Comiendo desechos, mendigando y deprimidos: así viven miles de ancianos cubanos hoy

‘Los viejos y viejas de este país estamos atrapados. No somos vulnerables, somos desechos como los que estamos obligados a recoger para no morir de hambre’, dice una jubilada.

Dos ancianas buscando víveres en La Habana. DIARIO DE CUBA

Graciela es una anciana habanera que después de trabajar 30 años percibe una chequera de jubilación de apenas 1.578 pesos. En los últimos dos años su calidad de vida ha descendido drásticamente y se ha tenido que someter a disímiles privaciones para salvar el mes. Algunas de ellas atentan contra su salud, ya deteriorada por la edad y por la gravísima crisis sanitaria que atraviesa la Isla.

«Mis problemas de salud no aplican para una prescripción de dieta médica de leche, por lo que estoy obligada a conseguirla en el mercado negro, pero con los precios actuales es imposible para mí. Esto significa que automáticamente el desayuno ni siquiera está en mi lista de palabras a pronunciar«, dice Graciela, quien todas las tardes recorre puntos de venta de productos agrícolas de su barriada en busca de la merma, «ya sea un mazo de habichuelas, viandas o frutas pasadas».

«Si alguien me hubiese dicho que yo, que cuidé ancianos durante 30 años, me vería en la vejez hurgando por comida entre la basura y la pudrición, lo hubiese dado por loco o lo hubiese matado a insultos. Esta no es una situación de vida que yo provoqué o que merezca luego de tantos años de trabajo y de compromisos con el proceso revolucionario. Al menos tengo un techo, gracias a mi difunto esposo que lo obtuvo en la época de las microbrigadas, pero vivo en la total indigencia, ni siquiera ropa interior, sábanas o toallas me puedo permitir comprarme. Si una palabra describe lo que hoy siento es destrozada: el alma la tengo destrozada, y a mi edad las esperanzas son un chiste de mal gusto», añade Graciela con evidente enojo en la voz.

Para ella, la opción de adquirir dólares también es «matemáticamente imposible». Con el total de su chequera de jubilación solo podría comprar, en las estatales Casas de Cambio (Cadeca), apenas unos 13 dólares con la tarifa actual impuesta por el régimen de 123 pesos por cada dólar.

Según los estándares del Banco Mundial (BM) el umbral de pobreza se sitúa en 1,90 dólares diarios. Una cubana como Graciela tiene que vivir con 0,43 centavos de dólar al día, es decir, en la extrema pobreza. Pero una familia de tres miembros que ingrese 10.000 pesos al mes (unos 81 dólares) solo estaría ligeramente mejor: dispondría de 0,90 centavos de dólar diarios per cápita.

Los días de pago a los jubilados, en las sucursales del Banco Metropolitano se puede apreciar la desesperación, la angustia y la resignación en las miradas de los ancianos que hacen la cola. El tema común de sus conversaciones es la incertidumbre de no saber si al día siguiente seguirán subiendo los precios del pan, del azúcar, la leche o los medicamentos. Muchísimos, como Fermín Maturell, se han rendido, y si están vivos es «casi por inercia».

«He visto a par de conocidos que me encuentro todos los meses en la cola del banco buscando alimentos entre la basura de los negocios particulares o entre los deshechos del agromercado. Si no fuese por mi hija, que cada dos meses me puede enviar una tierrita, yo estaría como ellos, comiendo de la basura», señala Maturell y añade que los ancianos se llevan la peor parte «ya que no pueden buscar un empleo», por cuestiones lógicas de salud y vejez, y dependen exclusivamente de la exigua chequera o de familiares en el extranjero.

Entre noviembre de 2017 y enero de 2018, según datos estatales, la población de 50 años o más residente en la Isla era de 4.022.616 personas.

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Recientemente, el V Estudio sobre la Situación de los Derechos Sociales en Cuba, realizado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), arrojó que los tres principales sectores afectados en Cuba son los adultos mayores, las personas que no reciben remesas y los desempleados.

Ese mismo estudio recoge que más del 72% de los cubanos vive por debajo del umbral de la pobreza y solo el 14% espera que su situación personal mejore en un futuro próximo. Para el 64%, la crisis alimentaria sigue siendo el principal problema, seguida por el llamado «ordenamiento monetario» y la inflación. Más de la mitad de los cubanos entrevistados (51%) tienen problemas incluso para comprar lo más esencial para sobrevivir.

Con 75 años de edad, Margarita Carballo carga una jaba llena de ropas y zapatos viejos que, según ella, no usa desde hace más de 15 años. Con ella a cuestas, recorre barriada tras barriada —»hasta donde me permitan las piernas»—, pregonando el intercambio de su mercancía por cualquier alimento. También se ofrece a realizar cualquier servicio, pero no por dinero, sino por comida.

Jubilada por peritaje médico antes de la edad límite que el régimen establece para el servicio laboral —60 años las mujeres y 65 los hombres— su chequera es la mínima: 1.528 pesos mensuales.

«Verme en esta situación es mucho más doloroso que cualquier enfermedad. Solo me consuela, a veces, que no mendigo, sino que intercambio u ofrezco servicios como planchar, limpiar o lavar. No acepto dinero, solo comida», dice Carballo con las lágrimas atravesando sus mejillas.

Al igual que los 1.634.000 de jubilados y pensionados de la Isla, esta ex operaria de la antigua textilera Tricana, ubicada en el Cerro, recibe unos ingresos que no se corresponden con un costo de la vida, que se ha incrementado alrededor de 15 veces.

«Soy muy cobarde ante la muerte, de lo contrario no estaríamos aquí conversando, porque cuando una persona llega al punto de avergonzarse de sí misma no tiene ningún sentido seguir apostando por una existencia que te corta hasta el deseo de esperanzarse. Hay semanas en las que apenas como una comida diaria, aun cuando intento ampliar con la merma que recojo de las ferias agropecuarias».

El drama de Carballo respecto a la comida es similar al del 54% de los cubanos, que consideran su alimentación deficiente. Es decir, solo uno de cada diez cubanos considera la calidad de su alimentación y la de su familia suficiente, según los datos del V Estudio sobre la Situación de los Derechos Sociales en Cuba.

«Los cubanos nunca hemos podido vivir de nuestros salarios o jubilaciones. Son seis décadas, tiempo suficiente para entender que la Revolución se equivocó. Lo peor es que no lo reconoce [el régimen] y eso le sirve para evadir el tema o no tener la voluntad política de solucionarlo. En ese panorama estamos atrapados los viejos y viejas en este país. No somos vulnerables, somos desechos como los que estoy obligada a recoger para no morir de hambre«, dice Carballo.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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