Cuba

Comprar zapatos nuevos, otra misión imposible en Cuba

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Los tenis se venden casi exclusivamente en moneda libremente convertible

Vidriera de la zapatería Sport, en la plaza Carlos III de La Habana. (14ymedio)

Sandra tiene la cara pegada a la vidriera de la zapatería Sport en la plaza Carlos III, en La Habana, donde este martes se ha formado una nutrida cola. En ella se exhiben dos pares de tenis para niño que cuestan, respectivamente, 22,50 y 22,68 en dólares y son los más baratos a la venta.

Aunque no son de marca, y fuera de Cuba se pueden considerar baratos, para un cubano no son fáciles de conseguir, pues solo se comercializan en moneda libremente convertible (MLC). Pero, al menos se trata de un modelo moderno, fácil de lavar y con el potencial de ser usado también en las clases de educación física.

El curso escolar presencial recién acaba de comenzar y los dos hijos de Sandra necesitan calzado –ella hace mucho que tampoco tiene zapatos decentes–, pero solo cuenta en su tarjeta en MLC con 30 dólares, que ha debido pagar, además, al precio de 75 por 1. Es decir, 2.250 pesos, casi el salario del mes completo. Ha pensado conseguirlos en alguna feria de artesanos, pero allí los productos también son caros y los modelos, más tradicionales.

Aunque los estudiantes cubanos deben ir vestidos de uniforme hasta el fin de la enseñanza media, las diferencias sociales y el poder adquisitivo de las familias siempre se ha expresado a través del calzado

Aunque esperaba adquirir tenis para los niños con su escaso presupuesto, la realidad es un cubo de agua fría. Esta vez, tendrá que abandonar la fila, porque no le alcanza el presupuesto, y arreglárselas con unos usados que le vende una vecina. «No queda de otra, tenemos que resolver con los de Mercedes», dice resignada. «Aunque al niño le quedan un poco grandes, a la niña le encajan como si fueran de ella».

Aunque los estudiantes cubanos deben ir vestidos de uniforme hasta el fin de la enseñanza media, las diferencias sociales y el poder adquisitivo de las familias siempre se ha expresado a través del calzado, la calidad de la mochila y el tipo de merienda que se lleva a la escuela. Ir con unos zapatos de la marca Converse, una mochila Vans y tomarse una lata de refresco de cola en el receso indican que se pertenece a una familia con recursos o se cuenta con parientes en el extranjero.

Por el contrario, aparecer el primer día de clases con los mismos tenis que el curso anterior, guardar los libros en un bolso remendado o comer un pan con aceite como merienda colocan al alumno en las clases sociales más pobres ante la mirada inquisitiva de sus colegas. De ahí que los niños y adolescentes presionen con frecuencia a sus padres para mantener esta «vitrina de estatus».

Las diferencias pueden ensancharse en los próximos meses, dado que el Ministerio de Educación ha flexibilizado el uso del uniforme escolar, debido a la falta de materias primas para confeccionarlos. Los estudiantes podrán asistir a clases con ropa convencional, una situación que podría alimentar la «pasarela de moda» en los centros docentes.

Debido a la pandemia, el marido de Sandra está «interrupto» en un limbo entre el empleo y el desempleo, cobrando solo el 60% de su salario mientras espera en casa por tiempos mejores

Debido a la pandemia, el marido de Sandra está «interrupto» en un limbo entre el empleo y el desempleo, cobrando solo el 60% de su salario mientras espera en casa por tiempos mejores. Si es difícil alimentarse y vestirse con los salarios de dos simples trabajadores, imposible imaginarlo con los de uno y medio.

Cuando el Gobierno cubano desgravó el dólar y amplió la venta en divisas para alimentación y artículos de aseo, en julio de 2020, lo hizo con la promesa de que sería una medida temporal, que el número de estos comercios sería limitado y que solo se vendería en ellos productos de «gama alta», según las palabras de Miguel Díaz-Canel.

Más de un año después, y especialmente tras la entrada en vigor de la llamada Tarea Ordenamiento, a principios de 2021, la mayoría de los principales comercios del país han pasado a la venta en MLC y en ellos se consigue de todo, desde los cigarros hasta las chancletas, pasando por el champú o una olla arrocera. La alternativa es el mercado negro, pero este tiene precios aún más exorbitantes.

«Compré lo que necesitaba para la escuela de la niña a una mujer que vende mercancía traída del exterior. Me costaron 3.000 pesos los tenis y 2.000 la mochila», cuenta a este diario otra clienta, que está aguardando fila para comprar un bolso. «Pero ya estoy tranquila al menos por unos meses».

TOMADO DE 14MEDIO

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