después prohibió a sus ciudadanos visitar Cuba, salvo casos de excepción autorizados por el Departamento de Estado.

El 16 de abril de 1961 Fidel Castro consumó su traición a los ideales democráticos de la revolución cubana al proclamar el carácter socialista de su revolución.

El 17 de abril de 1961 comenzó la invasión de la Brigada 2506 por Playa Girón y el 25 de abril de 1961 –ayer se cumplieron 60 años─ el presidente Kennedy impuso el embargo total a las mercancías destinadas a Cuba.

El 31 de enero de 1962 la OEA suspendió a Cuba como miembro de la Organización y, por último, el 3 de febrero de 1962 el presidente Kennedy emitió la proclama 3447 imponiendo el embargo comercial a Cuba.

Como puede apreciarse, la responsabilidad por la existencia del embargo estadounidense a Cuba recae directamente sobre la dictadura castrista, que se desentendió del cumplimiento de los compromisos previamente pactados durante la República en importantes documentos jurídicos internacionales y, sobre todo, traicionó las bases ideológicas de la revolución cubana, surgida para derrocar a la dictadura de Batista y restaurar la democracia.

El castrismo podrá manipular la historia e inculcar su mensaje a quienes jamás buscarán la verdad en fuentes alternativas. Quienes sí lo hagan comprobarán la validez de ese proverbio africano que afirma “lo que la mentira recorre en mil años la verdad lo hace en un segundo”.

TOMADO DE CUBANET

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