Cuánto cuesta en Cuba entrar a un mercado sin enseñar el carnet ni hacer la cola

‘Inventar, luchar, pelear, buscar, para llevar un plato de alimento a la mesa familiar, es el deporte de más alto riesgo en Cuba.’

Mercado de Cuatro Caminos, La Habana, en su reinauguración. ONLINE TOURS

«Sin llamar la atención tanto en la vestimenta como en el comportamiento dentro del mercado; no venir nunca más de una vez por semana, y estar ‘piano’ en sus propios barrios», son algunas de las instrucciones dadas por un trabajador del mercado Cuatro Caminos a media docena de personas que, previo pago de 900 pesos cada uno, ingresarían a este mercado sin la obligación de hacer la desafiante cola, y sin escanear sus respectivos carnet de identidad o cartilla de racionamiento, acción que se impuso tras la expansión del Covid-19 para controlar, además, que cada residente en La Habana no pudiese acceder a esta cadena de establecimiento más de una vez cada mes.

«Este es un país donde todos estamos obligados a la sobrevivencia. Donde inventar, luchar, pelear, buscar [todos eufemismos de robar] para llevar un plato de alimento a la mesa familiar, es el deporte de más alto riesgo, pero tampoco puedes dejar sin nada a quienes no tenemos las mismas ventajas», señala Félix Lozano, jubilado y vecino de El Cerro que, en las únicas cuatro ocasiones en que su estado de salud le permitió realizar una maratónica cola de dos días, no alcanzó ni el 15% de los productos que incluyeron la compra del mes.

«Hay que aclarar la diferencia entre un colero y un funcionario sobornado o corrupto: por lo general el colero hace la misma cola, invierte horas nalgas marcando para otros 20 coleros, renegociar los primeros diez o 20 turnos, y esquivar la vigilancia de policías y ‘chivatientes’. En fin, casi que trabajan. Pero cuando la ventaja la proporciona el mismo funcionario que trabaja en el mercado, que organiza los turnos o que escanea el documento requerido, entonces la cosa adquiere matices donde prima el canibalismo», añade Lozano quien, junto a otros tres habaneros, «con mínimo de atención», logró encontrar la razón por la cual las personas que tenían turnos superiores a 200 no alcanzaban casi nada de las ofertas, y que no todas las semanas era el mismo combo en relación a la cantidad y variedad.

Todo depende de la dinámica del régimen en su enrevesado mecanismo de distribución y abastecimiento, a lo cual se suma la inaudita interpretación que el Partido Comunista sostiene sobre igualdad y equidad.

«En ocasiones pueden ser diez o 12 productos, pero algunas semanas, como la de hace 15 días, suelen incluir hasta 30 productos, o quizá más. Entre los más cotizados están lo que más caro se venden en el mercado negro, como el aceite, los cigarros, el pollo, el puré de tomate y el conjunto de productos de aseo personal», indica por su parte Ezequiel Garrido, quien tampoco sabía a cuanto ascendía «la tarifa de soborno».

Al igual que Garrido, y contrario a una creencia extendida, la mayoría de los cubanos en la Isla —más de siete millones y medio— no reciben remesas familiares, ni recargas telefónicas para paliar el desesperante y trágico panorama que acontece en un país que apenas sostiene una infraestructura oxidada y al borde. Un panorama que también funciona como una especie de cárcel transitoria, o peaje (la herencia de plaza sitiada), que le permite al régimen un margen para chantajear y aterrorizar a la sociedad civil y a la oposición, determinando a discreción quién no sale, quién si sale no le permiten regresar, y a quién castiga, apresa, hostiga o reprime en la Isla para presionar a que se decidan por el autodestierro.

«De dónde un cubano promedio, empleado del Estado, podría disponer de 900 pesos, solo por entrar como Pedro por su casa en estos mercados. Peor deberá ser para las madres solteras, los ancianos solos, los discapacitados que no pueden valerse por sí mismos y están obligados a contratar enfermeras particulares con una chequera de jubilación que, para los precios actuales en el mercado negro, apenas le alcanzaría para una bolsa de leche o, en su defecto, para un cartón de huevos», cuestiona Garrido.

El salario mínimo y la pensión mínima en Cuba están establecidas en 2.100 y 1.528 pesos respectivamente.

Cualquier diccionario básico coincide en que, la equidad es aquella cualidad que mueve a dar a cada uno lo que merece. Por su parte, igualdad es el trato idéntico entre todas las personas, al margen de razas, sexo, clase social y otras circunstancias diferenciadoras.

«La primera obligación del Gobierno es comprender que igualdad y equidad no son la misma cosa, y el racionamiento nunca será una herramienta que como resultado logre un estado paliativo en sentido alguno. En este sentido, culpar a los coleros es un fiasco bien calculado del Gobierno», acota Odelkis Soto, graduado en Ciencias Sociales y vecino de Marianao.

«El Gobierno se ha despreocupado demasiado de ese pueblo al que a cada rato le exige reafirmación revolucionaria y un último esfuerzo decisivo. La mayoría no recibe remesas, ni tiene salarios que puedan respaldar la compra de divisas en el mercado negro. Ese mismo pueblo que carga con las deudas que el Gobierno contrae con la justificación del embargo y tras el disfraz de víctima», fustiga Soto, otro habanero para el cual es impensable devengar 900 pesos, solo para evitarse el tiempo que sea en las colas.

«Este ‘negocito’ no es exclusivo del mercado Cuatro Caminos, sino que es un fenómeno que está ocurriendo en todos los grandes mercados que comercializan en moneda nacional», aporta un inspector de la Dirección Provincial de Comercio Interior, y que participa de la tajada cuando sorprenden, in fraganti, a un trabajador «o a un turno entero» en este trapicheo, porque «la venta de turnos es territorio de coleros y no deja los dividendos de esta otra actividad».

«La tarifa por el coverentrar inmediatamente que llegas al mercado en cuestión, sin escaneo de ninguna índole, oscila entre 800 y 1.000 pesos. Todo el acuerdo se hace previamente a través de WhatsApp, y a los primerizos se les explica las reglas del juego. Los de adentro se encargan de monitorear si la compra que llegará esa semana es de más de 20 productos, pues de lo contrario no habría ganancias para el que compra. Y demás está decir que todos los policías están metidos en el ajo, como dicen los españoles», detalla este inspector.

Una compra del mes promedio fluctúa entre los 1.000 y los 1.600 pesos. Si el combo incluye un cartón de cigarros Rothmans (diez cajetillas) por valor de 525 pesos, luego se revende en el mercado irregular en 2.500 pesos. Solo con esta operación recupera el cliente su inversión conjunta entre el soborno y el costo total del combo.

El estimado semanal de clientes que acceden a estos mercados con el método del soborno, y en dependencia de lo que incluya el combo, sobrepasa las 200 personas: una jugosa ganancia, para los trabajadores de estos mercados, de unos 180.000 pesos.

«El ejemplo de los cigarros, sin minimizar otros productos o mercancías, ya alcanza niveles de tragedia por su particular racionamiento que, ni responde a la igualdad y muchísimo menos a cualquier indicio de equidad: diez cajetillas de cigarros (sea de cualquier marca o precio) por cada libreta, sin importar la cantidad de miembros anotados en ella», critica Reina Gallardo, enfermera y madre de dos menores de edad.

«Estoy a punto de denunciarlos con la Policía, y que salga el sol por donde salga. En todos los grandes mercados es exactamente igual al de Cuatro Caminos. Y no me pueden decir que también es culpa del Gobierno lo que hacen esos trabajadores, avariciosos y sin importarles que los cubanos de a pie llevamos más de 30 horas de cola y ellos saben que no alcanzaremos ni mamoncillos».

«Yo no le estoy jodiendo el negocio a nadie. Es a esta cubana, que trabaja 12 horas diarias, a quien están jodiendo con semejante corrupción a flor de piel, a la cara y sin la más mínima contemplación o piedad con los cubanos jodidos, sin parientes ni allegados en ningún rincón de este mundo. El sufrimiento en este país te hace verter lágrimas de sangre cuando tienes a tu cargo dos criaturas, o un familiar anciano. Se te va la vida cuando te enteras que si ‘tocas’ a un ‘socio’ no tienes que espantarte la cola y te dicen el precio: 900 guayacanes», concluye.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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