Cerveza a granel y orquestas: el ‘regalo’ para los cubanos ‘revolucionarios’ de Mayarí

El que paga manda, y el dueño de la cerveza es el que dice dónde se aglomeran las multitudes sedientas.

Venta de cerveza en Los Pinos, Mayarí, Holguín, por el Primero de Mayo. O. RAMÍREZ ÁLVAREZ DIARIO DE CUBA

El retorno de los termos de cerveza a granel y la música en vivo en la plaza cultural de la ciudad con la local orquesta Taínos de Mayarí fue la novedad y la principal motivación para que los mayariceros salieran a la calle el domingo Primero de Mayo.

Aunque con un nivel de participación notablemente inferior al de los desfiles celebrados antes de la pandemia, la «coyuntura» y la Tarea Ordenamiento, la presencia de trabajadores, estudiantes y población en general hizo evidente que el Gobierno del Partido Comunista de Cuba todavía cuentan con un significativo poder para movilizar a todos los niveles del país.

Pero para muchos eso no significa que las personas apoyen realmente al Gobierno o le tengan confianza, sino que este aún conserva los mecanismos de control social y que tienen «recursos» a mano para atraer a las masas a «su juego» de simulación política.

Rolando, trabajador de la construcción, iba camino a su casa mientras todavía los primeros grupos no habían llegado a la plaza cultural del pueblo para escuchar las arengas políticas de los discursantes.

«Apenas me cogieron la asistencia y me vieron los que tenían que verme, me escabullí. No desfilé ni un par de cuadras siquiera. Ese desfile no me interesa ni menos la cerveza aguada esa que van a vender al final. Así será la matazón. No estoy para eso», comentó.

«Vine para no marcarme y porque es mucha la presión en el trabajo: que si el lunes lo van a dar para eso, que se nos paga el día libre para desfilar, que el trabajo ese día es participar. Cosas así. Bueno, si mi trabajo hoy es venir, vengo, pero no estoy apoyando nada», añadió.

Muchos representantes del sector privado de Mayarí asistieron, pero tampoco para desfilar, sino para hacer negocios en la feria de ofertas gastronómicas y de bisuterías que acompaña estos eventos. O como espectadores, al igual que otras tantas personas, situados cerca de los termos de cerveza, para cuando la Policía autorizase acercarse a comprar estar delante en la inmensa cola.

En general, mucha gente acudió a la parte final del desfile para, luego de la parte tediosa de los discursos, gozar de la actividad cultural y la cerveza de termo, tras más de dos años de restricciones. «Casualmente», el retorno de las pipas de cerveza, tan populares, y las presentaciones de agrupaciones musicales fueron planificados para el mismo día de los trabajadores, cuando el Gobierno necesitaba llenar las calles para demostrar apoyo popular a su convocatoria.

«¡Van a tocar Los Taínos de Mayarí y luego Angelito y su Banda!», dijo un joven a un grupo que, al bajarse de un coche en la piquera, trataba de orientarse, pero cuyos integrantes parecían ignorar por completo el motivo del convite, solo preguntaban por el termo de cerveza y la música bailable: «¿ya rompieron a vender? ¡Debe estar ya copado de gente! Vamos para allá».

Con la cerveza en MLC casi inalcanzable y en la calle revendía a 220 pesos, la de pipa a 10 pesos es un regalo, aunque sirva de anzuelo político y lleve el sacrificio de una cola tremenda.

Pero a pesar del gancho y los mecanismos de comprometimiento, la gente que marchó lo hizo en grupos ralos, sin la compactación humana de otros desfiles. Predominaban las pancartas y los atributos por encima de las personas. El desfile parecía sobresaturado de accesorios, más un carnaval que una marcha sindical o política.

El Gobierno y el PCC encabezados por Miguel Díaz Canel han heredado el poder político de sus predecesores, pero no el mismo poder de convocatoria, ni la misma capacidad para generar expectativas positivas cuando el país está hundido hasta el cuello en la crisis económica, ni de culpar con eficacia al «enemigo imperialista» de todas nuestras desgracias. La gente está cada vez más cansada y desengañada.

No obstante, ser el mayor empleador del país, controlar la mayoría de los trabajadores y a todos los estudiantes, y tener el control casi absoluto de la economía y de los pocos recursos, es una gran ventaja y aún un eficiente mecanismo de control social. El que paga manda, y el dueño de la cerveza es el que dice dónde se aglomeran las multitudes sedientas.

TOMADO DE DIARIODECUBA

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