El régimen aplica chantajes, restricciones de viajes al exterior y detenciones arbitrarias (prácticamente secuestros) contra los líderes religiosos independientes de la Isla.

III Iglesia Bautista “Edén”, uno de los templos demolidos por el régimen (Foto: Facebook/Andy Nelson Martínez Barrero)

MIAMI, Estados Unidos. – Poco después del triunfo de la Revolución en 1959, el gobierno de Cuba se declaró ateo y cerró todas las instituciones de educación con orientación religiosa. 

Posteriormente, acusándolos de estar involucrados en actividades contrarrevolucionarias, expulsaron de Cuba en el barco Covadonga, con destino a España, a 136 sacerdotes católicos, entre los que figuraba el obispo Eduardo Sosa Mas Vidal, y varias decenas de monjas. 

Las confesiones protestantes no escaparon de la ofensiva antirreligiosa del régimen. A partir de noviembre de 1965 y hasta 1968, cientos de pastores y líderes evangélicos, además de Testigos de Jehová, fueron enviados a las temidas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)

Pastores que el gobierno consideró hostiles como el Rev. Manuel Sebila, Pbro. Rinaldo J. Hernández García, Rev. Joel Ajo (los tres metodistas),  Manuel E. García Aguilera (Ejército de Salvación), Rev. Luciano Morejón Milián (nazareno) y el Rev. Alberto González Muñís, (bautista), entre otros, cumplieron una condena injusta de tres años de trabajos forzados, solamente por ser cristianos. Los tildaron de homosexuales, bitongos, blandengues y aburguesados para intentar justificar la infamia que cometían contra ellos.  

Los espacios que quedaron vacíos en las iglesias protestantes fueron deliberadamente cubiertos por jóvenes “revolucionarios” formados teológicamente por pastores y profesores que se ajustaron a los dictámenes e intereses del régimen.  

Entre esos profesores se puede mencionar al rector del Seminario de Estudios Teológicos de Matanzas, Rev. Reynerio Arce Martínez (presbiteriano). Su hijo, el Rev. Reynerio Arce Valentín (también presbiteriano) actualmente es el rector del Seminario Teológico de Matanzas. Es uno de los pastores fieles al régimen. También lo son, entre otros, Ofelia Miriam Ortega Suárez (metodista), presidenta del Consejo Mundial de Iglesias para América Latina, Odén Marichal Rodríguez (episcopal) y el Rev. Raúl Suárez (bautista). Los tres son diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Como bien se puede observar hubo una buena distribución interdenominacional entre los partidarios del régimen que ubicaron en las iglesias. 

La Constitución de la República de Cuba establece la libertad de conciencia y de religión. Desde 1991 fue declarado un Estado laico y se adoptaron oficialmente las normas de derecho internacional sobre la libertad de cultos. Además, se prohíbe la discriminación por motivos religiosos. Sin embargo, el Partido Comunista, a través de su Oficina de Asuntos Religiosos, dirigida por la Dra. Caridad Diego Bello, y con la complicidad  del ministro de Justicia, Oscar Manuel Reus González, en flagrante violación de la Constitución, mantienen arbitrariamente el control sobre casi la totalidad de las actividades de las iglesias, y de las asociaciones y organizaciones religiosas del país. 

La metodología de control utilizada ahora es un poco menos chapucera que la de antes. A través de los medios de difusión masiva, primero criminalizan y satanizan a las víctimas, llegando a presentarlas como fundamentalistas y vinculadas al terrorismo, para después tener una justificación que les “permita” aplicar todo el paquete de medidas, inclusive violentas, que la Seguridad del Estado ha deparado para sus escogidos. 

Hace varios meses, Yoaxis Mancheco, esposa del Reverendo Mario Félix Lleonart Barroso, desmintió las acusaciones del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, quien insinuó la presunta implicación del matrimonio de religiosos en el ataque con arma de fuego a la Embajada de Cuba en Washington, el pasado 13 de mayo pasado.

Su fin es aterrorizar. Y de hecho, lo han logrado.

Contra los líderes religiosos independientes aplican los chantajes, las restricciones de viajes al exterior, las detenciones arbitrarias (que son prácticamente secuestros), el ostracismo y hasta la violencia física en algunos casos. 

También recurren al decomiso de equipos o de cualquier tipo de bienes, a multas sumamente altas e incluso a demoliciones de inmuebles y templos. 

En los últimos meses, las autoridades se han escudado en la pandemia del COVID-19 para desautorizar y declarar ilegales muchas casas de culto y locales en los que se oficiaban desde hacía tiempo reuniones religiosas. 

El Registro de Asociados del Ministerio de Justicia no permite la legalización de templos, casas de culto u otras. Lo que sí han hecho es ilegalizar las que ya estaban funcionando y demoler otras que con mucho esfuerzo y sacrificio, poco a poco se han podido construir.      

El pasado mes de junio fue entrevistado en la Televisión Cubana el coronel Osmani Leyva, segundo jefe de la Dirección de Establecimientos Penitenciarios, quien aseguró que los reclusos en Cuba estaban saludables, bien alimentados, que practicaban deportes y realizaban actividades de esparcimiento. Para calzar sus palabras, exhibieron un documental del Combinado del Este, donde todos los reclusos entrevistados parecían felices y contentos. Lucía más como un hotel que como una prisión de mayor rigor.

Lo que no mencionó el coronel Leyva fueron los abusos y horrores que cometen los funcionarios de Orden Interior (FOI) y los matones a su servicio, los cuales propinan golpizas y otras torturas físicas a los reclusos. 

La mayoría de las víctimas de estos abusos, además de opositores del régimen, suelen ser cristianos y Testigos de Jehová.  

Las autoridades penales, a través de mañosas medidas coercitivas, restringen los derechos de los presos a practicar libremente su religión. 

Sufrí esa experiencia cuando estuve preso. Un oficial me amenazó con denegarme la libertad condicional y abrirme una causa por proselitismo si seguía predicando el Evangelio entre los reclusos, a lo que le respondí que esa sería la causa más feliz que iba a cumplir. Milagrosa e inesperadamente, en esos días me llegó la carta de libertad después de 16 largos años de reclusión. ¿Habrá sido Dios?

Recientemente se ha acrecentado aún más el hostigamiento contra las iglesias independientes. ¿Quién mejor para dar testimonio de este hostigamiento que algunas de las víctimas?

El pastor Alain Toledano Valiente, de la Iglesia Sendas de Justicia, comenzó su labor como líder juvenil en 1999 en Santiago de Cuba. Actualmente, su ministerio pastoral está adscrito a las Asambleas de Dios, la denominación evangélica de mayor membresía en Cuba. Toledano explicó a CubaNet que las autoridades, alarmadas por el vertiginoso crecimiento de su iglesia (llegaron a congregarse hasta 1.300 asistentes) , comenzaron a citarlo y a presionarlo para que desistiera de seguir evangelizando, a lo que él se negó.

Refiere: “Después de las amenazas, las multas no se hicieron esperar. Luego de múltiples asedios y multas, quisieron captarme para que trabajara para la Seguridad del Estado. Al negarme, la escalada represiva llegó al punto del decomiso de bienes y de la propiedad del terreno que ocupaba el templo, y luego a su demolición, que ocurrió en el año 2017, cuando me encontraba en los Estados Unidos”.

El pasado 30 de octubre, Toledano fue arrestado junto a dos de los líderes de su iglesia, Adriana Laza y Félix González. Los tres habían ido a pronunciarse en contra de la demolición de una iglesia de las Asambleas de Dios, que estaba debidamente inscripta en el Registro de Asociados del Ministerio de Justicia, lo cual no importó a los esbirros para destruirla.

También al pastor Bernardo de Quesada Salomón las autoridades le destruyeron su templo de oración. 

Refiere De Quesada: “En enero de 2016, en la Iglesia Fuego y Dinámica, de Camagüey, sobre las 5:00 de la mañana, un fuerte operativo policial se presentó en la casa pastoral. Después de que rompieron la puerta percibimos que era la Policía. Arremetieron contra el lugar de oración, derribándole el techo. Posteriormente, apresaron a unos 40 feligreses que fueron a observar y a quienes acusaron de ser disidentes. Los uniformados lucían boinas rojas y negras y portaban equipos sofisticados. Mi esposa y yo, aún con la ropa de dormir, fuimos montados en dos patrullas y a mi hijo de 19 años lo esposaron”. 

De Quesada Salomón, después de ser liberado varias horas después, denunció a Radio Televisión Martí Noticias lo sucedido.

A pesar de todos estos hechos, la anteriormente mencionada reverenda metodista Ofelia Miriam Ortega Suárez, diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y presidenta del Consejo Mundial de Iglesias para América Latina y el Caribe, sostiene que gracias a la Revolución, el pueblo ha ganado en dignidad, y asegura “que en Cuba se da derecho a decir lo que pensamos y a actuar como queremos”.

¡Vergüenza dan estos pastores que sirven más al régimen que a Dios!

Tomado De CUBANET

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