Crecen los robos y la violencia en medio de la agudización de la crisis en Cuba

La Habana, Santiago de Cuba: existe la percepción de que las calles se están poniendo cada vez más peligrosas, con más delito y violencia en ellas.

Una calle de La Habana. DIARIO DE CUBA

Cuba se ha vuelto un país cada vez más violento, acosado por los robos, asaltos y atracos, debido a la crisis general que padece. La inflación y el desabastecimiento se ahondan año tras año por causa del bloqueo interno a la libertad económica, la democracia política y los derechos humanos plenos, mientras el régimen sigue culpando de todo, incluso de sus fallas más burdas, al embargo norteamericano.

Pedro Torres vive en el Reparto Eléctrico, en La Habana, trabaja en una pizzería particular en Boyeros, y cuenta: «Salí de mi turno de trabajo a las 9:00PM y cogí como casi siempre un rutero. Por la parada del Puente de Calabazar quedábamos tres pasajeros, yo en el medio, y uno de ellos comenzó a meterse conmigo».

«Pensé que el chofer iba a llamarles la atención o parar donde viera un policía, pero al parecer estaba en combinación con los delincuentes para asaltarme, porque de momento paró un poquito antes de la parada en un lugar oscuro y nos dijo que bajáramos del carro. Los dos tipos me obligaron a bajar y el rutero se fue. Como me resistía mucho, enseguida uno de ellos me atacó con un cuchillo para darme una puñalada y logré esquivarme, y darle un piñazo. Pero el otro me dio con algo duro en la cabeza y caí como muerto», añade.

«Me robaron todo lo que traía: el celular, casi 2.000 pesos que traía en la billetera y los documentos. De la parada, que estaba como a 100 metros, la gente vio el movimiento y sintieron la pelea, y cuando los delincuentes se fueron se acercaron y me creyeron muerto. Llamaron a la Policía y me llevaron al hospital, donde recobré el conocimiento. Todavía no se sabe quiénes son, La Habana se está poniendo cada vez más peligrosa, ojalá no siga empeorando. Vi la muerte de cerca, es increíble que se atrevan a matar personas por cualquier cosa».

A José, un campesino de Mayarí, le robaron dos noches atrás su yunta de bueyes, con la que trabajaba la tierra: «Dormían al lado de la casa en una corraleta de hierro. No respetan nada, saben que uno se acuesta cansado de trabajar la tierra y hay un momento en que no sientes nada. Me han desgraciado, porque ahora no tengo con qué preparar la tierra y sembrar. Y una yunta nueva cuesta 40.000 pesos. De dónde voy a sacar esa plata», lamenta.

En este mismo municipio la Policía logró desarticular el pasado mes de septiembre una banda de jóvenes que «se dedicaban a robar, barrio por barrio, tubos de lámpara y bombillos en los portales y patios. Luego comenzaron a meterse en casas y robar electrodomésticos y fueron atrapados. Todos tenían menos de 20 años de edad». Lo cuenta una de sus víctimas, sin revelar su nombre.

Muchos adolescentes y jóvenes aún estudian y sus padres apenas pueden darles mesadas porque los salarios no alcanzan ni para poner un plato de comida a la mesa todo el mes. Adquieren vicios secretos, en su dinámica rebelde muy recurrente en esa etapa, como el cigarro y el alcohol.

Una cajetilla de cigarros cuesta entre 150 y 300 pesos y una lata de cerveza 250 pesos. Incluso disfrutar de las confituras se vuelve una odisea: un caramelo (chupa-chupa) cuesta 100 pesos, un refresco gaseado 220 pesos y cualquier dulce entre 15 y 30 pesos. Aquellos menores de edad o jóvenes que tienen poco control familiar son proclives a delinquir para acceder a esos productos encarecidos.

A Maité, en la ciudad de Santiago de Cuba, le arrebataron su cadena de oro dos jóvenes montados en una moto: «Yo me quedé en shock porque fue muy rápido y nada más sentí el jalón en el cuello. Además de la moto que me pasó por al lado suave y después salió despegada como un zepelín. Fue un susto inmenso, ya no salgo con nada más, ni con un reloj. Quedé traumatizada».

«Todos los días se escucha de varias historias de gente que le han asaltado, que robaron en tal casa, que le quitaron la moto a alguien. Los motoristas casi no quieren trabajar de noche ni la gente tampoco se atreve a montarse con desconocidos porque te lleven para un lugar apartado y ahí te están esperando. Lo que se hace es llamar a tu casa por teléfono a un motorista conocido. Esto está feísimo, Santiago se ha puesto peligroso en los últimos tiempos con esta crisis«.

Hace poco más de una semana trascendió en la prensa independiente el hallazgo entre las hierbas, debajo de un puente, del cadáver de Ovidio Graverán, de 51 años. La víctima se hallaba perdido desde el 28 de octubre en que salió en una motorina y nunca regresó a su casa. Presumiblemente fue asesinado o murió como consecuencia de su rapto para robarle.

También en julio de este mismo año se conoció del caso del profesor Santiago Morgado, en Sancti Spíritus, quien tras ser visto en una motocicleta desapareció y fue encontrado varios días después muerto en el interior de un pozo.

Existe gran temor en Cuba, en la población, de que la escalada de violencia se incremente y los niveles de peligro se eleven. La vida en Cuba es difícil y demasiado costosa: los cubanos padecen de todo tipo de vicisitudes y carencia, y un incremento de la inseguridad vendría a agravar un cuadro que ya es dantesco sin ese componente. Aunque los gobiernos autoritarios normalmente tienen buen control del delito, la crisis profunda que padece el país puede generar una presión delictiva que sobrepase la capacidad de control social del régimen.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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