¿Cuánto le cuesta al régimen de Cuba un espía en EEUU?

Entre las revelaciones del libro publicado por el ex doble agente Ivor Levy aparecen los gastos de La Habana para mantener operativos a sus espías.

Miembros de la Red Avispa del régimen castrista. CUBADEBATE

La exhibición por Netflix de la película La Red Avispa del cineasta francés Olivier Assayas fue una de las motivaciones fundamentales para que el ex oficial de la Inteligencia cubana Edgerton Ivor Levy decidiera terminar un libro sobre su reclutamiento en La Habana como parte de una de las mayores redes de espionaje del régimen cubano en EEUU conocidas hasta la fecha.

Su libro nacía con el objetivo de desmentir la tesis central del filme y exponer cuáles eran los verdaderos objetivos de los agentes ilegales en el estado de Florida. Los espías tenían como objetivo central el de vulnerar hasta donde fuera posible la seguridad nacional de EEUU.

Entre las revelaciones que hace Ivor Levy en Nadie me lo contó (Ediciones Lunetra, 2021), voluminosa obra de más de 600 páginas, el ex doble agente expone los gastos en que incurre el Gobierno cubano para mantener operativo a sus espías en EEUU.

Históricamente el régimen cubano nunca ha revelado el presupuesto de dos de sus más importantes organismos: el Ministerio de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior. La actividad contable de ambos ministerios (aunque no son los únicos) forman parte de la copiosa información clasificada del régimen castrista.

Ivor Levy da algunas cifras que al menos nos dan una idea aproximada del gasto anual en dólares del régimen para desplegar a sus agentes de inteligencia en suelo norteamericano.

El ex oficial de radiointeligencia revela que para el mantenimiento anual de cada agente de la red, los cuales se dedicaban a tiempo completo al trabajo operativo, se destinaban 20.800 dólares anuales por cada uno, lo que incluía los gastos de hospedaje, alimentación y transportación.

Un simple cálculo arroja un gasto anual de casi medio millón de dólares para una red de más de 20 personas en el momento de mayor esplendor operativo de la misma, a mediados de la década de 1990, justo cuando la economía cubana se había desplomado y pasaba por su peor momento económico, con la desaparición de la URSS, su principal sostén.  

Para cada agente de esta red se destinaban unos 5.000 dólares trimestrales, una suma que solo se alteraba si había un relevo (esta operación costaba unos 8.000 dólares, pues siempre viajaban por un tercer país) o si los espías debían moverse hacia otro estado de EEUU en busca de identidades falsas (esa operación costaba, según los documentos desclasificados unos 4.400 dolares).

En una entrevista en 2018 con RadioTV Martí, el coronel estadounidense Chris Simmons, ex jefe de la Unidad de Contrainteligencia para Cuba aseguraba que en territorio norteamericano operaban más de 200 espías cubanos, muchos de ellos —según la opinión de este experto— dedicados a obtener información sensible para luego ser vendida a países enemigos de EEUU, como Corea del Norte o Irán.

Para el régimen de La Habana —a consideración de Simmons— esto es un lucrativo negocio mucho más rentable que los tradicionales sectores como el turismo o el níquel.

El monto que ingresa el régimen por la venta de información de inteligencia es todo un misterio, pero tal vez con una parte o la totalidad de esos ingresos sale el  sostenimiento financiero del gigantesco aparato represivo dentro del país.  

Si casi 30 años atrás los servicios de inteligencia de la Isla gastaban como promedio un poco más de 20.000 dólares por cada uno de sus espías, en la actualidad cuando el costo de la vida se ha elevado considerablemente, el monto —casi sin temor a equivocarnos— es por obligación mucho más alto.

Siendo muy conservador y elevando solo en 5.000 dólares más el costo de cada espía operativo —solo en territorio estadounidense— arroja que la Inteligencia cubana pudiera gastar unos cinco millones de dólares anuales por mantener a sus más de 200 espías en EEUU.

Para una economía en ruinas como la cubana, donde buena parte de su población tiene problemas para acceder con mínima calidad a servicios básicos como la alimentación, vestimenta y transporte, estas cifras no son menospreciables, máxime cuando la penetración castrista en EEUU se intensificó precisamente en la década del 90, cuando el país sufrió una caída de su PIB de más de un 35%.

Una de las claves de la aparente fortaleza en el poder del régimen cubano, incapaz ya de producir hasta azúcar, es su aceitado aparato represivo a lo interno y de propaganda e inteligencia a lo externo, lo que sin dudas coadyuva a que parezca inamovible.

Simmons terminaba su entrevista con un consejo muy aleccionador a los actuales y futuros oficiales estadounidenses: «Jamás subestimen a los servicios cubanos de inteligencia».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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