Fidel vino del más allá a la piedra para hablar con Díaz-Canel y, cínicamente, decirle que va bien. Así lo dice el Granma, que indirectamente invita a pensar por qué no se aprovechan esas capacidades paranormales en cosas más útiles, que hagan crecer al país

Si creemos que la prensa oficialista del régimen cubano -esa gran vendedora de humo, utopías, ilusiones y tonterías- no puede sorprendernos más, estamos muy equivocados. Para demostrarlo basta con ver al Granma de este sábado, donde se nos “premia” o castiga, según queramos verlo, con un bodrio repleto de cursilería en el que la propaganda castrista enlaza el reino de los vivos con el de los muertos y pone a conversar al presidente designado, Miguel Díaz-Canel, con el extinto dictador Fidel Castro.

En una especie de remake de la conversación que Nicolás Maduro sostuvo con el también fallecido Hugo Chávez, pajarito mediante, el órgano oficial del Partido Comunista, excesivamente serio y conservador para otras cosas, sugirió que Castro I y el hombre en el que confió su hermano para suceder a la dinastía, aunque sólo formal y protocolarmente, conversaron en la intimidad del santuario rocoso de Santa Ifigenia.

Allí las cenizas del muerto se habrían hecho espíritu para que el “eterno” comandante dijera a Díaz-Canel algo similar a lo que le dijo Camilo Cienfuegos en 1959 con eso de que “vas bien”, y así tuviera fuerzas para continuar el legado y mantener un régimen cuyas promesas nunca llegan, aunque han transcurrido ya más de 61 años de las primeras.

Fue durante la tercera visita gubernamental a Santiago de Cuba que el presidente designado de Cuba “dedicó un íntimo tributo al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, dice el Granma, que expuso el “emotivo” encuentro de la siguiente manera:

“Andar tan cerca del sitio en que Fidel, hecho Sierra, permanece como hace el corazón, fijo y latiendo, en el centro del pecho ancho de Cuba que es Oriente, que es Santiago; obliga a ir a ese encuentro en que el respeto, la gratitud, la erguida frente y la mirada recta, afirman el compromiso, la certeza de ser continuidad”.

Todo un bodrio cursi y vacío, que no hace otra cosa que sepultar aún más la capacidad política e intelectual de Díaz-Canel, desgastada día tras día por su empecinamiento en ser continuidad de algo que probadamente no funciona ni para mantenerse en estándares malos.

En Cuba se va a peor, nunca a mejor, y aun así Díaz-Canel, sus jefes y aquellos pocos que se benefician de las carencias de los demás, materiales, espirituales y en lo que a derechos y libertades concierne, insisten en perpetuar lo instituido por Fidel Castro.

Por si no bastara con un párrafo, Granma hizo otros sobre ese momento lleno de mística y solemnidad, de los que suelen ser secundados por gladiolos, declamadores y aplausos estruendosos cual coro de focas amaestradas. Sólo que se está en un cementerio, y allí no hay espacio más que para el silencio y los flashes de las cámaras cuyas instantáneas pretenden seguir manteniendo hipnotizado al pueblo.

Reproducir más del contenido vale la pena, porque difícilmente habrá algo más cómico y absurdo de lo que disfrutar este día.

“Aunque haya compañía, al lugar de la roca se entra solo, ¬porque hay cosas que el silencio dice que es solo para dos, que nada más entiende el hijo, si habla el padre, y el padre solo comprende cuando el hijo le confiesa.

Así, en la íntima cercanía que provee Santa Ifigenia, altar de la Patria, acudió el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al encuentro de Fidel, al diálogo de emociones contenidas que pregunta: ¿cómo vamos?, y responde: vamos bien”.

Una clara muestra de las habilidades esotéricas de nuestros líderes, capaces de violar los límites entre la vida y la muerte para comunicarse entre sí y apoyarse mutuamente, pese a que el país se esté desplomando y los cubanos sigan malviviendo.

“Pesa un país cuando se lleva en los hombros, y bajo tales asedios que nada más Cuba sabe; pero se lleva y se vence porque no son solo sus hombros, sino los de todo un pueblo.

Tras el tributo escribió, con la brevedad de lo profundo: «El homenaje de siempre»; un siempre que no habla de cada vuelta a Santiago, sino de cada día que amanece, pensándolo y honrándolo, mientras empuja un país”, concluye el Granma su nueva joya periodística, con claras muestras de que el culto al tirano no cesará nunca, por muy jodidos que estemos.

Todo un sinsentido, pero que seguro emociona a la cúpula geriátrica y sus más acólitos seguidores. Sin embargo, tanto ellos como nosotros, en lo que a Díaz-Canel respecta, nos preguntamos si es en esas conversaciones con Fidel donde surgen ideas trascendentes como la de la limonada base de todo, la tripa y la claria para alimentar al pueblo, o las cosechas por CDR, creaciones propias de la gestión canelista, esa que es continuidad hasta de la retórica fidelista más burda y cursi.

Tomado De ADNCUBA

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