Tras el toque de queda impuesto por las autoridades de La Habana, la creatividad de los habaneros para burlar las restricciones decretadas se podría catalogar de impensable. Para llegar al objetivo, alcanzar los primeros turnos en las colas en mercados y tiendas, las estrategias se convirtieron en negocios

Tras el toque de queda impuesto por las autoridades de La Habana, desde el pasado primero de septiembre, la creatividad de los habaneros para burlar las restricciones decretadas se podría catalogar de impensable. Para llegar al objetivo, alcanzar los primeros turnos en las colas en mercados y tiendas, las estrategias se convirtieron en negocios.

Alain Daniel Prado fue uno de los multados, en la barriada de Altahabana, por esconderse en los árboles cercanos a una de las tiendas estatales TRD de la zona.

“La idea era escondernos en los árboles hasta las cinco de la mañana, que se acaba el toque de queda, y ser los primeros en los turnos. Pero nos delató una señora que pensó que estábamos rascabuchando a las mujeres de su edificio. Con tanta necesidad y falta de vida voy a andar yo de mirahuecos”; lamentó Prado, a quien junto a sus dos primos y un hermano, le sorprendió un policía, y fue conducido a la estación policial donde le impusieron 3.000 pesos de multa [125 CUC] por propagación de epidemia y desacato al toque de queda.

Sin embargo, la multa no amedrentó a Prado y sus parientes. Después del incidente decidieron convertirse en intermediarios en el alquiler de casas cercanas a las tiendas, donde los precios se elevaron de 2 a 5 CUC.

Un ruidoso operativo policial en varias barriadas de Centro Habana desarticuló una red de alquileres en casas cercanas a las tiendas. Los propietarios de los domicilios alquilaban desde las seis de la tarde ‒una hora antes del inicio del toque de queda‒ hasta las cinco de mañana.

“No solamente se están alquilando los coleros, sino gente normal que no quiere espantarse cuatro o cinco horas de cola”; señaló Lidia Cabrera, una de las arrendadoras sorprendidas por el operativo y a quienes le impusieron multas entre 1.000 y 2.000 pesos.

“Pero yo voy a seguir en el negocio, más ahora que subimos el precio por el riesgo. Desde hace cinco meses estoy interrupta y tengo que mantener a mis dos hijos. Si alquilo a mujeres digo que son mis cuñadas, y si son hombres, diré que son mi maridos o primos y tendrán que probar lo contrario”; aseguró Cabrera.

Entre las medidas adjuntas al toque de queda, las autoridades habaneras restringieron aún más la movilidad ciudadana: ninguna persona puede comprar en tiendas y mercados fuera de su municipio de residencia.

Pero Rita y Marilín Gómez, dos hermanas que residen en la barriada Santo Suárez, pusieron su ingenio en marcha: pagan entre 3 y 5 CUC por alquilar el carnet de identidad a ciudadanos que viven en los municipios mejor abastecidos: Plaza, Cerro, Centro Habana y Habana Vieja.

“Si ellos [el Gobierno] aprietan a nosotras nos vuela la imaginación. El problema no es sentarse a lamentar que si no hay nada o la cosa está mala. Hay que quejarse, pero sin dejar luchar”; dijo Rita.

“Nosotras vamos peinando toda la ciudad. También tenemos amistades que nos van avisando en qué lugares se está abasteciendo y vamos trazando la ruta. Mi hermana va alquilando los carnets mientras yo marco en las colas. Como el Gobierno no cumplió su promesa de acercar los puntos de venta a los barrios, no nos vamos a quedar cogiendo moscas. Es para arriba del problema”; señaló por su parte Marilín.

Los parqueos de los centros de trabajos estatales, cercanos a las tiendas, también “están en el ajo” de alquilar “escondites” en el horario del toque de queda. Gil Ramírez aseguró tener “conectos” con media docena de custodios que “por 3 CUC esconden a cinco personas”.

“No más de cinco personas para evitar el foco porque en Cuba si algo nunca ha faltado es la chivatería. El explote de los alquileres de casas y la escondedera en los árboles fue por la avaricia y la tumultera que el cubano hace por todo. Más de treinta personas en una casa o subidos en un árbol es más foco que un reflector de aeropuerto”; afirmó Ramírez.

Otros habaneros implicados en estos negocios sui generis, como Raquel Sarmiento, también coincidieron en que “la masividad jodió el asunto”. Fueron delatados por vecinos que sí residen a escasos metros de las tiendas y que, al bajar de sus casas “a las cinco y un minuto eran el sesenta o más en los turnos de la cola”.

“Esas mismas personas alertaron a la policía y de momento el negocio se maleó y por tanto los precios se dispararon”; relató Sarmiento, vecina del Cerro, quien además develó la existencia de la corrupción de policías y anticoleros.

El soborno a policías y anticoleros por lo general se establece por saldo telefónico, para evitar el trasiego de dinero ante centenares de persona. Según el turno en la cola y la cantidad y variedad de productos, el saldo varía entre cinco y diez cuc. A mí, por recomendar al cliente me dan una comisión de tres cuc pero en metálico”; concluyó Sarmiento.

Tomado De ADNCUBA

Por

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.