Con pistolas y armas blancas, los ladrones atemorizan a los habitantes de Santiago de Cuba

‘Atacan sin cubrirse la cara’ y amenazan con emplear represalias, ‘como darte una paliza o picarte la cara’, dice un estudiante.

Santiago de Cuba. DIARIO DE CUBA

Denise Martínez teme volver a la Universidad de Oriente tras el asalto que sufrió a plena luz del día en la terminal de Calle 4, y que la convirtió en una de las víctimas de la ola de robos que irrita a los habitantes de Santiago de Cuba.

«Todo sucedió a la vista pública y nadie hizo nada», relató aún consternada por la violencia sufrida cuando intentaba abordar un camión y dirigirse hacia el municipio Segundo Frente. «Los asaltantes me pusieron un cuchillo en el cuello y me arrebataron el móvil«, dijo.

La estudiante contó que otros de sus compañeros «han vivido experiencias similares» desde finales del pasado año, «sin que la Policía detenga a los bandidos y frene los robos con pistolas y armas blancas«.

«La Policía brillaba por su ausencia, mientras que los inspectores de Transporte hicieron como Poncio Pilato, se lavaron las manos», se quejó la joven sobre la experiencia que vivió. «Solo una anciana gritó ‘¡ataja!’, y la gente, en vez de seguir a los bandoleros, cogió para el lado contrario», agregó en alusión al miedo de la población a la hora de enfrentar la delincuencia.

Charles, de cuarto año de Arquitectura y residente en Contramaestre, asegura que él y sus compañeros no dejan ir solas a las muchachas. Los ladrones «atacan sin cubrirse la cara» y amenazan con emplear represalias, «como darte una paliza o picarte la cara», dijo.

«Lo que más indigna es que los agentes (de la Policía) nunca aparecen para capturar a estos jamoneros y, cuando lo hacen, dicen que no hay pruebas para formular la denuncia y te reprenden por llevar prendas o utilizar el teléfono en terminales y paradas», denunció el estudiante.

A Raulito, trabajador del Ocio Club Santiago, le quitaron la motorina a punta de pistola y machetes. «Tres hombres me asaltaron en la Avenida de las Américas y me pusieron el arma en la cara. El que parecía el jefe me dio dos planazos en la espalda para quitarme el reloj y la cartera», relató.

Al llegar a la estación de la Policía de Micro 9, formalizó la denuncia; sin embargo, pasados tres meses el instructor le dijo que habían «archivado el caso por falta de pruebas» y que en la unidad «estaban seguros que se trataba de un autorobo».

El carterismo, los arrebatos de objetos y prendas y el robo con violencia en vivienda habitada, también son formas de delinquir que van en aumento, sin que las autoridades locales lo reconozcan y la prensa aborde el fenómeno.

En ninguno de los casos hay estadísticas oficiales disponibles, como pasa en el resto del país.

El pasado 1 de enero, el Ministerio del Interior emitió un comunicado en el que negó que la Isla estuviera viviendo un incremento exponencial de episodios violentos, robos y asesinatos; sin embargo, en Santiago de Cuba la población se queja de que operan varias bandas organizadas.

«Casi el entrar al (Hospital) Oncológico, dos hombres me tomaron por los hombros y otro, que portaba una navaja, me arrebató las cadenas y el monedero«, dijo la doctora Carolina. «El que se llevó las prendas y las tarjetas se fugó en un motor; los que ‘le hicieron la pala’ desaparecieron en un auto».  

Al otro día la doctora confirmó que le habían «vaciado» su cuenta en moneda nacional, donde guardaba 80.000 pesos. Según dedujo, los ladrones sabían lo que hacían, «porque el que sacó el dinero puso la clave en el cajero electrónico y, como llevaba gorra y gafas oscuras, no ha sido identificado».

La mayoría de los entrevistados coincide en que el nivel de operatividad de la Policía es deficiente, razón por la cual la población comienza a tomarse la justicia por sus manos o paga para recibir información o recuperar lo robado.

Otros confirmaron que evitan salir de noche, a menos que tengan una emergencia, en buena medida porque las calles están oscuras, las personas se sienten indefensas y ha resurgido la «Banda de los 300», que hace unos años radicó en Agüero y La Barca de Oro, aunque operó en todo Santiago.

A nivel de barrio, los Comités de Defensa de la Revolución casi no combaten la delincuencia, y en las zonas periféricas los ladones estudian a las posibles víctimas, organizan la forma de atracarlas y saben que el sistema de cámaras de vigilancia ciudadana apenas funciona.

En esta provincia, como en el resto del país, los móviles del robo son diversos. Algunos atacan por hambre y falta de dinero; otros por darse lujos y cubrir los gastos que imponen los precios abusivos, la inflación, la inestabilidad económica y el desabastecimiento.  

Según el sitio en Facebook El Chagoen el territorio se han multiplicado los robos, asaltos y asesinatos, y «lo peor es que no hay una solución a la vista que cambie esa tendencia».

TOMADO DE DIARIODECUBA

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